aunque monsieur Volterra nunca anuncio publicamente que yo habia intentado sabotear la actuacion de Noir, el humorista difundio la historia todo lo que pudo. El Folies Bergere ya estaba en fase de ensayos para La Folie du Jour, en el que iba a debutar Josephine Baker, una cantante estadounidense. Despues de gastarse una fortuna en mas de mil trajes diferentes y musica de Spencer Williams, no estaban dispuestos a hacer nada que pudiera disgustar a su temperamental estrella. La respuesta del director del Moulin Rouge fue la misma. Acababan de desembolsar mas de medio millon de francos para pagar a las Hermanas Dolly por un conflicto con Mistinguett y no tenian intencion de contrariar a la diva contratando a alguien que tuviera un numero que le pudiera hacer la competencia. Solamente el Adriana expreso cierto interes, pero todos sus puestos de cantantes y bailarinas estaban cubiertos para los dos anos siguientes.

Una nina con abrigo rojo patino por la gravilla enfrente de mi, provocando que las palomas se dispersaran asustadas. Se agarro las rodillas, con los ojos como platos por el asombro. Se echo a llorar en el momento en que la ninera la cogio entre sus brazos.

– ?No te he dicho ya que no te vayas corriendo tan lejos? -la regano la ninera, sacudiendole el polvo del abrigo.

Las vi doblando un recodo del camino y desapareciendo entre los arboles. El dia era soleado y el parque estaba lleno de gente paseando entre los parterres y terrazas. Todo el mundo parecia animado, feliz de que el invierno hubiera desaparecido para dar paso a una vibrante primavera. Desde el estanque se oia la risa de los ninos. Y, por encima del ruido, escuche el sonido de alguien que canturreaba.

Me mire los pies. Si no podia triunfar en el Casino de Paris, ?donde iba a hacerlo? ?Aquello queria decir que todo habia terminado? Quiza era el momento de reconocer la derrota y regresar a casa.

El hombre que cantaba se aproximo y su voz fue sonando cada vez mas fuerte. Su tono era varonil e intenso, pero cantaba desafinando.

Cuanto mas consigues,

mas quieres;

quieres mas y mas,

y luego todo se va

Me ergui y mire a mi alrededor.

– ?Que sucede? -pregunto la voz masculina-. Parece usted triste.

Mire a traves del lilo. Mi interlocutor se habia colocado de manera que las hojas del arbol le tapaban el rostro. Solo alcanzaba a ver que era alto y llevaba un abrigo de piel de camello y unos zapatos muy lustrosos. Una de sus manos descansaba sobre una de las ramas del arbol, suave y morena, como la de un indio, aunque yo sabia que no podia ser del subcontinente, porque aquella mano era demasiado grande. Ademas, la voz me resultaba familiar.

Andre Blanchard.

Extendio la mano y aparto las hojas del arbol. Aquellos ojos que siempre hacian que se me subiera la sangre a las mejillas me miraron directamente. Durante un momento olvide mis aflicciones y ni siquiera tuve que esforzarme para sonreir.

– Ya he oido los rumores -comento mientras rodeaba el arbol-. ?No consigo imaginarmela a usted tratando de sabotear la actuacion de Jacques Noir!

Profirio una carcajada tan sonora que no logre enfadarme por reirse de mis apuros.

– Creo que he perdido mi oportunidad -le confese.

No habia admitido el fracaso ante nadie mas, pero habia algo en Andre que hacia que me resultara imposible mentirle.

Su rostro se puso serio, como si hubiera leido mis pensamientos. Miro fijamente el espacio del banco que quedaba libre a mi lado.

– ?Puedo sentarme?

Asenti y se sento.

– Jacques Noir no necesita que nadie lo sabotee -me confeso-. Ya es lo bastante malo. Lo unico que sucede es que tiene buenos contactos. Esa frase, «el humorista mas adorado de todo Paris», se la ha inventado el mismo. Se le da bien la publicidad.

– Eso sera bueno para el, pero es malo para mi -comente.

Andre se froto la barbilla.

– No siempre es facil explicar por que algo tiene exito en Paris, cuando otras cosas no lo tienen -dijo-. A los cantantes se les busca por otras cosas aparte de por sus capacidades vocales. Mire por ejemplo a Camille Casal: es comprensible que sea una estrella porque es una belleza. Pero entonces ?que pasa con Frehel? ?Como puede explicarse eso?

– No se quien es Frehel.

– ?No? -me pregunto, echandose a reir-. Bueno, pues entonces tendremos que ir a verla alguna vez. Es una estropeada mujer de mediana edad que canta con una voz rota sobre prostitutas y amantes condenados a su suerte. Y Paris la adora.

Senti como si me estuvieran ardiendo las puntas de las orejas. ?Realmente Andre habia dicho: «Tendremos que ir a verla alguna vez»?

– Me quede sorprendida cuando vi actuar por primera vez a Mistinguett -comente-. Su voz es plana, se tambalea al bailar y no es especialmente hermosa.

– No -admitio-. Pero todo el mundo se la imagina a ella cuando piensan en Francia. Es tan esencial para Paris como el cafe y los croissants.

Me agache para arrancar una brizna de hierba y la hice girar entre los dedos. Andre se inclino y me imito.

– Y aqui esta usted -comento-. Usted que sabe cantar, que, puede bailar y que tambien es muy bonita. ?Y esta sin trabajo!

Me contemplo fijamente y sonrio. La quemazon que sentia en las orejas y las mejillas se me propago por todo el cuerpo.

– Si esta libre esta noche, mademoiselle Fleurier, me gustaria invitarla a cenar -me propuso.

Maxim's habia cambiado desde los gloriosos dias de la Belle Epoque, cuando los reyes de Inglaterra, Espana y Belgica recibian a las cortesanas de moda alli, como la Bella Otero y Cleo de Merode. Sin embargo, en 1925 el restaurante aun conservaba su opulencia inspirada en el art nouveau, de lineas curvadas y columnas de caoba, lujosas banquetas y estatuillas de damiselas azotadas por el viento. Mientras el maitre nos acompanaba a nuestra mesa, contemple el techo de cristal decorado con flores, frutas y hojas de limonero. El maitre me ofrecio una silla y me entrego la carta manuscrita. Mire a mi alrededor el oscuro salon iluminado por lamparas en miniatura colocadas en cada mesa y las mujeres de elegantes peinados, cuyos pendientes y collares de diamantes brillaban bajo la escasa luz. Los comensales ya no eran aristocratas, pero aun destacaban: prosperos artistas, escritores, actores, periodistas y politicos. Puede que Maxim's fuera mas respetable ahora, pero seguia siendo el tipo de sitio al que un hombre no llevaria a su esposa. Comprendi por que Andre lo habia elegido: habia una especie de discrecion y complicidad entre los clientes. Aquel era uno de los pocos lugares de Paris en el que no llamariamos la atencion.

– Tienen el mejor bistec de Paris -anuncio Andre, mirando el menu, que incluia caviar oscietre y cassoulet con ancas de rana.

Todavia no me habia recuperado de la estupefaccion de que me invitara a cenar con el y trate de disimular la timidez que sentia con un poco de charla.

– No le he visto a usted por Paris en bastante tiempo -comente-. ?Ha estado de viaje?

– He estado en Roma, Venecia y Berlin -contesto.

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