Movio su silla de sitio, volviendose en busca del camarero. No hubiera sabido decir si era porque yo ya le estaba aburriendo o porque le costaba trabajo mantenerse sentado.
– ?Que ha estado haciendo usted alli? -le pregunte.
– Es parte de mi formacion -me explico, tomando un sorbo de champan-. Mi padre ha adquirido hoteles en esas ciudades y me ha estado ensenando como se dirigen.
Los liquidos que contenian nuestras copas de champan y vasos de agua estaban vibrando. Mire hacia abajo y vi que era porque Andre movia insistentemente la pierna contra la pata de la mesa. Bernard solia hacer algo similar siempre que tio Gerome estaba presente y lo ponia nervioso. No habia visto a Andre inquietarse antes, ?acaso habia algo que le preocupara?
El camarero trajo los entrantes. Contemple los blinis de mi plato y me pregunte como debia comermelos. Mire a Andre, que cogio un esparrago entre los dedos y lo mojo en un cuenco de salsa. Me encogi de hombros; lo mejor que podia hacer era aventurarme y tratar de adivinarlo. Enrolle el blini cerrandolo con el tenedor y me lo comi de un bocado. El sabor almendrado del caviar me estallo en el interior de la boca. Independientemente de que aquella fuera la manera correcta de comerlos, a Andre no parecio sorprenderle.
– ?Se parece mucho usted a su padre? -le pregunte.
Tendria que haber sido capaz de contestar a aquella pregunta por intuicion sin necesidad de hacersela. Desde que conocia a Andre, habia leido todo lo que podia encontrar en los periodicos sobre la familia Blanchard. En sus acuerdos comerciales, siempre se retrataba a monsieur Blanchard como una persona de caracter imponente, con la suficiente confianza como, por ejemplo, para aplastar a los huelguistas que reclamaban una subida de sueldo y utilizar inmigrantes extranjeros como mano de obra enfrentandose sin tapujos a la opinion publica. Andre, por lo que habia leido de el, era ambicioso, pero tambien amable y justo.
Nego con la cabeza.
– Somos personas muy diferentes. Yo apuesto por los cambios, mientras que mi padre los abomina. Vive su vida como un reloj suizo, desaparece en su despacho precisamente a la misma hora del dia, toma sus comidas con la misma exactitud y se va a la cama puntualmente doce minutos pasada la medianoche. Cuando estaban recien casados, mi madre cometio el error de hacer la limpieza en su despacho. No creo que la haya perdonado todavia por aquello.
No estaba segura de si echarme a reir o sentir compasion. Andre sonreia, pero algo en sus ojos me decia que el comportamiento exigente de su padre no era tan comico como el lo pintaba.
– Mi padre tiene la teoria de que el dinero que ganan la primera y la segunda generacion lo despilfarran la tercera y la cuarta -continuo-. Y esta decidido a que yo no siga esa tendencia. Me ha advertido que puedo divertirme todo lo que quiera y que puedo desarrollar mis cualidades empresariales en el negocio que me apetezca hasta que cumpla treinta anos. Entonces, tendre que casarme y hacerme cargo del negocio familiar.
– Debe de sentirse bajo mucha presion -comente, empezando a entender la fascinacion de Andre por el teatro de variedades.
La vida era bella sobre el escenario e impredecible fuera de el. Hacer exactamente lo mismo todos los dias porque fuera lo que uno habia hecho durante toda su existencia no cuadraba precisamente en mi ideal de vida.
– Todavia tengo mas de una decada por delante -me dijo Andre, volviendo a su tono jovial-. Solo tengo diecinueve anos. Me gusta mucho mas la gente que las maquinas. Voy a demostrarle a mi padre que lo que el considera aficiones son cosas de las que puedo obtener beneficio economico. No voy a derrochar la fortuna de mi familia, pero estoy decidido a vivir de manera diferente a la suya.
– Tengo la sensacion de que tendra usted exito -le confese.
Mis palabras eran sinceras, pero trate de ocultar mi sorpresa al saber su edad. ?Asi que tenia diecinueve anos? Solo era un par de anos mayor que yo, pero parecia tener mucho mas mundo. Quiza asi es como eran los ricos, por la falta de inseguridad en sus vidas.
Algo a mis espaldas llamo la atencion de Andre.
– He aqui algo que debe usted ver -me anuncio.
Me volvi para contemplar a una mujer negra de pie a la entrada del salon principal. Tenia unos ojos expresivos y una brillante melena con un peinado tipo casco. Supe inmediatamente de quien se trataba, habia visto carteles con su rostro por todas partes. Era Josephine Baker. Permanecio inmovil hasta que, una tras otra, todas las mesas se quedaron en silencio y las miradas de todos se volvieron hacia ella. Entonces, tiro al suelo el abrigo de chinchilla que llevaba puesto -obligando a la chica del guardarropa a acercarse gateando a recogerlo- para mostrar un vestido escarlata con un escote que le llegaba hasta la cintura.
Mientras el
Aunque no estaba bien visto interrumpir a la gente mientras cenaba, nadie se sintio ofendido por su comportamiento. Los rostros se iluminaban con generosas sonrisas a medida que la diva pasaba a su lado. Toda la atmosfera del salon se transformo por completo. En lugar de los apagados susurros del principio de la noche, las conversaciones se animaron y las risas resonaron desde las cuatro esquinas de la estancia.
– ?Ha visto usted eso? -murmuro Andre, con un brillo divertido encendiendole la mirada-. No tiene ni la mitad de talento que usted, pero sabe como representar el papel de estrella.
– ?La cualidad de comportarse como una estrella es algo que la gente tiene porque si? ?Nacen con ello? -le pregunte.
Andre nego con la cabeza.
– No sugeriria usted tal cosa si la hubiera visto antes. Ha aprendido lo que sabe observando a otros hacerlo y le ha anadido su propio toque personal.
– Y yo no lo he aprendido -replique-. Eso es lo que usted esta intentando decirme.
Andre se inclino hacia delante.
– Lo que estoy tratando de decirle es que si lo cultiva, lograra ser usted maravillosa. Deberia tomarse como un cumplido lo que Jacques Noir le ha hecho. Si pensara que era una don nadie, ni siquiera se habria molestado en desembarazarse de usted. Le ha hecho sentirse amenazado.
Baje la mirada hacia el plato.
– ?Y como lograre cultivarlo?
Andre alargo el brazo por encima de la mesa y me quito con el pulgar una mota de caviar que se me habia quedado en la barbilla.
– Yo podria ayudarla -me dijo.
Agarre con fuerza la servilleta que tenia sobre el regazo y la enrolle hasta formar una bola. Me ardia la piel donde el me habia rozado. Habia pensado en Andre lo suficiente como para saber que me gustaba. El era el sueno de cualquier artista: guapo, joven, rico y dispuesto a ayudarme en mi carrera. Y sin embargo yo sentia claramente los pies sobre la tierra, como si estuvieran tirando bruscamente de mi unos frenos imaginarios. No queria ser una mas de una sucesion de chicas colgadas de su brazo. Me imagine a Camille, cogiendome de los hombros y zarandeandome: «?Y que es lo que esperas, Simone? ?Amor?».
– Rivarola y yo no eramos amantes -le confese.
Me quede sorprendida por el tono de mi propia voz. La frialdad con la que pronuncie aquellas palabras dejo claro su significado. Levante la mirada para encontrarme con la de Andre. Si se sentia decepcionado, se recupero rapidamente.
