Me sentia tan entumecida por los nervios que apenas note los labios de Andre en las mejillas cuando me beso al despedirse. Cerre la puerta y una quemazon de bilis me subio por la garganta. Me habia emocionado mucho cuando abandonamos Berlin, pero ahora que solo faltaban un par de horas para mi encuentro con Regis Lebaron me invadio el panico. Regrese al salon y mi mirada recayo sobre el mueble bar. Abri la puerta de un golpe y encontre una licorera de brandi. Quiza una bebida lograria calmarme. Abri el tapon y olfatee el aroma a azucar requemado. «No», pense, recordando que no habia sido capaz de entablar una conversacion coherente con Max Reinhardt tras una copa de Feuerzangenbowle.

Me hundi en el sofa y mire fijamente el cuadro que presidia la chimenea: un jaguar que acechaba por la jungla. ?Una sirvienta? Mire a mi alrededor las lustrosas superficies. Aqui seria necesaria una para limpiar las huellas de aquellos muebles. Recorde el tosco mobiliario de madera en la casa de la finca de mis padres y la mesa de roble de la cocina de tia Yvette. Aquella mesa la limpiabamos despues de cada comida y tambien sacudiamos la ropa de cama, pero rara vez nos dedicabamos a abrillantar o pasar el polvo mas que un par de veces al ano.

Me puse en pie, me desplace hasta el escritorio y abri los cajones. Habia hojas de papel de carta y una pluma. Me sente y comence a escribir una carta a mi madre, a tia Yvette y a Bernard, contandoles que habia regresado de Berlin y que ahora estaba residiendo en un apartamento grande, asi que tenian que venir y visitarme en Paris porque pasaria algun tiempo hasta que pudiera escaparme a verles yo a ellos.

Mire por la ventana, hacia la calle lluviosa. Me acorde de mi madre, con su vestido de faena y con la estola de zorro plateado que yo le habia regalado alrededor del cuello.

Cruce los brazos y apoye la cabeza sobre ellos. La presion pudo conmigo y comence a notar la sangre latiendome en los oidos. Una soledad mas fuerte que la que nunca habia experimentado antes me contrajo el corazon. Me estaba cayendo por un oscuro pozo y no habia nadie alli para salvarme. Todavia no lo habia comprendido del todo, pero una nueva Simone estaba a punto de nacer.

Para cuando Andre paso a buscarme, me encontraba en tal estado de nervios que temi vomitar en su coche. Sin embargo, me cuide de ocultar mi ansiedad y mis recelos resultaron ser infundados cuando mi «audicion» con Regis Lebaron y su director artistico, Martin Meyer, acabo por ser algo totalmente diferente a lo que habia tenido lugar en el Casino de Paris y el Folies Bergere.

A Andre y a mi nos recibieron dos caballeros que llevaban trajes azul marino practicamente identicos, con el pelo engominado y sendas corbatas anudadas al cuello. El mas alto de los dos era Regis Lebaron; le reconoci por las fotografias y por sus saltones ojos dorados y finos labios. Normalmente, solian decir de el que era parecido a una rana, pero aquella comparacion no aportaba nada sobre su exuberante personalidad. Nos presentaron a Martin Meyer por su apodo, Minot, un sobrenombre que le habian puesto sus companeros de colegio y que habia conservado a lo largo de los anos. Era delgado, con un hoyuelo en la barbilla, y parecia tener grandes dificultades para mantener las manos quietas. Las abrio, las cerro y las movio en todas las direcciones mientras afirmaba que se sentia emocionado por conocerme. Minot contuvo aquel movimiento nervioso durante un instante a causa de una mirada de reproche de Lebaron, tras la que se metio las manos en los bolsillos, aunque unos segundos despues las dejo escapar de nuevo para hacer un gesto teatral hacia las puertas del auditorio.

– Por aqui, por favor -nos indico, haciendonos pasar a la sala.

El auditorio se hallaba sumido en la oscuridad a excepcion del escenario, que estaba iluminado por un foco que producia un halo de luz en el centro. Andre cogio mi abrigo y lo dejo sobre uno de los asientos. Me percate de que Lebaron me estaba mirando de arriba abajo y una sonrisa de satisfaccion asomo en sus labios. Tras varios tratamientos de belleza, maquillaje de Helena Rubinstein y el cabello peinado en una elegante melena, esperaba que le gustara lo que tenia ante sus ojos.

Habia un piano de ensayos cerca del escenario, pero el pianista no estaba. Agarre con fuerza mi carpeta de partituras, con la esperanza de que llegara pronto y pudieramos acabar con aquel calvario. Para mi sorpresa, Minot me cogio las partituras de las manos y las hojeo.

– Oh, me encanta esta -exclamo, senalando una de las piezas de Vincent Scotto-. Cuando la canto usted en el Casino, se me saltaron las lagrimas.

– Ha pasado mucho tiempo desde entonces -le advirtio Andre-. Ahora Simone logra que su voz llegue hasta donde se propone y baila sin perder el aliento.

Se abrio una puerta y entro un camarero parsimoniosamente con una botella de champan en un cubo de hielo y unas copas sobre una bandeja. Lebaron le indico que lo dejara sobre el escenario.

– Daremos cuenta de ello en un minuto -anuncio, y volviendose hacia mi anadio-: Ya se que tiene usted una de las mejores voces de Paris. La vi en el Casino y maldije mi suerte por no haberla descubierto yo primero. Alli estaban desperdiciando su talento. Lo que quiero saber es que podemos hacer con su actuacion.

– Bueno, Simone ha recibido clases de baile con dos de los mejores profesores de Berlin -le explico Andre-. He traido algunos discos. ?Quieren que se lo mostremos?

Lebaron se agarro la barbilla con la mano y miro fijamente a Andre.

– Ya se que tambien sabe bailar. Un ano mas y hubieran tenido que sustituir a Rivarola por una pareja de baile mejor para ella. Olvida usted que descubrir talentos ha sido mi fuerte durante anos. Lo que quiero saber es como vamos a hacer su presentacion.

Andre y yo nos intercambiamos una mirada. Yo estaba a punto de decir algo cuando Andre levanto la mano para detenerme. Si hubiera hablado, le habria preguntado a Lebaron si es que aquello significaba que ya habia decidido contratarme. Pero resultaba evidente que asi era. En algun momento entre su conversacion con Andre y el instante en el que me habia conocido, debia de haber decidido asumir el riesgo. Se me encendio el corazon. Fue como si el telon de fondo hubiera cambiado y ahora me encontrara en una nueva escena. Por primera vez, no tenia que demostrar mi talento o que era lo bastante atractiva. Lebaron daba ambas cosas por hechas.

– ?Le importaria ponerse en pie bajo el foco durante un instante, mademoiselle Fleurier? -me dijo Minot, ofreciendome el escenario con un gesto de la mano.

Hice lo que me pidio. Me senti como si estuviera de pie bajo un rayo de luz del sol, aunque me temblaban las piernas por toda la adrenalina que habia acumulado. Lebaron y Minot se movieron a mi alrededor gritandose ideas el uno al otro.

– Me imagino una escena de tormenta y los cielos abriendose -exclamo Minot-. Despues, criaturas celestiales… ?No, no, no!, ?dioses y diosas griegos que se moverian arriba y abajo por la escalinata!

– Cuando lleguen al final de la escalera, daran la vuelta a sus trajes reversibles y se convertiran en flappers y jovenes caballeros que acaban de llegar a un elegante club -anadio Lebaron, mirandome y contemplando el resto del escenario, como si la escena se estuviera desarrollando ante sus ojos en ese momento.

– Entonces, llegara la muchacha mas hermosa de todas -dijo Minot, tirando de mi hacia delante- y cantara la primera cancion.

Lebaron levanto las manos en el aire.

– En los carteles, pondremos: «Simone Fleurier, la mujer mas sensacional del mundo».

Mire a Andre, que me estaba sonriendo de oreja a oreja desde la primera fila de butacas. Lebaron y Minot ya habian decidido que necesitaban una leyenda y que yo tenia suficiente talento como para satisfacerles. Iban a fusionar leyenda y talento para crear una estrella. Y esa estrella iba a ser yo.

Los preparativos para el espectaculo Bonjour, Paris! C'est moi! constituyeron una prueba de fuego para mi. Como una de las artistas importantes en el Casino de Paris, lo unico que se habia esperado de mi era que me presentara a todos los ensayos y a las pruebas de vestuario y que actuara lo mejor posible. Pero ahora, como estrella de una importante produccion, me vi

Вы читаете
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату