Nos recibio en el vestibulo la secretaria de Ziegfeld, Matilda Golden, a la que el siempre llamaba «Goldie». Era una mujer que hablaba bajito y que nos informo de que Ziegfeld estaba en una reunion, asi que le pedimos que nos mostrara el teatro hasta que la reunion hubiera terminado.
– Fue disenado por Joseph Urban, el mismo hombre que se esta encargando de los decorados del espectaculo -nos explico Goldie, abriendo las puertas del auditorio-. Es de Viena.
Andre y yo la seguimos para adentrarnos en una sala iluminada discretamente. Percibi el parecido con la obra del artista Gustav Klimt, con aquellos tonos dorados de las alfombras y las butacas. El color fluia por las paredes y se fundia en un mural de figuras romanticas de varias epocas, incluyendo a Adan y Eva. Cubria todo el techo y formaba un reborde alrededor del escenario. La sala habia sido construida sin molduras y daba la impresion de que estabamos dentro de un enorme huevo decorado.
– Monsieur Urban es un verdadero artista -comente con creciente emocion ante la perspectiva de trabajar en un teatro tan impresionante.
Goldie se aparto un rizo de pelo para ponerselo detras de la oreja.
– Mister Ziegfeld nunca pone en juego la belleza -aseguro.
Despues de ensenarnos la biblioteca musical y los camerinos con sus espejos de bisel y sus cuartos de bano individuales, Goldie nos llevo a la septima planta para que conocieramos a Ziegfeld. Senti un revoloteo en el estomago por la anticipacion. ?Realmente era yo, Simone Fleurier, la que estaba aqui en Nueva York, de camino a conocer al gran empresario teatral Florenz Ziegfeld?
Resulto que finalmente escuche su voz antes de verlo. Goldie levanto el puno para llamar a la puerta de su despacho, pero previamente a que los nudillos tuvieran la oportunidad de tocar la madera, una voz nasal bramo:
– ?Maldita sea! ?No se atrevan a entrar en mi despacho para decirme tamana sarta de tonterias!
Supuse que la voz era de Ziegfeld porque habia dicho «mi despacho». Posteriormente, me daria cuenta de que su aguda voz era lo que denominaban «acento de Chicago».
Otra voz le contesto:
– Ayudaria mucho que su genial Bill McGuire se pusiera manos a la obra. ???Nosotros podriamos escribir las canciones mucho mas rapido si tuvieramos el guion!!!
La voz del segundo hombre tenia mucha mas sonoridad que la de Ziegfeld. Su acento tambien era estadounidense, pero, por la manera en la que acentuaba las silabas en algunos lugares raros, puede que fuera ruso.
Ziegfeld volvio a bramar:
– ?Haz simplemente lo que te he pedido, George! ?Mete la mano en ese baul tuyo y saca un par de canciones que sean todo un exito!
– ?Oh, Dios mio! -exclamo Goldie, dirigiendonos hacia su propio despacho-. Todavia estan con eso.
En realidad, no queria que me despacharan a la oficina de Goldie -la conversacion de Ziegfeld con aquel hombre resultaba interesante-, pero la segui obedientemente.
– Y tu, Ira -continuo diciendo Ziegfeld-, no puedes quejarte de absolutamente nada. Te he conseguido a Gus Khan para que te ayude con las letras.
?George? ?Ira? Ziegfeld debia de estar hablando con los hermanos Gershwin, ?el famoso duo de compositores, conocidos por su energica musica y sus ingeniosas letras! Le di un codazo a Andre, que asintio con la cabeza. No sabia que iban a ser los compositores del espectaculo. Me pregunte que tipo de cancion compondrian para mi. ?Seria algo sensual? ?Algo elegante y cortes? ?O quiza una cancion llena de juegos de palabras?
Goldie nos ofrecio sendos asientos junto a su mesa y cerro la puerta.
– Mister Ziegfeld espera repetir el exito de Maurice Chevalier con usted, miss Fleurier -dijo mientras nos servia el cafe-. La aparicion de mister Chevalier como artista invitado en
– ?Tiene usted una copia de la partitura de mademoiselle Fleurier? -le pregunto Andre-. Nos gustaria comenzar con los ensayos tan pronto como sea posible. La escena estadounidense es nueva para nosotros y queremos asegurarnos de que mademoiselle Fleurier encaja en el espectaculo sin problemas.
«Ya tocan a su fin nuestras vacaciones», pense con una sonrisa. Andre abordo el tema de los negocios sin andarse por las ramas. Aunque esta vez al menos compartiamos habitacion de hotel.
Goldie tomo un sorbo de cafe y agito la mano frente a la boca.
– Vaya, si que estaba caliente -comento, mirando de reojo su telefono. Antes de que Andre pudiera repetir su pregunta, Goldie se dio media vuelta sentada en la silla, alargo la mano para coger un plato lleno de donuts y se lo ofrecio a Andre bruscamente-. ?Quiere probar uno? -le dijo, metiendole uno de ellos directamente en la boca-. El agujero es la mejor parte.
Sono un portazo desde la entrada del despacho de Ziegfeld y varias pisadas se alejaron por el pasillo. No habia oido hablar a Ira antes, pero supuse que fue el el que le dijo a su hermano:
– ?Sabes lo que voy a contestar la proxima vez que alguien nos pregunte: «Que viene primero, la letra o la musica»?
– ?Que? -pregunto George.
– Voy a contestar: «El contrato».
Sono el telefono de Goldie y ella cogio el auricular.
– Si, los hago pasar ahora mismo. -Nos sonrio-. Mister Ziegfeld ya esta listo para recibirles.
Habia oido de boca de los bailarines estadounidenses en el Adriana que Ziegfeld era un tirano, y su manera de tratar a los hermanos Gershwin sustentaba esa imagen. Asi que cuando segui a Goldie al despacho del empresario teatral me sorprendio encontrar a un hombre sonriente con los ojos mas fascinantes que habia visto en mi vida. Eran redondos y risuenos como los de un osito de peluche, el tipo de ojos que nunca envejecen.
– ?Mademoiselle Fleurier! -me saludo con entusiasmo, llevandose mis manos a los labios.
Le hizo un breve gesto con la cabeza a Andre a modo de saludo antes de deslizar un brazo sobre mis hombros y dirigirme a un grupo de sillones. Su despacho era del tamano de una sala de banquetes y estaba amueblado con mesas y vitrinas antiguas. Alla donde mirara -a las estanterias, su mesa, la mesa de reuniones- veia elefantes de jade, oro o plata. Todos tenian las trompas levantadas.
– Ah -exclamo Ziegfeld, dando una palmada-, es usted observadora, mademoiselle Fleurier. Son mis amuletos de buena suerte. Si tuvieran las trompas hacia abajo, serian simbolo de mala suerte.
A pesar de la acalorada discusion que habia escuchado apenas unos momentos antes, Ziegfeld parecia tan tranquilo como un raja sorbiendo su te helado mientras lo abanicaba un grupo de esclavas.
Llevaba unos pantalones de lino y una chaqueta gris con una gardenia en el ojal. Cada vez que se movia, el aroma de la colonia de Guerlain parecia flotar en el aire a su alrededor.
– Mademoiselle Fleurier -me dijo, mirandome de arriba abajo con aquellos alegres ojos-, tenemos tantas ideas magnificas para el vestuario de su actuacion. ?Magnificas!
