palo de rosa casi como si no pudiera creerse que yo viviera en aquel lugar.
Algunas veces, ni yo misma me lo creia tampoco. Camille y yo habiamos recorrido mucho camino desde que nos alojabamos ambas en casa de tia Augustine en Marsella. Senti una oleada de orgullo por el cumplido indirecto.
La conduje hasta el salon y le ofreci un asiento. Saco un cigarrillo y yo me incline hacia delante para encenderselo.
– Asi que finalmente me hiciste caso con lo del consejo sobre los hombres -comento, acariciando con sus unas nacaradas la piel del sofa-. Parece que Andre Blanchard ha hecho mucho por ti.
– No, no es asi -le asegure-. Nuestra relacion es puramente profesional.
Su rostro paso de mostrar una mirada de incredulidad al ceno fruncido. Por primera vez percibi que tenia ojeras marcadas bajo los ojos, que se le traslucian a pesar de que los llevaba maquillados cuidadosamente. Su relacion con Yves de Dominici habia terminado; el se habia casado con una condesa italiana. Sin embargo, habia oido que Camille estaba viendose con alguien que ocupaba un cargo aun mas alto en el Ministerio de Defensa. Me pregunte que seria de su hija, que pronto cumpliria cinco anos, pero sabia que no debia inquirir por ella. Camille me habia contado que sacaria a la nina del convento tan pronto como encontrara a alguien lo bastante rico y lo bastante permanente, por supuesto. El hombre del Ministerio de Defensa estaba casado con una mujer que le controlaba la economia familiar, por lo que eso no parecia que fuera a suceder en un futuro demasiado cercano.
– ?Asi que el espectaculo va bien? -pregunto-. ?Que haras cuando termine?
Me pregunte si Camille sabria que habian barajado la posibilidad de que ella protagonizara
– Andre quiere que grabe un disco.
– Andre Blanchard debe de estar fascinado contigo -comento, mirando a su alrededor la habitacion-. No me puedo creer que un hombre haga tanto por una mujer sin esperar nada a cambio.
Me ruborice, no tanto por incomodidad, sino por verguenza. Me proporcionaba cierta dignidad que Andre realmente creyera en mi talento y no esperara sexo a cambio de ayudarme en mi carrera. Pero que no me deseara en absoluto cuando yo estaba perdidamente enamorada de el me hacia parecer mas la fea del baile que «la mujer mas sensacional del mundo».
Mi sirvienta, Paulette, anuncio que la cena estaba servida, ahorrandome el tener que darle mas explicaciones a Camille sobre mi relacion con Andre. Sabia que Camille tenia el apetito de un pajarillo, asi que le pedi al cocinero que preparara col rellena con salsa de estragon y champan. Durante la cena, Camille se mantuvo distante, como si estuviera pensando en otra cosa.
– Me voy de Paris -anuncio despues de un rato-. Voy a hacer una pelicula con G. W. Pabst.
Me dio un vuelco el corazon. Sabia que, independientemente de lo que yo lograra, Camille siempre estaria varios pasos por delante de mi. Deseaba protagonizar una pelicula. El medio era nuevo, pero me resultaba emocionante la idea de contar historias a traves de imagenes. ?Y con quien mejor que con G. W. Pabst? El joven aleman ya se estaba ganando una buena reputacion por ser un director extraordinario.
– ?Vas a ser una estrella de cine! -exclame, sinceramente contenta por la buena suerte de Camille, pero anhelando tener un poco yo tambien.
Tras la comida, acompane a Camille a la puerta, donde Paulette la ayudo a ponerse el abrigo. Camille me dio un beso de despedida y me deseo buena suerte. Le regale un ramo de rosas y una caja adornada con motivos chinos. Me felicito por la fragancia de las flores y el exquisito estampado de la caja, pero me dejo con la impresion de que habia preferido mi compania cuando yo era pobre y carecia de suerte.
Cuando el espectaculo se «consolido», el padre de Andre nos invito a visitar el
De camino hacia el valle del Dordona, Andre tarareo las tonadillas de las canciones de
– Estaba nervioso -me confeso mientras tomaba una curva cerrada de la carretera-, no sabia que pensaria mi padre de mi incursion en el negocio del espectaculo. Pero tu talento lo ha conquistado. No tiene mas que palabras de admiracion hacia ti.
– Mi exito tiene tanto que ver contigo como conmigo -le respondi.
Andre se echo a reir y su risa resono por encima del traqueteo del motor del automovil.
– Creo que podrias haberlo hecho perfectamente sin mi, Simone. Pero ha sido divertido presenciar tu transformacion.
El
Tenia el vozarron de un capitan de la marina, profundo y acostumbrado a dar ordenes. No obstante, una amistosa sonrisa se dibujo en sus labios y le hizo parecer menos intimidante de lo que yo habia esperado.
Agarro a Andre del hombro y Andre le devolvio el saludo. Me habia imaginado que se saludarian, pero sin abrazarse. Su relacion no era tan fria como yo habia anticipado, pero aun asi seguia habiendo algo formal en la manera en la que se aproximaron el uno al otro. Pense en el tio Gerome y mi padre. Tio Gerome podia querer a su hermano, pero nunca parecio ser capaz de resolver como demostrarlo. Un profundo dolor habia destruido el afecto natural entre ellos. Me dio la sensacion de que quiza asi era como monsieur Blanchard se sentia con respecto a Andre.
– Ahora, cuenteme, mademoiselle Fleurier -me dijo monsieur Blanchard, cogiendome del brazo y dirigiendome hacia los demas-, ?como es que mi hijo, que tiene un oido enfrente del otro, ha podido descubrir a la mejor cantante de Paris?
Tenia los mismos ojos negros que Andre, pero mientras que su hijo me trataba con los modales de un caballero, monsieur Blanchard fijo su mirada en mis pechos. Tuve la incomoda sensacion de que me estaba imaginando desnuda.
– Andre no tiene exactamente un oido enfrente del otro -replique y me eche a reir, mas para enmascarar mi incomodidad que porque pensara que lo que habia dicho era gracioso-. Sencillamente, el fue la primera persona, aparte de mi agente, en creer en mi.
