dirige a ella como fraulein Landshoff.

El conde se encogio de hombros.

– Si lo sabia, se me ha olvidado. Es la sobrina de Samuel Fischer, el editor.

Pasamos junto a unos ninos que estaban encendiendo unos petardos y lanzandolos silbando al aire. Unas chispas doradas se esparcieron por el cielo con una sucesion de estallidos que sonaban mas fuerte que los disparos de una pistola. Pense en Kira, que se habia quedado en mi habitacion del hotel. Le habia dejado un plato de leche y un poco de pollo, pero seguramente se pasaria la noche escondida bajo la cama.

La fiesta de Vollmoeller ya habia empezado cuando llegamos. Alrededor de las esquinas de la estancia, pegados contra las paredes como si fueran muebles, habia grupos de hombres vestidos de esmoquin y mujeres que llevaban pendientes de diamantes y collares a juego: el tipo de gente que uno encontraria cenando en Maxim's en Paris o asistiendo a un espectaculo en el Moulin Rouge. Sin embargo, en mitad de la habitacion, retorciendose al ritmo de la musica de jazz de un gramofono, habia una masa de cuerpos desnudos. En el centro de esa orgia, una mujer menuda bailaba sobre una mesa de cafe. Llevaba un esmoquin masculino y unas gafas de montura de carey.

– Esa es fraulein Landshoff -anuncio el conde.

– ?Donde esta Vollmoeller? -pregunto Andre.

El conde se encogio de hombros.

Una mujer que paso a nuestro lado no llevaba puesto nada mas que un collar de perlas y una sonrisa pintada en el rostro. La seguia un hombre con cuernos en la cabeza y una cola de caballo atada al trasero. Los contemple mientras bamboleaban los gluteos entre la multitud, hasta que desaparecieron al entrar en la habitacion contigua.

– ?Les traigo algo para tomar? -nos pregunto el conde-. ?Champan? ?Cerveza? ?Cocaina?

Andre y yo nos decidimos por una botella de champan.

Habia un trio de muchachos recostados en un sofa cerca de la puerta. De vez en cuando, uno de los circunspectos hombres pasaba junto a ellos y unos minutos despues alguno de los jovenes se levantaba y le seguia fuera. Pense en lo que el conde me habia explicado sobre que Alemania acabaria autocombustionandose un dia y que la pobreza merodeaba en lobregas esquinas de Berlin, mas alla del hedonismo presente en aquella sala. Tambien recorde el comentario del conde sobre que los alemanes y los franceses tenian mucho en comun. ?No era cierto que nosotros tambien nos habiamos desprendido de nuestros miedos con elegante champan y nos habiamos dejado llevar por el erotismo? Deseche aquellos pensamientos y volvi a centrarme en la fiesta. ?Que podia haber de bueno en preocuparse por aquellas cosas? Yo no podia cambiar nada. «Tengo una vida que vivir, asi que lo mejor es que la disfrute», me dije a mi misma. Pero me inquietaba la sensacion de que todos nos estabamos precipitando hacia el borde de un abismo.

El conde regreso con nuestras bebidas: no era champan, sino un potente ponche aleman llamado Feuerzangenbowle. Estaba hecho de vino dulce caliente y zumo de naranja y de limon, y especiado con canela y clavo. Un hombre bajo y fornido con ojos de color azul electrico y pelo ondulado y grisaceo se nos acerco timidamente.

– Este es Max Reinhardt -me anuncio el conde.

– El conde me ha contado que es usted una joven con mucho talento -me dijo Reinhardt con su estentoreo acento vienes-. Quiza algun dia pueda usted venir a mi escuela de actores y convertirse en una gran actriz.

Me producia mas asombro que uno de los directores mas famosos de Europa viniera a besarme la mano que estar rodeada de gente desnuda retorciendose a mi alrededor. Sin embargo, tras una copa de Feuerzangenbowle, me sentia incapaz de mantener una conversacion coherente.

– Bueno, despues de que conquiste Paris, Nueva York y el resto del mundo cantando y bailando, no veo por que mademoiselle Fleurier no puede dedicarse tambien a la interpretacion -le confio Andre a Reinhardt.

Cuando faltaba un cuarto de hora para que llegara la medianoche, algunos invitados desafiaron el frio y corrieron a la plaza para contemplar los fuegos artificiales preparados por los estudiantes del Departamento de Quimica de la Universidad Humboldt. El conde sugirio que nos quedaramos en el apartamento y los vieramos por la ventana.

– Hace demasiado frio ahi fuera y no tengo ganas de perder un ojo. Todos los anos, al menos uno de esos estudiantes logra saltar por los aires, ?o acaba con alguno de los espectadores!

Fraulein Landshoff -pues seguia sin haber ni rastro de Vollmoeller- ordeno que se apagaran todas las luces y se soplaran todas las velas. Nos apinamos contra las ventanas e hicimos la cuenta atras hasta medianoche al unisono. Justo cuando los estudiantes habian soltado la explosion mas impresionante, que proyecto chispas hasta el cristal de la ventana, un cuerpo se apreto contra el mio. Unas manos me agarraron de los codos y me dieron media vuelta. Me vi aprisionada contra un pecho masculino. Su aliento me paso rozando por la frente y, entonces, unos calidos labios se presionaron contra los mios. Por la altura de la persona y el olor limpio de su piel, estaba segura de que tenia que ser Andre. Pero, antes de que pudiera pensar en devolverle el beso, el desconocido me solto y una brillante bengala verde ilumino de nuevo la estancia. Fraulein Landshoff exclamo que se le habian caido las gafas y alguien encendio una lampara para ayudarla a buscarlas. Mire a mi alrededor en busca de Andre; estaba con el conde junto a la ventana mas alejada de mi. Observe al resto de los hombres que me rodeaban. Todos eran altos y llevaban esmoquines. Podria haber sido cualquiera de ellos.

Andre miro hacia donde yo me encontraba y levanto su copa de champan. No logre descifrar el significado de su sonrisa.

En enero, Andre regreso de un viaje a Paris con buenas noticias. El empresario teatral del Adriana estaba planeando un espectaculo a una escala nunca vista antes en la capital y buscaba a alguien sensacional que lo protagonizara. Necesitaba algo novedoso para competir con el Folies Bergere, que estaba cosechando un exito sin precedentes con Josephine Baker, y con el Moulin Rouge, que todavia tenia en cartel su espectaculo de revista mas grandioso, Ca C'est Paris, con Mistinguett. El empresario habia pensado en Camille o en Cecile Sorel, pero desde que Andre le hablo de mi queria conocerme lo mas pronto posible. Teniamos que marcharnos inmediatamente.

El conde Kessler vino a despedirnos a la estacion.

– ?Acuerdese de mi cuando sea una estrella! -me dijo, besandome en las mejillas.

Sonrei al recordar lo formal que habia sido cuando lo conoci y lo intimos que eramos ahora.

Habiamos tomado unas copas de despedida con Max Reinhardt y mis profesores, y llegabamos tarde. El mozo de cuerda se adelanto a toda prisa con nuestro equipaje, pero el anden estaba atestado de gente. Andre levanto la canasta de Kira sobre el hombro. Acababamos de poner el pie en la entrada del anden cuando un hombre con los ojos inyectados en sangre nos tendio bruscamente unos panfletos.

– ?Liberemos Alemania de la basura judia! ?Estan destruyendo nuestro pais! -voceo.

Me quede demasiado desconcertada como para reaccionar, pero el conde le arrebato los panfletos de las manos al hombre y los hizo pedazos.

– ?Liberemos Alemania de la basura ignorante como usted! ?Ustedes son los que destruiran el pais! -le espeto el conde.

El hombre le contesto algo a gritos que yo no entendi. Andre aparto al conde.

El mozo nos llamo: nuestro equipaje ya estaba a bordo, pero todavia teniamos que llegar hasta el tren. Andre y yo nos encaramamos por la escalerilla justo cuando sonaba el silbato y

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