expresion desesperada que se pinto en su cara, supe que no lo habia comprendido.
Ignorando a los dos jovenes, corri calle abajo y entre de nuevo en Unter den Linden. Trate de recordar como de lejos estaba la panaderia con la que me habia cruzado cuando habia paseado antes por alli.
Encontre la panaderia y me apresure a entrar. Habia dos dientas antes que yo, pero cuando me vieron senalando como una loca al pan y vaciando mi monedero en el mostrador ambas mujeres se apartaron, con la esperanza de que cuanto antes despachara el panadero a la loca extranjera, antes se marcharia. Habia oido que el pan aleman era nutritivo, y que incluso podia sustituir a la verdura durante el invierno, asi que senale todos los tipos disponibles -blanco, negro y de centeno- y me marche de la tienda con los brazos cargados de hogazas de pan.
Corri de vuelta por Unter den Linden hasta la calle donde estaba la jugueteria. En el portal donde la madre yacia tumbada no habia nadie. Mire por toda la calle, pero no pude localizar a la nina por ninguna parte. «No pueden haber ido muy lejos -pense-, no en esas condiciones».
Senti la tentacion de llamarla en alto, pero temia que solamente lograria atraer la atencion de los dos jovenes de antes. Anduve arriba y abajo por la calle en ambas direcciones, despues coloque el pan en el portal en el que la mujer habia estado antes y me pase la mano por el rostro. No podia quitarme de la mente la expresion torturada de la cria. Debia de haber pensado que yo estaba huyendo de ella.
Deje el pan en el portal, aunque no sabia quien se iba a beneficiar de el, aparte de los ratones. Pense en los panecillos que habia pedido de desayuno esa manana y en los trozos que me habia dejado sin acabar en el plato, y me senti culpable. Me volvi para recorrer de nuevo la calle y me encontre cara a cara con uno de los dos jovenes, el de la sonrisa maliciosa. De cerca, tenia un aspecto aun peor. El blanco de sus ojos era vidrioso, como el de un cadaver, y apestaba a tabaco y a sudor. Antes de que pudiera moverme, me agarro del brazo.
No espero a oir mi contestacion para escupirme en la cara. El salivazo me ardio sobre la piel como si fuera acido y fue suficiente como para ponerme en accion. Le empuje y corri por la calle. Me habia cruzado con un policia de vuelta de la panaderia. No podia haberse alejado mucho, por si necesitaba gritar para que viniera en mi ayuda.
Sin embargo, el joven no siguio persiguiendome hacia Unter den Linden. Se detuvo en la esquina y comenzo a cantar algo que sonaba como una cancion belica:
Yo todavia corria, pero todo se ralentizo como si fuera a camara lenta. «?Que esta cantando?», pense. Era mas joven que yo, no podia haber ido a la guerra. Alcance la siguiente esquina y me volvi para comprobar si me estaba siguiendo. El joven grito en frances para que yo lo entendiera:
– ?Derrotaremos a Francia! ?Acabaremos con ella! ?Francia dejara de existir! ?Y con ella, los franceses! ?Escupiremos sobre sus cenizas como si fuera una puta barata!
Capitulo 17
Andre, vestido con camisa y pantalones y una bata que le cubria la parte superior, abrio la puerta de su habitacion y me dedico una radiante sonrisa.
Habiamos abandonado el formalismo de llamarnos «monsieur» y «mademoiselle» la noche anterior; ya nos sentiamos lo bastante comodos juntos como para tutearnos.
Antes de que pudiera contestarle, recogio los zapatos del umbral de la puerta, me coloco la mano en el hombro y me condujo hacia el interior de su habitacion.
– Acabo de terminar de afeitarme -explico, apartando los periodicos de la manana del sofa e indicandome que tomara asiento-. No esperaba que estuvieras despierta a estas horas.
Dejo los zapatos en el suelo y miro a su alrededor en busca de la chaqueta y la corbata, que encontro colgando de un galan de noche cerca del armario en el dormitorio. Regreso a la sala de estar y dejo las prendas sobre el respaldo de una silla.
– Pensaba que tendria toda la manana para ponerme al dia con las noticias y escribir algunas cartas. ?Me equivocaba al pensar que la gente del mundo del espectaculo nunca sale de la cama antes del mediodia?
Como no le conteste, me observo con mas detenimiento. Yo note que las lagrimas estaban a punto de aflorar a mis ojos. Esto no era lo que habia planeado. Antes de llamar a su puerta, me habia lavado la cara y me habia cambiado de vestido. Pero toda la valentia que me disponia a simular no pudo retener el dolor de corazon que me habia causado la imagen de la famelica nina y su familia.
– ?Que sucede? -me pregunto Andre.
Una calida lagrima me cayo por la mejilla. Trate de hablar pero lo unico que salio de mi garganta fue un sonido aspero.
– ?Simone! -exclamo, y se apresuro a acercarse a mi.
Se sento a mi lado en el sofa. Antes de tener conciencia de mis acciones, apoye la cabeza contra su pecho. Podia oler el aroma a limon de su camisa y sentir la calidez de su piel debajo de la tela. Hasta que le conte el incidente de la nina hambrienta y su familia, no me percate de que me habia pasado el brazo alrededor del cuerpo.
– ?Que horror! -comento, cinendome la cintura un poco mas con el brazo-. Si hay algo de lo que podamos estar agradecidos es de que no haya tantos ninos hambrientos en Berlin como antes.
Le mire fijamente.
– Francia mantuvo el bloqueo contra Alemania durante meses despues de que se firmara el armisticio y cientos de miles de personas murieron de frio y de hambre. Han pasado siete anos desde la guerra, pero en muchos aspectos Alemania todavia esta sumida en el caos.
Me estremeci. Ver a una nina atormentada habia sido suficiente para mi, no podia pensar en miles mas. Andre aparto el brazo de mi cintura y cogio sus zapatos. Le contemple mientras tiraba de las lenguetas antes de meter los pies en ellos y atarse los cordones. ?En que habia estado pensando para dejarle cogerme de esa manera?
– Voy abajo a hablar con el gerente -anuncio Andre-. El portero no deberia haberte dejado salir sola. Podria haberte sucedido algo terrible.
– No, por favor, no lo hagas -le rogue, pasandome el dorso de la mano por los ojos-. No es culpa del portero. Me sugirio que me llevara a un guia.
– ?Que te llevaras a un guia? -repitio Andre-. Lo que tendria que haber hecho era advertirte.
– ?Advertirme el que?
Andre no contesto. Se habia quedado demacrado, ya no lucia en su rostro la expresion feliz con la que me habia saludado en la puerta. Me hubiera gustado no haber dicho nada y
