objeciones a que seas el hijo de uno de sus competidores, pero no tiene nada en contra de que seas frances.

Andre encendio un cigarrillo, el unico que se fumaba durante el dia, y se tomo un momento antes de responder:

– Los negocios son los negocios entre hombres como Adlon y mi padre, independientemente de su nacionalidad -dijo-. Las madres alemanas quieren ver a sus hijos morir tan poco como las francesas. La Sorbona invita a intelectuales alemanes a dar charlas alli y los directores alemanes emplean a actrices francesas como protagonistas de sus obras. No es de esa gente de donde surge la guerra y, sin embargo, cuando las ruedas belicas empiezan a girar, muchos de ellos se unen a la causa.

Volvimos la cabeza para seguir con la mirada la trayectoria zigzagueante de una pareja que iba montada en un tandem. Justo cuando parecia que habian tomado el camino adecuado, perdieron el equilibrio y se cayeron sobre un seto.

– Los politicos franceses son imbeciles -declaro Andre, sacudiendo la ceniza de su cigarrillo sobre un cenicero-. Estan mas preocupados por tener entrada para los Ballets Russes y por donde colocar sus muebles de estilo directoire que por la economia y la politica internacional. Y, a fin de cuentas, por lo unico por lo que se preocupan es por su popularidad. A veces pienso que hay fuerzas oscuras en Alemania que podrian matar a su propia gente si eso beneficiara a sus propositos.

No habia oido nunca a nadie decir cosas como las que Andre me estaba contando.

– ?A que te refieres? -le pregunte.

– Mi padre dice que la inflacion nunca fue tan mala en Francia como en Alemania, mas por un golpe de suerte que por una buena gestion, pero mi tio no esta de acuerdo. El dice que lo que sucedio con la economia alemana fue algo mas que un caos de posguerra. Que esto se lo hicieron ellos mismos.

– ?Y por que harian tal cosa?

– Porque era una buena propaganda. La prensa alemana declaro a los cuatro vientos que los pagos compensatorios que Francia exigia eran la unica causa de sus problemas. Claramente, que el dinero salga de un pais no ayuda en nada a una economia debil. Pero, a pesar de los niveles de inflacion, cuando una hogaza de pan llego a costar doscientos mil millones de marcos, el gobierno continuo imprimiendo mas dinero. ?Y por que harian tal cosa? ?Por ignorancia economica? -Andre nego con la cabeza-. Cuando estabilizaron el marco tres anos mas tarde, el problema se resolvio de la noche a la manana. Lo estaban haciendo para librarse de los pagos compensatorios. Francia no podia absorber nada de una economia que estaba seca.

Me quede totalmente desconcertada.

– Si no hubiera habido tanta gente sufriendo a causa de esa tactica, yo diria que era una estrategia inteligente. Pero si el gobierno aleman tampoco estaba tratando de ayudar a su gente, ?para que queria el dinero?

Andre fruncio los labios y nego con la cabeza. Me toco el brazo.

– Vamos, Simone, esta es una conversacion muy pesimista. Esa no es la razon por la que tu y yo hemos venido a Berlin. Y ?quien sabe? Quiza las cosas mejoren. Especialmente si hombres como con el que nos vamos a encontrar esta tarde tienen la posibilidad de dirigir el pais.

– ?A quien vamos a ver?

– Al conde Harry Kessler. Es un aleman nacido en Francia, de padre aleman suizo y madre irlandesa. Fue educado en Inglaterra y ocupo el cargo de embajador aleman en Polonia. Es editor y el mismo escribe, pero lo que mas le gusta en este mundo son los artistas. Y cuando te conozca, ?pensara que todos sus deseos se han hecho realidad!

No conocia lo suficiente Berlin como para saber que el Romanische Cafe era el lugar de reunion de la elite literaria y cultural de la ciudad, pero sabia lo suficiente sobre cafes como para quedarme impresionada con el tamano de aquel. Su aforo era para mil plazas sentadas y tenia mas bien el tamano de una sala de baile que de un cafe. Un portero que estaba de pie junto a la puerta giratoria nos dio la bienvenida. No pude evitar fijarme en la etiqueta de su nombre: Nietz. Me sonaba como la palabra inglesa para limpio, neat, lo cual me hizo gracia porque aquella palabra lo resumia todo en el, desde sus lustrosisimas botas hasta su barba cuidadosamente afeitada.

Ardia en deseos de conocer al conde Kessler despues de que Andre lo hubiera definido como «el hombre con los mejores contactos de Alemania» y me hubiera contado que era amigo de todo el mundo, desde Max Reinhardt hasta Einstein. Reconoci al conde sin que nadie me dijera quien era. Estaba sentado en una mesa reservada a los clientes habituales y era exactamente como me lo habia imaginado, incluso iba mas alla: un hombre elegante de cincuenta y muchos, de dedos afilados, mirada apreciativa y una sonrisa leve pero amable.

Desde el momento en el que el conde se puso en pie, nos saludo en un elegante frances y nos dimos un efusivo aunque formal apreton de manos, me quede fascinada con el. Sus contradicciones resultaban muy interesantes. Era como si se hubiera llevado lo mejor de todas las culturas a las que habia estado expuesto: la precision de los alemanes y los suizos, el tacto britanico, el encanto y la chispa franceses y la animada sencillez irlandesa. Era un hombre verdaderamente cosmopolita.

– Me he tomado la libertad de pedir tarta de fresa para todos. Les prometo que esta muy buena -anuncio el conde, sonriendome abiertamente.

Su piel tenia una tonalidad cetrina alrededor de los ojos, cosa que sugeria que no gozaba de buena salud, pero su rostro estaba alerta y sus movimientos eran tan energicos que perfectamente podria haber tenido la misma edad que yo y no cuarenta anos mas.

El conde me observo detenidamente, asimilandome.

– Andre me ha dicho que es usted una cantante y bailarina de mucho talento.

Mire de reojo a Andre. Al principio, senti la tentacion de negarlo, al menos para demostrar modestia. Pero luego pense: «?Por que debo negarlo?». Eso era lo que queria ser y Andre estaba decidido a hacerlo realidad.

– ?Estoy segura de que llegare a serlo, sobre todo si Andre se implica en el proceso! -le respondi.

– Simone ha alcanzado una especie de tope en su carrera en Paris -le explico Andre-. Pero lo que es sorprendente es lo lejos que llego antes de que eso sucediera. Nunca ha recibido una formacion adecuada. Confio en que si se expone a diferentes estilos y a una ciudad distinta volvera a Paris transformada.

– Aqui en Berlin hay profesores excepcionales -nos conto el conde-. Puedo escribirles cartas de presentacion, si lo desean.

Andre y yo aceptamos con entusiasmo su propuesta.

El conde asintio.

– Berlin es distinto a Paris, mademoiselle Fleurier -me dijo-. Me puedo imaginar que los franceses estarian entusiasmados no solo por su talento, sino tambien por su vitalidad. Podria haber adivinado que era usted francesa desde el momento en el que entro por la puerta, por el brillo de sus ojos y la manera en la que vibra su cuerpo, como si cada nueva experiencia vital fuera una tarta de fresa que le estuviera haciendo la boca agua. Los alemanes son mas cinicos. Pero, al mismo tiempo, creo que si uno se expone a diferentes culturas, logra profundizar en su propia personalidad y eso solamente puede contribuir al desarrollo de una artista como usted.

– Acabo de llegar a Berlin y ya siento que eso me esta sucediendo -le confese, enormemente satisfecha por que me hubiera llamado «artista». Creia firmemente que lo que me habia dicho era cierto. Habia nacido en Pays de Sault, pero ahora tambien tenia en mi algo de Marsella y de Paris-. Quiza Berlin lograra mejorar mi concentracion y disciplina -comente.

El conde se inclino hacia mi.

– Hay ciertas cosas de Berlin que quiza la escandalicen -me advirtio-. En el cabare parisino, las canciones tratan sobre desenganos amorosos y pobreza. En Berlin, los cabares son mucho mas politicos… y, con frecuencia, tambien son mas nihilistas. El sexo y la muerte son dos obsesiones

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