ganarmela.
– La suite es calida y soleada. Y las puertas se cierran firmemente, asi
Estaba comportandome como una novia tratando de ganarse la aprobacion de su futura suegra.
– Estoy segura de que la cuidara usted bien -afirmo madame Ducroix, sentandose en una silla que le ofreci-. Percibo esas cosas, y
Madame Ducroix adquirio una expresion abatida y yo desee preguntarle a que se referia. Pero entonces volvio a alegrarse y comenzo a servir el te y el pastel, aunque fuera ella la invitada. A pesar de mis dudas del dia anterior, acabe por decidir que las intenciones de madame Ducroix eran honradas. Me pregunto sobre la vida en los escenarios, pero solo me proporciono sucintas respuestas a las preguntas que yo le hice. Lo maximo que pude deducir de ella fue que era viuda, que vivia cerca del parque y que uno de sus abuelos era ruso. Despues de aproximadamente una hora, se levanto, acaricio a
Estuve a punto de bromear y decirle que esperaba que la gatita hablara frances aparte de ruso, pero me contuve cuando vi lagrimas en sus ojos.
– Esto es para usted -le dije, dandole los quinientos francos que habiamos acordado.
Madame Ducroix empujo el dinero hacia mi.
– No -respondio, negando con la cabeza-. Eso era una prueba.
Tengo que saber si la gente que se lleva a mis gatitos realmente los quiere. Cualquiera que este dispuesto a pagar quinientos francos por un gato comprende su valor real.
Acompane a madame Ducroix a la entrada del hotel y le pare un taxi.
– Me gustaria mucho que viniera a visitar a
El rostro de madame Ducroix se ilumino.
– ?Visitarme usted a mi? Me encantaria. Por favor, tome mi direccion -me respondio, entregandome su tarjeta.
El taxista la ayudo a entrar en el vehiculo y madame Ducroix me dijo adios con la mano antes de que el coche arrancara. Parecia tan contenta como un nino que empieza las vacaciones de verano.
Unas semanas mas tarde, al no tener noticias de madame Ducroix, decidi hacerle una visita. Su apartamento estaba en la Rue Rembrandt. No habia conserje en la porteria, asi que subi las escaleras por mi cuenta. Llame al timbre del apartamento de madame Ducroix, pero nadie contesto. Suponia que tenia una sirvienta, asi que espere un momento antes de intentarlo otra vez. Cuando estaba a punto de marcharme, se abrio la puerta del otro lado del descansillo y miro hacia fuera una mujer muy elegante que llevaba un vestido color crema.
– ?Puedo ayudarla en algo? -me pregunto.
– Estoy buscando a madame Ducroix -le dije-. Pero no parece estar en casa.
Una expresion de sorpresa paso por el rostro de la mujer, que me anuncio:
– Pero mademoiselle, madame Ducroix fallecio la semana pasada. Su apartamento se ha puesto en alquiler.
Me agarre con fuerza a la barandilla. No me habia esperado una cosa asi. Madame Ducroix me habia parecido fragil, pero estaba tan animada la ultima vez que nos habiamos visto…
La mujer salio al descansillo, dejando la puerta de su apartamento abierta.
– Lo lamento, mademoiselle. Le he producido una conmocion. ?Quiere usted pasar un momento? ?Eran ustedes parientes?
Negue con la cabeza.
– No -respondi-. Me dio uno de sus gatitos y venia a contarle lo bien que esta.
La mujer asintio. Estaba a punto de encaminarme escaleras abajo de nuevo cuando en el ultimo momento se me ocurrio una idea y me volvi para preguntarle:
– ?Sabe si madame Ducroix encontro hogares para todos sus gatos?
Una sonrisa aparecio en el rostro de la mujer y senalo a sus pies. Apoyados a cada lado de ella, habia dos gatos adultos, uno mas grande y otro mas pequeno. Por su porte majestuoso y sus vividos ojos, supe que tenian que ser los padres de
– Oh, puede estar segura de eso -me contesto-. Madame Ducroix no estuvo lista para marcharse hasta que no encontro hogares para todos ellos.
Estaba recordando todas aquellas cosas cuando monsieur Etienne llamo a la puerta. Me dio tal sobresalto que pegue un brinco y envie a
Capitulo 16
Paris estaba especialmente bonito en primavera, pero incluso en los Jardines de Luxemburgo, con sus castanos repletos de ramilletes de florecillas blancas y los parterres rebosantes de lirios, anemonas y tulipanes, todo el esplendor de la estacion me resultaba indiferente. No tenia trabajo ni suerte.
Me sente en un banco bajo las ramas de un lilo de flores tempranas, sin apenas percibir el perfume almibarado procedente de sus florecillas purpura que me envolvia. Lo que habia sucedido con Jacques Noir en el Casino de Paris habia sido un desastre. Aunque monsieur Volterra habia dejado claro que creia mi version de los hechos, tambien habia insistido en su decision de despedirme, porque, si no lo hacia, Noir amenazaba con abandonar el espectaculo. Monsieur Volterra rescindio mi contrato y me pago una indemnizacion, despues de descontar los gastos por el traje y la tarifa de Vincent Scotto. Tuve que regresar al hotel del Barrio Latino, a una habitacion mas pequena que la que habia alquilado la vez anterior. Vendi una de las sillas de piel de leopardo, el biombo oriental y parte de mi ropa. La silla que me quede era una especie de disculpa hacia
El golpe que supuso perder mi numero en el Casino de Paris no me habria resultado tan traumatico si monsieur Etienne hubiera podido encontrarme un papel en algun otro sitio. Pero
