peso del cuerpo de un pie a otro.
?Eran imaginaciones mias o estaba dibujando circulos sobre mi piel con la punta del dedo? Andre me habia tocado cientos de veces anteriormente: una mano en el hombro, castos besos en las mejillas… Pero aquello era otra cosa.
Andre arqueo las cejas y nego con la cabeza.
– Me dijiste que me harian trabajar mucho mas duro en Broadway de lo que tu me estabas haciendo trabajar en Berlin, y, dado que me llevas alli ahora, ?quiza estas sean mis primeras y ultimas vacaciones!
La sirena del barco sono con estruendo y yo me sobresalte sorprendida. Andre se echo a reir y me aferro del brazo, conduciendome a la cubierta para que nos unieramos a los hurras, a los silbidos y a los que tiraban arroz mientras el barco abandonaba el puerto.
– Las cosas van a ser diferentes a partir de ahora, Simone -me grito Andre para que le oyera por encima del alboroto-. Pero sera mejor que hablemos de ello durante la cena.
Contemple los ojos emocionados de Andre y percibi que algo estaba evolucionando entre nosotros. Si estaba en lo cierto, las cosas iban a cambiar para siempre.
Aquella noche Andre y yo descendimos la escalinata de marmol del
– Perfecto -comento Andre-. El lucio es una buena introduccion de lo que quiero decirte.
Todavia me sentia aturdida por como me habia tocado aquella tarde. ?Habian sido solamente unas distraidas caricias o era algo mas?
– ?Que es lo que tienes que decirme? -le pregunte, sin apartar los ojos de su rostro.
El sonrio.
– Cuando le comente a mi padre que ibamos a viajar en el
Le escuche atentamente, tratando de descifrar cual era el significado de la historia para Andre y para mi. Pero era un misterio.
Andre continuo con su relato.
– El frances amigo de mi padre cogio su copa y paladeo un poco de vino, despues tomo otro bocado de lucio antes de darle al camarero su respuesta. «Por favor, enviele la siguiente respuesta -le dijo al camarero-: '?Por que tienes tanta prisa? ?Acaso te estas muriendo de hambre?'».
– No deberiamos reirnos -le dije a Andre, dedicandole una gran sonrisa-. Mira como trabajamos tu y yo: no parecemos franceses.
– Pues eso es precisamente lo que quiero cambiar -replico el.
– ?Como?
– Quiero que te cases conmigo.
Deje caer el tenedor. Provoco un ruido estrepitoso al chocar contra el suelo. Habia anhelado con todas mis fuerzas que Andre anunciara que comenzaba a encontrarme atractiva. Lo que no esperaba era que me pidiera en matrimonio. Le contemple y parpadee, sin saber que decir. Por el rabillo del ojo vi que el sumiller se estaba acercando a nuestra mesa. Le dedique una mirada. Lo bueno de los camareros franceses era que tenian un sexto sentido para saber si debian interrumpir una conversacion. El sumiller se dio media vuelta y se dispuso a dar un rodeo mas por la estancia.
– ?Tan sorprendida estas? -pregunto Andre, alargando la mano y tocandome la mia-. Te he amado desde el primer momento en que te vi en el Cafe des Singes.
Deseaba decirle que habia estado sonando con el durante anos, pero no podia pronunciar palabra. ?Que sentido tenia todo aquello? Si me habia amado desde el primer momento en que me vio, ?por que habia traido a mademoiselle Canier a Berlin? ?Por que nunca habia respondido a mis insinuaciones?
– Olvidas que fuiste tu la que dijiste que solamente querias una relacion profesional -me recordo, cuando finalmente encontre las palabras para preguntarle-. He estado enamorado de ti durante todo este tiempo. Sin embargo, todas las veces que he tratado de acercarme a ti han sido intentos fallidos.
Recorde la visita de Andre a mi camerino en el Casino de Paris y el discurso cargado de moralina que le dedique en Maxim's y no pude evitar sonrojarme.
– ?Pero seguro que tuviste que notar que mis sentimientos habian cambiado! -proteste.
– Si -respondio-, pero primero tenia que resolver ciertas cosas.
Me sentia tan exaltada que pense que podria flotar desde mi asiento y volar por toda la habitacion. ?Acaso estaba sonando? Andre me acababa de decir que me amaba.
– ?Que tenias que resolver? -le pregunte.
– Mi padre.
Mi alegria se esfumo en un instante.
– ?Tu padre?
Andre aparto la mirada.
– No queria que mi padre pensara que tu eras simplemente alguien con quien estaba pasando el rato hasta que me casara con otra mujer. Te respeto demasiado como para eso.
Recorde el guino que me habia dedicado monsieur Blanchard cuando Andre y yo visitamos a su familia en la Dordona. Eso era exactamente lo que pensaba que yo era.
– Entonces, ?tu padre te ha dado permiso? -le pregunte.
– No exactamente -contesto Andre, volviendo a mirarme-. Pero le gustas y respeta tu trabajo, y eso es un buen comienzo. Ahora tengo veintitres anos. Si esperamos pacientemente hasta que llegue mi treinta cumpleanos para casarnos, mi padre no podra tener ni la menor duda de que estamos hechos el uno para el otro.
Mire fijamente el plato. Andre sonaba convencido, pero una duda me corroyo por dentro. Entendia el poder que monsieur Blanchard ejercia, no solo sobre su propia familia, sino sobre toda Francia. Casarse sin su permiso seria practicamente imposible.
Andre se inclino sobre la mesa y me atrajo hacia el.
– No quiero esperar tanto tiempo -me susurro.
Levante los ojos para mirarle.
– ?Andre, esto es de locos! -proteste-. ?Te das cuenta de lo absurdo que es? Nadie comienza una relacion amorosa asi. Nos conocemos desde hace tres anos y ni siquiera nos hemos besado nunca.
– Eso no es cierto -replico-. ?Acaso te has olvidado de la fiesta de fin de ano en Berlin?
– ?Entonces eras tu?
