mermelada. Kira salto del alfeizar hasta mi regazo-. Y unos arenques con un platillo de leche -anadi.

Me estaba secando el pelo cuando el camarero llego a la puerta con un carrito. Mientras ponia la mesa para el desayuno, Kira levanto la naricilla en el aire y se coloco lo mas cerca que pudo de la mesa, deslizando su trasero por el alfeizar. Cuando llego lo suficientemente cerca, se preparo para saltar sacudiendo el rabo. La cogi en mitad del intento.

– Dartke sebon -le dije al camarero, meciendo a Kira entre mis brazos.

– No hay de que, mademoiselle -respondio, mirando de reojo a la frustrada gatita-. Buen provecho.

Me comi los panecillos y mire el reloj. Solo eran las siete de la manana. Abri la puerta de mi habitacion y mire hacia el pasillo. A Andre le habian limpiado los zapatos y se los habian colocado junto a la puerta de su cuarto. No se veia luz por la jamba, por lo que supuse que seguia durmiendo. Regrese a mi habitacion y me puse los zapatos. Kira habia terminado de comerse los arenques y se habia tumbado en el sofa, lamiendose las patas.

– Me voy a dar un paseo -le dije-. Si encuentro algo bonito, te lo traere.

Pase por el comedor, donde los camareros se afanaban en preparar los platos y la cuberteria para el desayuno. El aroma del cafe recien hecho se mezclaba con el dulce olor a mantequilla fundida y a tostadas calientes. Aquella combinacion tenia un efecto tan estimulante que me senti como si estuviera caminando de puntillas.

– Guten Morgen -me saludo el portero cuando llegue a la entrada principal-. ?Le pido un taxi?

Negue con la cabeza.

– No, gracias. Me voy a dar un paseo.

Arqueo las cejas, pero despues asintio y sonrio.

– Va a ver la Puerta de Brandeburgo, ja? Si aguarda hasta despues del desayuno, el guia del hotel o madame Adlon pueden acompanarla.

Tenia mucho interes en explorar la calle por mi cuenta y no me atraia ninguna de las dos opciones: ni la incomodidad de que me acompanara la esposa de herr Adlon ni un guia. Se lo agradeci y sali por la puerta. ?Acaso era una cosa tan poco habitual que los huespedes del Adlon se dieran un paseo por la manana temprano?

El ambiente estaba limpio y fresco. Hacia mucho tiempo que no olia el aire de las primeras horas de la manana. Cuando trataba de aspirarlo de vuelta a casa en Paris, tenia la nariz demasiado tapada por el humo del tabaco y el polvo del camerino como para percibirlo.

Tan pronto como puse un pie en Unter den Linden, me di cuenta de que Berlin no podia confundirse en absoluto con Paris. Aunque algunos de los edificios provenian de epocas similares, los de Paris, con sus enrejados y tejados curvilineos, parecian haber sido disenados para el deleite estetico, mientras que sus analogos berlineses, con sus angulos rectos, estatuas prusianas y cupulas, parecian haber sido construidos para resultar imponentes. Pase por delante de la embajada britanica y de tiendas que vendian cajas de musica pintadas a mano y marcos de cuadros adornados con filigranas. Lei los carteles de las tiendas, tratando de adivinar lo que significaban las palabras que figuraban en ellos. Sin embargo, Bank y Schuhladen eran las dos unicas de las que estaba segura. Bank porque sonaba similar a la palabra en frances y Schuhladen porque los unicos objetos en exposicion en el escaparate eran zapatos. Me pare a admirar la mercancia expuesta en el escaparate de una tienda para caballeros: abrecartas de jade, estuches para lapices de zapa, carteras de cuero e incluso un reloj de cuco.

– Laden, Laden, Laden -repeti el termino aleman para «tienda», tratando de memorizarlo.

Que mi educacion hubiera sido esporadica era ya mucho decir, pero me encantaba aprender idiomas. Mi ingles habia progresado, casi por osmosis mas que por haber hecho un esfuerzo consciente, gracias a Eugene y la clientela del Cafe des Singes. De Rivarola habia aprendido bastante mas que unas meras nociones de espanol, aunque la mayor parte era para expresar disgusto. Sin embargo, el aleman era tan diferente al frances -tan preciso, tan definido, con esas palabras tan imposiblemente largas- que me propuse aprender todo lo que pudiera mientras estuviera en Berlin.

Continue caminando por el bulevar hasta la Pariser Platz y la Puerta de Brandeburgo, parandome para admirar las enormes columnas de la puerta, que segun habia leido se habian construido para evocar la Acropolis de Atenas. Levante la mirada hacia la estatua de bronce de la diosa de la paz dirigiendo un carro tirado por cuatro caballos. Habia poca gente paseando por la Platz: una mujer que empujaba una carretilla; un joven sentado en un banco que estaba dibujando la puerta en un cuaderno; y una pareja de soldados de uniforme. Procure no mirarles fijamente cuando pase a su lado, pues ambos iban en silla de ruedas, con las perneras de los pantalones abotonadas a la altura de los muslos. Uno de ellos tambien habia perdido un brazo y utilizaba una pinza metalica para manejar la silla.

Cruce la Platz y me encontre frente a la embajada francesa, cuya bandera roja, blanca y azul ondeaba por la brisa. Recorde las terribles heridas de mi padre y la lapida de piedra de nuestra aldea que conmemoraba a los caidos en la guerra. «?De que sirvio todo aquello? -me pregunte-. ?Que habia conseguido aquella Gran Guerra?».

Le quite importancia a la repentina melancolia que me habia invadido y continue mi paseo hacia el lado opuesto de Unter den Linden. Habia mas tiendas que vendian objetos de lujo alemanes y algunos comercios de alimentacion cuyos tenderos estaban levantando las persianas. Doble una esquina y me encontre frente a una jugueteria cuyo escaparate era un festin para la vista: ositos de peluche, casas de pan de jengibre, edificios de juguete pintados a mano, munecas ataviadas con el traje tipico bavaro que abrian y cerraban los ojos… Habia una cesta llena de pelotas de colores brillantes junto a la puerta. Consulte el horario de apertura y decidi volver mas tarde y comprarle unas a Kira. Madame Ducroix me habia dicho que los azules rusos se entretenian muy bien solos, pero pense que ahora que Kira era una viajera internacional de primera clase alojada en el Adlon, habia llegado el momento de que jugara con algo mas sofisticado que periodicos viejos y madejas de lana.

Algo me agarro del brazo. Mire hacia abajo y pegue un salto del susto. Un rostro me miraba fijamente, pero aun tarde un momento en percatarme de que la criatura que me estaba tocando era una nina. Tenia unos ojos protuberantes que sobresalian como los de una rana bajo una frente hinchada. El resto de su cuerpecillo parecia un monton de pellejo y huesos. Unas debiles piernecillas asomaban por debajo del harapo que llevaba de vestido. Deslizo su mano dentro de la mia.

Mire arriba y abajo hacia la calle para ver de donde habia surgido. No tarde en averiguarlo: habia una mujer tumbada en el umbral de una puerta al otro lado de la calle, entre dos tiendas cerradas con tablones. La mujer sostenia contra su pecho a otro nino, miserablemente envuelto en andrajos. Habia contemplado la pobreza anteriormente, pero la suya era la mas terrible que habia visto en toda mi vida. No solo eran pobres, sino que se estaban muriendo de hambre. No llevaba encima demasiados marcos porque no pense que fuera a haber nada abierto, pero estaba decidida a darles todo lo que tuviera.

Abri el bolso y rebusque mi monedero, pero en el instante en que lo encontre mas miradas recayeron sobre mi.

Dos jovenes surgieron del portal donde la mujer estaba tendida. Uno de ellos le paso por encima como si no fuera mas que un saco de harina y se quedo mirandome con las manos en las caderas. Una sonrisa maliciosa se le dibujo en mitad del rostro como una cicatriz sobre la piel. «Si le doy dinero a la mujer -pense- simplemente se lo quitara». Habia visto a demasiados chulos como esos en Montmartre como para saber como funcionaban aquellos tipos.

– Volvere -le dije a la nina-. Volvere con comida. Esperame.

Sacudio la cabeza y se agarro a mi falda, rogandome con la mirada que me quedara.

– Volvere -insisti, soltandome de sus deditos con delicadeza. Por la

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