involucrada en todos los aspectos del espectaculo, desde la seleccion de los actores secundarios, pasando por la eleccion de decorados, hasta el diseno de los carteles. Tenia que estar presente, porque todo giraba a mi alrededor. Fui totalmente consciente de ello durante las audiciones para las coristas.

– Todas ellas seran rubias -exclamo Minot, moviendo energicamente las manos hacia mi-. Asi, usted destacara entre ellas como una magnifica perla negra.

Andre era el coproductor del espectaculo y tenia la tarea de supervisar todo, desde los escenarios y los trajes hasta las tramoyas. Lebaron pretendia que los decorados de Bonjour, Paris! C'est moi! fueran los mas suntuosos que Paris hubiera visto nunca: entre ellos habria un baile en Versalles y una escena en la jungla con monos de verdad y un tigre. Una tarde, fui a visitar a Andre en su despacho del teatro y me lo encontre estudiando modelos a escala de cada escenario completo con planos moviles y telones para los cambios de escena. Parecia tan feliz como un nino jugando con un trenecito.

– El ingeniero dice que podemos disenar una cascada -me conto Andre, senalando el escenario selvatico donde yo estaba presente en forma de muneca de carton.

Andre era una buena eleccion como coproductor porque trabajaba treinta y seis horas de cada veinticuatro y contagiaba su energia y entusiasmo a los disenadores y carpinteros, que trataban de superarse unos a otros para crear los escenarios mas espectaculares que les fuera posible.

– Si lo consigues, creo que sera una gran primicia en los escenarios de Paris -le respondi.

– Tengo que demostrarle a mi padre que mi «proyecto especial» ha merecido todo el tiempo y el dinero que le he dedicado -me contesto, echandose a reir.

Di por hecho que estaba bromeando, pero su broma me dolio. No me habia resultado facil ajustarme a la situacion de pensar en Andre nada mas que como mi jefe y mi amigo. Lograba aceptar que nunca me habia encontrado atractiva y que era yo la que me habia enganado a mi misma. Por lo menos, me habia ahorrado la humillacion de declarar lo que sentia. Pero que aceptara la falta de interes de Andre por mi no impedia que mis propios sentimientos me angustiaran de vez en cuando. Aunque ambos nos pasaramos la vida trabajando, el sonido de su voz lograba que el corazon me latiera con fuerza.

A veces, habia sorprendido a algunos de los artistas de los numeros secundarios besandose entre bastidores, y una vez, mientras estaba cerca de un conducto de ventilacion en mi camerino, habia escuchado los sonidos extaticos de un hombre y una mujer que hacian el amor en algun lugar del teatro. Aprete la oreja contra el agujero, cautivada por aquellos gemidos, jadeos y suspiros. Un latido me abraso el vientre, pero unicamente podia sonar como seria que me tocaran asi. Cerre los ojos y me imagine recorriendo con las manos el cabello de Andre y sintiendo su piel desnuda fundirse con la mia. Pero cuando se me ocurrian aquellos pensamientos, me mojaba la cara con agua fria o me humedecia las sienes con colonia. No tenia sentido abrigar un deseo que nunca se satisfaria. Se me ocurria que yo ya era lo bastante mayor, y claramente ya habia sobrepasado la edad en la que los artistas del teatro de variedades perdian la virginidad, pero Andre me trataba con la dulzura familiar de un hermano que adora a su hermana pequena.

Me senti sin duda como su «proyecto especial» la primera vez que pase junto a las Galerias Lafayette y vi mi rostro asomandose en uno de los carteles sobre el Boulevard Haussmann. «Para tener una piel tan tersa como la de Simone Fleurier, use el jabon Le Chat.» ?Realmente era yo aquella chica envuelta en un vestido de saten, con una Kira de ojos grandes y un collar de diamantes al cuello entre los brazos? Andre me habia convertido en la imagen de varios productos como publicidad previa al espectaculo e iba a aparecer en anuncios de cosmeticos de Helena Rubinstein y de pasta de Rivoire & Carret. Observe el anuncio de Le Chat con recelo. El cabello de aquella chica era brillante y suave, sus labios estaban pintados de un color oscuro y llevaba los ojos perfilados con rimel. Ella no era la persona que yo me sentia por dentro. Todavia andaba de puntillas de aqui para alla, a la espera de que las coristas se volvieran contra mi y se quejaran de que yo no era mas que una desgarbada actriz comica que mas bien debia ocupar el ultimo puesto del coro. Sin embargo, el exito de aquellos anuncios demostro que mis dudas eran infundadas. Las ventas de aquellos tres productos se multiplicaron por dos durante el primer mes. Estaba a punto de convertirme en una estrella. Todo lo que siempre habia sonado y por lo que siempre habia trabajado estaba empezando a dar sus frutos. Entonces, ?por que me sentia tan sola?

– Hemos recibido una invitacion -me dijo Andre, mostrandome una tarjeta blanca-. Mi madre tiene mucho interes en participar en la sorpresa para mi padre. Me ha dicho que, para que el mejor publico posible acuda a ver el espectaculo, tenemos que conseguir que aparezcas en las paginas de sociedad. Te ha invitado a su reservado en Longchamps. Asegura que si una hermosa pero desconocida senorita es vista en las carreras con madame Blanchard todo el mundo querra saber quien es. Pero primero tengo que presentartela.

Andre y yo llegamos a la mansion parisina de su familia en la Avenue Marceau a la manana siguiente para tomar cafe y pasteles con madame Blanchard. Mi estancia en el Adlon y las cenas en distinguidos restaurantes habian suavizado mis modales provincianos y el vestido de Vionnet que llevaba no me hacia parecer fuera de lugar junto al portico de granito donde Andre y yo esperamos a que el mayordomo abriera la puerta. Sin embargo, tan pronto como pose la mirada sobre el recibidor con su escalera de marmol, una fuente y retratos de Gainsborough, me quede anonadada. El Adlon era el primo pobre de la residencia de los Blanchard. Hice lo que pude por no quedarme con la boca abierta ante los bastidores festoneados y las alfombras orientales, los candelabros con rosetones de bronce o el mobiliario de madera oscura con adornos dorados. Aquella casa era todo lo que la residencia de una poderosa familia europea tenia que ser: rezumaba antiguedad y eternidad. Y era intimidante.

Madame Blanchard nos estaba esperando en la salita con la hermana menor de Andre, Veronique. Su madre tenia mejillas redondeadas y era rubia como si fuera sueca. Andre habia heredado la estatura de ella y la tez de su padre.

– Querida mia, es usted tan hermosa como Andre la habia descrito - exclamo madame Blanchard, cogiendome de la mano y guiandome hasta una silla tapizada con brocados azules.

Las cortinas y los candelabros de pared eran turquesa, y alla donde mirara veia diferentes tonalidades de lapislazuli y retallos dorados junto a floreros con orquideas blancas. El efecto era como encontrarse en mitad de una exotica concha marina. La estancia era gratamente diferente en comparacion con el tono sombrio del resto de la casa.

Por alguna razon, madame Blanchard no me habia presentado a Veronique, pero la chica no tenia intencion de que la ignoraran. Se levanto de su asiento, se aparto la melena rojiza hacia los hombros y se presento a si misma con voz adolescente, anadiendo que yo parecia «mucho mas simpatica que mademoiselle Canier».

– ?Veronique! -exclamo madame Blanchard, tratando de contener una sonrisa-. Puedes dedicarle todos los cumplidos que quieras a mademoiselle Fleurier, por supuesto, pero sin insultar a nadie mas al hacerlo.

Junto a mi habia una mesa camilla con un marco de fotos sobre ella. La persona que aparecia en la fotografia era un atractivo joven de hombros anchos, ataviado con su uniforme de oficial. Sin embargo, sus ojos tenian el aspecto enternecedor de los de un artista, no de un soldado. Contemple la vitrina llena de medallas de guerra sobre la estanteria encima de la mesa. No habia necesidad de preguntar quien era el hombre de la foto.

Me di cuenta de que madame Blanchard me estaba mirando y me volvi hacia ella. Aunque no menciono la fotografia, algo en sus ojos me dijo que le agradaba que me hubiera fijado en ella.

– El editor de moda de L'Illustration hablara de mademoiselle Fleurier -comento, haciendo un movimiento de cabeza hacia Andre-. El talento es una cosa y la publicidad, otra muy diferente. -Despues, una vez que la sirvienta hubo traido el cafe y nos hubo entregado una porcion de pastel de chocolate a cada uno, anadio-: Mademoiselle Fleurier necesita que la vean y la fotografien en los lugares adecuados antes de la noche del estreno. Y manana, Longchamps es una oportunidad demasiado buena como para perdersela.

Un cachorro pomeranio se paseo por la estancia y tomo asiento bajo la silla de Veronique. La muchacha se agacho y le dio de comer con la punta del dedo un trocito de pastel. Recorde

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