No me ayudo en absoluto a preservar mi tranquilidad el hecho de que, durante la ultima semana de ensayos antes de la noche del estreno, Lebaron merodeara con cara de alma en pena entre bastidores mientras yo practicaba mis numeros. Y, para colmo de males, el ultimo dia antes del estreno se dedico a sacudir la cabeza como si pensara que habia cometido un terrible error al apostar por mi.

– Ignorelo -me susurro Minot, dandome unas palmaditas en el hombro-. Siempre se comporta asi en estos momentos. Es por culpa de su supersticion. Piensa que si le dice a usted lo fabulosa que es gafara todo el espectaculo.

La noche del estreno llegue al teatro a las siete y media con Kira, mi mascota de la buena suerte. Andre me habia enviado a su chofer, pues no habia podido venir el mismo a causa de un cambio de ultima hora en un papel secundario. Mi camerino estaba lleno de ramos de rosas y habia una botella de champan metida en un cubo de hielo. Atada al cuello de la botella habia una tarjeta de Minot que decia: «?A medianoche estaremos bebiendonosla, querida mia!». Querido Minot, que encanto era. Habia pensado en todo. Incluso habia enviado una notificacion a todo el mundo para que no me molestaran y para que los unicos que pudieran transmitirme cualquier mensaje fueran el director de escena o el mismo. Aprecie aquel gesto, aunque me preocupaba que aquello pudiera incluirme en la liga de mezquinos artistas tiranos a la que pertenecia Jacques Noir. Senti la necesidad de poner en orden mis pensamientos. Kira percibio mi nerviosismo. Durante los ensayos, se habia dormido sobre una manta junto al radiador o se habia entretenido jugando con mis lapices de maquillaje. Pero ahora se escondio bajo el tocador y se nego a salir. No podia culparla. Si yo hubiera podido, habria hecho lo mismo.

Me temblaban las manos cuando abri el estuche de maquillaje. Me lloraban los ojos, algo que siempre me sucedia cuando me sentia inquieta. Eche la cabeza hacia atras y los cerre, tratando de relajarme. La noche anterior habia sonado que salia al escenario y se me olvidaba toda la letra de la primera cancion, cosa que era ridicula, porque se trataba de una composicion muy corta.

Despues de todo el caos y el ajetreo de las semanas anteriores, el teatro estaba sumido en un silencio inquietante. Me imagine a todos en sus puestos: los ayudantes de camerino se hallarian preparando los trajes y contando las pelucas; los tramoyistas estarian comprobando el atrezo y los interruptores de las luces; y los musicos se encontrarian calentando los dedos o bebiendose algun cafe de ultimo minuto.

Mi ayudante tenia que llegar a las ocho. Justo cuando las manecillas del reloj de mi tocador dieron la hora, sono un golpe en la puerta. La abri y encontre en el rellano a Odette con el vestido que me tenia que poner para el primer numero.

– Pense que quiza necesitarias apoyo moral -me dijo- de alguien que todavia no se ha dejado llevar por el agobio.

– ?Que ha pasado? -le pregunte.

– Una de las coristas ha cogido peso y ha hecho estallar el vestido.

– ?Pero si apenas llevan nada encima! -exclame-. ?Que es lo que ha podido estallar?

– Una hilera de perlas. Pero ha sido suficiente como para que la encargada de vestuario sufriera un ataque de panico.

Aunque no escuche ni la mitad de lo que Odette me conto sobre que Joseph habia comprado una tienda de muebles y que estaban planeando casarse al ano siguiente, su animada conversacion me tranquilizo como el sonido de una relajante musica de fondo. Y ademas, Odette tambien demostro mucha paciencia. Tuve que quitarme el traje despues de que ella me hubiera abrochado todos los cierres para acudir al aseo porque los nervios me habian dado ganas de hacer pis. Hacia las ocho y media oi al botones que iba llamando a las puertas de los camerinos y, unos minutos despues, a las coristas bajando en tropel por las escaleras. No armaron tanto alboroto como de costumbre y le pregunte a Odette si habia algun problema.

– No -respondio-. Lo hacen por deferencia hacia ti. Monsieur Minot les ha ordenado que bajaran las escaleras en silencio.

Cuando el botones llamo a mi puerta, practicamente me sali del traje otra vez por el salto que pegue. Odette me dio unas palmaditas en la espalda.

– Estaras maravillosa -me aseguro-. Simplemente, haz lo mismo que has estado haciendo durante los ensayos y todo ira bien.

Segui al joven botones hasta bastidores con la misma alegria que Maria Antonieta debio de sentir al dirigirse hacia la guillotina. Pude oir a la seccion de cuerda afinando sus instrumentos y el alboroto del publico.

– ?Buena suerte! -me susurro el muchacho.

Le revolvi el pelo para que supiera que yo no era la tipica diva arrogante, pero me senti demasiado nerviosa como para decirle nada.

Los bailarines principales estaban alineados en la parte superior de las escaleras, preparados para hacer su entrada antes que yo. Las coristas se amontonaban entre bambalinas. Algunas de ellas me dirigieron gestos alentadores. Hice lo que pude por devolverles la sonrisa, que mas bien debio de ser como una mueca.

A las nueve menos cuarto sonaron los trois coups, los tres golpes que daba el personal en el escenario para indicar que el espectaculo estaba a punto de comenzar. El publico se sumio en el silencio y la orquesta empezo a tocar. Me golpee con el puno el nudo que notaba en mitad del pecho. La sangre me latia en los oidos.

El director de escena dio la entrada a los bailarines y los contemple avanzando en fila. Descendieron para adentrarse bajo la luz de los focos, con ojos brillantes y rostros radiantes. Otros seres celestiales descendieron por encima del escenario encaramados en plataformas de cristal, como genios sobre alfombras magicas. Durante un instante, olvide mis nervios, pues todo era hermosisimo. El publico debio de pensar lo mismo, porque podia oir sus oohhhhs y aahhhs que llegaban hasta mi.

La musica cambio de ritmo y el publico dejo escapar una ovacion cuando los bailarines se quitaron las togas y las coronas y comenzaron a bailar a ritmo de jazz. Un grupo de interpretes ataviados con esmoquines y sombreros de copa irrumpieron en escena montados en un deportivo Hispano-Suiza. El director de escena me hizo un gesto con la cabeza y me guino el ojo. Me alise el vestido e inspire profundamente antes de moverme hacia la parte superior de las escaleras y comenzar a descenderlas, bajo la luz cegadora.

Bonjour, Paris!

?Soy yo!

Esta es la noche en la que las estrellas saldran y brillaran, brillaran

para que todo Paris las vea.

Aunque me habia imaginado a mi misma tropezandome y rodando por la empinada escalera para aterrizar muerta en el escenario, dejaron de temblarme las piernas tan pronto como empece a cantar. Proyecte la voz tan bien que incluso yo misma me sorprendi. Llegue al escenario y baile un charleston que todos los bailarines principales y secundarios imitaron, despues bailamos un foxtrot, antes de que las luces se atenuaran y el bailarin masculino principal y yo interpretaramos un tango lento, en referencia a mi pasado artistico. El publico aplaudio.

Las luces cambiaron a azul y se introdujo un piano de cola de atrezo en el escenario. Los hombres me subieron sobre el y volvi a bailar el charleston, con las luces parpadeando sobre mi, de modo que parecia que estaba actuando en una pelicula a camara lenta.

El publico no espero a que yo terminara para aplaudir. Las luces se volvieron doradas y entonces pude ver sus rostros. Me estaban dedicando grandes sonrisas. Sin embargo, fue la expresion en las caras de cuatro hombres lo que mas me satisfizo: Lebaron, Minot, Andre y un hombre que se parecia a el, solo que mayor. Estaban sonriendo de oreja a oreja. Senti que si podia complacer al patriarca de la familia Blanchard, podria satisfacer a cualquiera.

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