Los actores avanzaron hacia el frente y cantamos el estribillo todos juntos. El publico aplaudio y vitoreo. No cabia la menor duda de que les gustaba lo que estaban viendo.

Hasta que los tramoyistas le dieran la vuelta al decorado teniamos que mantener la pose, pero empece de nuevo a notar que me temblaba la pierna derecha. Puesto que estaba de pie sobre un piano con una falda corta, no habia nada que pudiera hacer para ocultarlo. Algo que me habia dicho el doctor Daniel me vino a la mente: «La energia fluye hacia fuera o hacia dentro. En el caso de los artistas, si la dejan fluir hacia dentro resulta fatal. Deje salir su energia siempre hacia fuera».

Aunque no estaba en el guion de ese numero, levante los brazos en el aire y grite:

– Bonjour, Paris! C'est moi! ?Hola, Paris! ?Soy yo!

Desde el patio de butacas escuche el clamor de los espectadores, que se pusieron en pie y me gritaron:

– ?Bonjour, mademoiselle Fleurier! ?Bienvenida!

A partir de aquel momento supe que no habia vuelta atras. Paris me amaba.

Capitulo 20

Bonjour, Paris! C'est moi! fue el espectaculo de variedades con mas exito que se habia representado en el Adriana o en cualquier otro de los teatros de Paris. Estuvo en cartel durante un ano, se represento un total de cuatrocientas noventa y dos veces, con un pequeno descanso antes del comienzo del nuevo espectaculo: Paris Qui Danse. Los criticos de todos los periodicos importantes, desde Le Matin hasta el Paris Soir, estaban emocionados, y ademas del publico habitual de la alta sociedad parisina y de los turistas adinerados, tuvimos el honor de recibir entre los espectadores a personalidades como el principe de Gales, los reyes de Suecia y la familia real danesa.

Si Andre y yo habiamos trabajado horas y horas antes del espectaculo, despues tuvimos que quemar todos los cartuchos que nos quedaban. Me levantaba a las siete de la manana y me tomaba un desayuno compuesto por zumo de naranja y una tostada. A continuacion, me daba un bano antes de que llegaran mi peluquera, mi manicura, mi masajista y mi secretaria. Le dictaba la correspondencia a esta ultima durante mis tratamientos de belleza. Despues, me dirigia al Adriana para reunirme con Lebaron, Minot y Andre para planear Paris Qui Danse. Ya que Bonjour, Paris! habia gozado de tanto exito, Lebaron estaba decidido a que el nuevo espectaculo fuera aun mejor. Consagraba las tardes a los ensayos, las pruebas de vestuario y las entrevistas con la prensa. Por las noches, llegaba al teatro aproximadamente a las siete y media y no me marchaba hasta la una de la manana. Dedicaba todo el resto del tiempo libre a hacer algo que pronto aprenderia a odiar: un concienzudo ejercicio de contorsiones, sonrisas falsas,manipulacion de imagen y «mentiras piadosas» cuyo eslogan era: «El talento no es suficiente para triunfar». Aquel ejercicio se llamaba publicidad.

Me habia enamorado del teatro de variedades por su magia y disfrutaba cantando y bailando para el publico, pero aprendi que ser «una estrella» era diferente de lo que yo esperaba. Una estrella tenia que estar en el punto de mira del publico no solo sobre el escenario, sino tambien fuera de el si queria mantener su estatus. A medida que aumentaba mi fortuna -parte de la cual Andre se habia preocupado de invertir convenientemente, para regocijo de monsieur Etienne-, tambien aprendi la diferencia entre ser rica y ser famosa. Cualquiera que viera mis vestidos de alta costura, mis diamantes, mi Voisin con chofer, mi apartamento y al atractivo Andre acompanandome en las reuniones sociales supondria que yo disfrutaba de una vida maravillosa. Sin embargo, aquello no era vida; era solo una imagen. No me quedaba tiempo para saborear ninguna de esas cosas. Todas eran para consumo publico.

Una vez oi a Mistinguett decir que nunca haria el mas minimo esfuerzo por ganar fama. Sin embargo, tanto ella como Josephine Baker y yo nos pasabamos la vida tratando de provocar mas sensacion que las otras. Mistinguett aseguro sus piernas por un millon de dolares; Josephine organizo una boda con un conde que al final resulto ser un picapedrero italiano que fingia ser de la nobleza; y mi publicista «filtro» a la prensa que el secreto de mi vitalidad era beber motas de oro con el cafe todas las mananas y banarme en leche con petalos de rosa. Incluso organizo que el lechero acudiera todas las mananas a mi puerta con varias cubas de leche para demostrarlo. Eran el tipo de disparates frivolos que nos daban mala prensa en lugares como Austria o Hungria, en donde la gente apenas tenia para comer. Un panfleto comunista llego a publicar que la cantidad de leche en la que yo me «banaba» todos los dias podria haber mantenido con vida a diez ninos durante una semana.

Josephine Baker y Mistinguett competian en una maliciosa batalla publica de rivalidad. En una encendida ocasion incluso llegaron a las manos en el estreno de una pelicula en el Cinema Apollo. Las dos divas lucharon encarnizadamente, clavandose las unas en los brazos y aranandose la cara. Mistinguett intento aplicar aquella tactica conmigo una noche en el Rossignol, donde Andre y yo fuimos a cenar despues de la representacion. Se encontraba sentada en una mesa rodeada de hombres jovenes, con un vistoso collar de perlas alrededor de su cuello aun terso, cuando de repente me senalo y grito:

– ?Hola, jovenzuela! ?Ya te han limpiado detras de las orejitas? ?Por que no vienes aqui a presentarme tus respetos? -Y me sonrio mostrando unos afilados dientes que parecian los de una pirana.

Casi pude ver al columnista de Le Petit Parisien, que estaba sentado tras ella, palpandose el bolsillo en busca de una pluma.

– Buenas noches, madame -fue mi respuesta.

Mistinguett tenia treinta anos mas que yo y a mi me habian educado para que fuera respetuosa con mis mayores. El maitre exhalo un suspiro de alivio, pero en el rostro de la diva se reflejo la decepcion.

– Vas a tener que mejorar tu agudeza verbal -comento Andre cuando nos sentamos- o, si no, te veran como una esnob que se cree demasiado buena como para meterse en una pelea de gatas. Si Camille Casal y tu fuerais mas inteligentes, ya habriais empezado hace tiempo una buena rivalidad. Eso habria ayudado a despegar su carrera en ciernes y a ti no te vendria mal aparecer como su rival.

Al percibir un brillo picaro en su mirada, me alegre al darme cuenta de que estaba bromeando.

Se oyo una conmocion que provenia de la puerta. Josephine Baker acababa de irrumpir en el restaurante acompanada por su sequito habitual, entre los que se incluian el «conde» Pepito de Abatino, su chofer, su sirvienta y su mascota, que era un cerdito.

Andre arqueo las cejas mirandome.

– Estoy demasiado cansada -le dije yo como respuesta.

Aunque no le conte nada a Andre, nunca habia considerado a Camille mi rival. Ella siempre me habia intimidado. Un mes despues de que comenzara el espectaculo, la invite a cenar en mi apartamento. Por alguna razon, pensaba que si ella aprobaba mi transformacion, aquello supondria el sello definitivo de mi exito. Pero, tan pronto como Camille llego, me di cuenta de que, a pesar de mi cabello perfectamente peinado y mi elegante atuendo, todavia me sentia apocada ante su perfeccion fisica. Entro lentamente en mi apartamento con un vestido de color malva con varias vueltas de perlas rodeandole el cuello. El aire a su alrededor quedaba impregnado de un toque de Shalimar. Parecia imposible que alguien pudiera tener aquellas facciones tan bien parecidas en una piel tan tersa.

– Veo que te va bien -comento mientras contemplaba el escritorio de

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