el tren comenzaba a moverse.

– ?Nos reuniremos en Paris muy pronto! -grito el conde, caminando junto al tren a medida que este cogia velocidad-. ?Ire a ver a Simone protagonizar su espectaculo!

Le lance un beso al aire. El me envio otro a mi y movio la boca nerviosamente. Un rayo de luz parpadeo sobre el. Durante un instante fue como ver a mi padre junto a la casa de la finca, diciendome adios con la mano. Pero parpadee, la imagen desaparecio y alli estaba el conde de nuevo, saludandome desde el anden.

– ?Adios, mi dulce Simone! -me dijo-. ?Adios, Andre!

Una nube de vapor se interpuso entre el y nosotros.

– ?Adios, conde! -grite a traves de la sombra cargada de humo. Me invadio una sensacion de melancolia, pero la aparte de mis pensamientos encogiendome de hombros y segui a Andre hacia nuestro compartimento.

Capitulo 19

El Adriana de los Campos Eliseos se trataba del teatro de variedades mas moderno de Paris y el empresario teatral, Regis Lebaron, era uno de los mas emprendedores y audaces de Europa. Apartado del resto de los edificios decimononicos de la avenida, la entrada del teatro consistia en un arco cromado con columnas a cada lado. La fachada era de cristal opaco y en el vestibulo habia cuatro figuras que representaban a Zeus, Afrodita, Iris y Apolo, y sostenian unas enormes esferas de luz. El decorado mezclaba lo ultramoderno con la mitologia griega, y las butacas de la sala estaban equipadas con reposacabezas y reposabrazos. Se rumoreaba que aquellos asientos eran tan comodos que se podian encontrar reproducciones en los hogares mas elegantes de la ciudad.

Lebaron, que habia amasado su primera fortuna en las mesas de ruleta y la segunda como empresario teatral, no reparaba en gastos para contratar a los mejores. Empleaba escenografos italianos para recrear fastuosos palacios y emigrantes rusos para elaborar decorados de los salones de baile y las cortes zaristas. Sus tecnicos eran britanicos o estadounidenses, y sus modistos, franceses. El Adriana era el primer teatro de variedades que habia incorporado el cine a los espectaculos, pues empleaba una pantalla como telon de fondo en algunas de las representaciones de baile. El lema personal de Lebaron era: «El mejor entre los mejores», y se esforzaba por hacer cada espectaculo mas impresionante que su anterior gran exito. Y sin embargo entonces, segun Andre, parecia que «el mejor entre los mejores» estaba perdiendo fuelle. Iba a ser dificil igualar a la eterna favorita de Paris, Mistinguett, y a la estrella mas novedosa, Josephine Baker. Camille era la siguiente estrella femenina mas grande de Paris, pero como Lebaron le habia confesado a Andre: «Ser hermosa solo la llevara hasta cierto punto y la novedad esta empezando a pasarse. Quiero lanzar a alguien nuevo al estrellato».

No se me habia ocurrido jamas que llegaria el dia en que alguien me prefiriera a mi en vez de a Camille Casal. Ella nunca parecia dudar de si misma; su tranquilo comportamiento antes de los espectaculos del Casino de Paris lo confirmaba. Para mi, aquel era el signo de que Camille era una verdadera estrella: la absoluta confianza que tenia en si misma.

Mire de reojo a Andre, que estaba reclinado en su asiento del tren. El sol, que brillaba a traves de los abedules del exterior, pintaba lineas de luz sobre su rostro, de modo que le conferia el aspecto del personaje de una pelicula. Estaba exhalando el humo de un cigarrillo, el cuarto que se habia fumado desde que dejamos la Potsdamer Station una hora antes.

– Lebaron dice que si eres la mitad de buena de lo que yo aseguro que eres y el doble de buena de lo que eras cuando estabas en el Casino, te contratara. Te convertira en una estrella. El humorista aparecera en el cartel por debajo de ti. -Andre se puso en pie y apoyo el brazo contra el cristal-. ?Entiendes lo que eso significa, Simone? Ya no tendras que esperar cola ni ascender con esfuerzo, ?sencillamente, ya estaras en la cima!

Se me cayo el alma a los pies y se me hizo un nudo en el estomago. Todavia ni siquiera habia hecho la audicion. Seria una dura caida si fracasaba. Habia sentido el impulso de trabajar duro en Berlin, no solo por mi propia ambicion, sino por un ardiente deseo de contentar a Andre. Sabia que era mejor no expresar mis dudas en ese momento. El se habia arriesgado mucho para conseguirme una audicion y, aunque me sonrio, su rostro mostraba una expresion tensa. En muchos sentidos, mi debut era tambien el de Andre, y aquello me aterrorizaba. Quiza fue entonces cuando empezamos a comprender la magnitud de aquello a lo que aspirabamos.

El conductor de Andre nos esperaba en la estacion. Estaba lloviznando y los edificios y los cafes se habian tenido de gris. Era extrano estar de vuelta en Paris despues de haberme ausentado durante casi dos anos. Las calles y las tiendas tenian el mismo aspecto, pero yo era una persona distinta, aunque todavia no lo habia comprendido por completo. El chofer de Andre condujo directamente hacia el barrio de la Etoile, aunque esta vez no aparco frente a un desvencijado hotel particulier, sino delante de un edificio de apartamentos junto al parque.

– Espero que te guste -me dijo Andre, rebuscandose la llave en el bolsillo.

Mientras abria la puerta, yo saque a Kira de su canasta. Salio volando hacia el interior del apartamento antes de que Andre o yo pudieramos entrar y corrio hacia la silla tapizada en piel de leopardo, el unico mueble que le resultaba familiar.

Andre coloco mis maletas en el interior junto a la puerta y me condujo al salon. El suelo estaba recubierto de madera de diferentes tonos y yo segui con la mirada las lineas de los muebles de palo de rosa y las paredes de color miel.

– Tenia previsto poder mudarme aqui yo mismo -me confeso Andre-, pero es un hermoso apartamento para una mujer y yo puedo encontrar otro sitio. Cuando seas una estrella, la prensa querra venir y fotografiarte aqui.

Los sofas y sillones estaban cubiertos de cojines orientales y mantones de piel. El decorado era elegante con toques de originalidad: todo lo que Andre habia planificado que yo debia llegar a ser.

Se desplazo hasta la esquina de la habitacion y abrio la persiana para revelar una ventana circular que hacia esquina y que tenia vistas al parque y a la calle. A pesar del tiempo encapotado, la luz entro a raudales a traves del cristal.

– Puedes sentarte aqui cuando quieras leer o aprenderte tu guion -me aclaro Andre.

Le segui hasta el dormitorio, que estaba decorado con la misma mezcla de tonos beis, rojizos y negros que el resto del apartamento. Andre toco un interruptor y la luz brillo desde unos apliques de cristal que habia en las paredes.

– Me gusta mucho -le dije.

Pense que el apartamento era muy bello, pero no me senti tan sobrecogida como lo hubiera estado hacia unos anos. Me habia acostumbrado al lujo en el Adlon y a que Andre se ocupara de cubrir mis necesidades. No se me habia ocurrido que me estuviera convirtiendo en una consentida, pues habia sucedido gradualmente.

Kira camino detras de nosotros, olfateando los suelos y los muebles.

– Tu sirvienta vendra manana -me anuncio Andre, apoyandome las manos en los hombros-. Ahora, trata de descansar y volvere a recogerte mas tarde, a las dos en punto.

«Es bueno contigo, Simone, pero no te ama», me recorde a mi misma.

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