hotel al hijo de uno de sus competidores. Pero con la guerra y tal y como esta la economia alemana, tiene que aceptar a todo aquel que pueda pagar.

– Quiza se lo toma como un cumplido -replique-. La mayoria de los artistas lo ven asi cuando otra estrella se molesta en acudir a su actuacion.

Yo pensaba que el glamour del escenario no tenia equivalente en la vida real, pero cambie de opinion tan pronto como el botones abrio la puerta de mi habitacion, encendio las luces y nos hizo un gesto a Andre y a mi para que entraramos. Recorri con la mirada la linea de pilastras francesas que llegaban hasta el altisimo techo y tambien la chimenea de marmol, con los dos candelabros de onice a ambos lados. Habia un cuenco con ciruelas y un jarron de rosas de tallo largo sobre una mesilla auxiliar. El aire en la habitacion era una mezcla de aromas embriagadores combinados con el olor a ropa de cama limpia. Si mademoiselle Chanel hubiera podido embotellar aquella combinacion, habria descubierto un perfume mucho mas rentable que el Chanel N° 5. El botones abrio unas puertas dobles para revelar una cama tan suntuosa con sabanas y colchas de Rudolf Herzog que senti deseos de meterme en ella lo mas pronto posible. Coloque la cesta de Kira junto al sofa.

Andre se aproximo a la ventana y miro a traves de las cortinas.

– Desde aqui puede ver Unter den Linden y la Puerta de Brandeburgo.

– Unter den Linden es el bulevar mas famoso de Berlin -explico el botones en un frances muy preciso-. Se llama asi por los tilos de su alameda.

Coloco mis maletas cerca de un armario. Kira estiro una de sus patas a traves de las barras de su cesta y me toco el zapato. Abri el pestillo, salio de un salto y correteo por la moqueta. Olfateo la alfombra turca y los rodapies dorados, inhalo el aroma de las patas de la mesa y movio nerviosamente los bigotes por el sofa. De repente tenso el rabo y aguzo el oido. Durante un momento aterrador pense que iba a aranar el sofa, pero paso como un rayo a mi lado y a traves de las piernas de Andre en un arrebato de energia gatuna. Dio tres vueltas a toda velocidad a la habitacion antes de saltar sobre el sofa y acomodarse sobre el. Movi un dedo hacia ella y me miro como diciendo: «Esto esta mucho mejor. Es lo que habia estado deseando desde hace tiempo».

Despues de que el botones me mostrara como funcionaban los grifos del bano y donde estaban los interruptores de la luz, me deseo una agradable estancia y se encamino hacia la puerta. Andre le siguio.

– Dejare que se instale -me dijo volviendose-. Cenaremos en el restaurante del hotel para poder acostarnos pronto. Asi podremos empezar con Berlin manana temprano.

El comedor del Adlon era como un palacio veneciano decorado con un mural en el techo y candelabros de bronce en las paredes. Andre paso la palma de las manos por los brazos de su silla.

– ?Sabia que son de caoba del jarrah de Australia?

?Australia? No tenia claro donde estaba. ?Quiza en algun lugar cerca de Sudamerica?

Andre recorrio la estancia con la mirada, asimilando los detalles.

– ?Se ha dado cuenta de que no hay timbres en ninguna parte? Suelen encender luces para llamar a las camareras y asi no se molesta a los demas comensales.

Nunca habia estado en un hotel en el que se emplearan timbres y menos luces. Cuando madame Lombard queria llamarme, se colocaba junto al ascensor y gritaba, sin importarle si molestaba a los otros huespedes.

Le eche un vistazo al menu. Tenia curiosidad por probar la comida alemana, pero los platos eran franceses e ingleses: capones trufados, pescado en salsa de caviar, rosbif, perdices… Mire los ojos negros de Andre, que brillaban aun mas bajo la suave luz. «No -me dije a mi misma-, si quieres ser una verdadera estrella, tienes que comportarte de manera profesional. Tienes que centrarte». Pero ?por que me sucedia que cuando estaba con Andre mi cabeza siempre me decia una cosa y mi corazon otra totalmente diferente?

– Cuentan con una de las cocinas mas eficientes del sector -me conto Andre, senalando con la cabeza hacia las puertas-. La ayudante del chef es un genio. Sirven los mejores platos, pero nunca les sobra la comida ni se les echa a perder. Entre ella y el encargado de la despensa dirigen las existencias con precision militar.

Contemple a Andre, sin estar del todo segura de adonde queria llegar, pero no tuve que esperar demasiado para que me diera una explicacion.

– Un hotel obtiene casi las mismas ganancias de sus banquetes y restaurantes que de sus huespedes, por lo que es importante que sea eficiente. Muchos hoteles brillantes han tenido que cerrar porque registraban perdidas en la cocina.

Volvi a estudiar mi menu, preguntandome si el analisis de las caracteristicas del hotel y su administracion iba a ser el unico tema de conversacion. El entusiasmo de Andre me recordo lo jovenes que eramos ambos. En comparacion con los circunspectos huespedes de las mesas contiguas, nosotros pareciamos dos ninos que se habian escapado de casa y estaban jugando a ser mayores por un dia.

Despues de pedir la cena, llego el sumiller y le consulto a Andre que beberiamos con la comida. Cuando se marcho, Andre se volvio hacia mi y me dijo:

– Su bodega vale millones. Si uno de los chefs pide vino para los ingredientes de una comida, el sumiller le echa sal para que el personal de cocina no se lo beba.

Sabia que tenia que seguirle la corriente porque estaba haciendo mucho por ayudarme, pero me encontraba en una ciudad nueva y queria hablar sobre Berlin, sobre los escenarios, sobre que ibamos a hacer y ver. No me interesaban los aplicados procedimientos de gestion del hotel Adlon. Sin embargo, Andre me sorprendio. Senalo las copas que el sumiller estaba colocando ante nosotros. Ya me estaba imaginando que me iba a proporcionar otro dato mas sobre la bodega de vinos del Adlon o la calidad del cristal, cuando dijo:

– He pedido el champan de reserva y un vino de Burdeos que pertenecia a la bodega del kaiser. ?Vamos a celebrar nuestra primera noche en Berlin, nuestra asociacion y el principio de su nueva carrera!

Me levante a la manana siguiente cuando los primeros rayos de luz despuntaban en el cielo. Las sirvientas habian corrido los estores y las cortinas cuando prepararon la cama la noche anterior, pero no podia dormir y las habia abierto de nuevo para ver las luces de los coches que recorrian el bulevar. Mulli las almohadas y estire el brazo por detras de la cabeza, percibiendo un ligero aroma a almendras. Me olfatee la muneca. Mi piel aun conservaba el aroma del exquisito jabon del hotel.

Kira se habia hecho un ovillo en el alfeizar de la ventana y sus ojillos miraban de aqui para alla. Me pregunte que estaria observando y desenrede las piernas de entre las sabanas.

– ?Gatita tonta! -le dije, mirando hacia el bulevar, que estaba vacio excepto por un par de camiones de panaderias y bicicletas-. ?No hay nada ahi fuera!

Le pase los dedos por el lomo y dejo escapar un bostezo. La emocion de estar en Berlin me habia trastocado mi reloj interno. Aquel era el momento del dia en el que normalmente yo estaria llegando a casa, no levantandome de la cama. Me tumbe y apoye la mejilla sobre la fresca seda de la colcha. El hotel estaba en silencio. No se oian grifos abriendose y cerrandose, ni pasos en las escaleras, ni orinales vaciandose en letrinas. Este no tenia nada que ver con mi hotel del Barrio Latino. Pero para entonces ya estaba demasiado despierta como para volverme a dormir y, aunque Andre y yo habiamos cenado bien, senti un hambre devoradora.

Me sente de nuevo y hojee el menu del servicio de habitaciones. Pense que podia comer algo entonces y de nuevo con Andre mas tarde. Cogi el auricular del telefono, pero antes de que pudiera decir nada, un caballero que hablaba frances con acento aleman me deseo buenos dias y me pregunto que queria tomar de desayuno.

– Guten Morgen -le respondi, deseosa de utilizar al menos una de las frases que Andre me habia ensenado en el tren. Pedi unos panecillos con miel y

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