que mi familia solia alimentar a Olly asi, pero la cocina rustica de Pays de Sault estaba a anos luz de la elegante salita de madame Blanchard.

– Hableme sobre usted, mademoiselle Fleurier -me pidio madame Blanchard-. ?Asi que comenzo usted su carrera en Marsella?

Le explique que mi familia tenia una finca con campos de lavanda, le conte la muerte de mi padre y le hable sobre Le Chat Espiegle. Madame Blanchard escucho pacientemente las anecdotas sobre mi origen humilde y no parecio en absoluto contrariada. En todo caso, me dio la impresion de que estaba impresionada por mi determinacion de triunfar.

Mientras madame Blanchard y yo charlabamos, Andre hablaba con su hermana. Sus voces tenian la resonancia afectuosa de una historia compartida de juegos de infancia y secretos comunes. Cuando Veronique termino su trozo de pastel, Andre le corto otro, a pesar de la divertida mirada de censura que les dirigio su madre. Recorde lo que Andre me habia contado sobre que Veronique era la rebelde de la familia y desee que su padre no reprimiera el alegre espiritu de la muchacha… ni tampoco el de Andre. Monsieur Blanchard estaba ausente por negocios en Suiza, pero percibi su presencia dominante en el retrato que colgaba sobre la chimenea. Supe quien era porque se parecia como dos gotas de agua a Andre, pero con un aspecto mas estricto. Pense que era una extrana eleccion decorativa que hubieran colgado el retrato del patriarca de la familia sobre la chimenea de la salita de madame Blanchard. Incluso aunque no estuviera alli, monsieur Blanchard parecia vigilar el orden de la casa.

– Mis hijos son todos tan diferentes -comento madame Blanchard-. Cuando Veronique esta contenta o triste, se le refleja inmediatamente en la cara. Andre es totalmente distinto. Nunca se sabe lo que esta pensando. Con el, es cierto que las apariencias enganan.

Nos quedamos una hora con la madre y la hermana de Andre. Cuando nos levantamos para marcharnos, madame Blanchard me puso la mano en el hombro.

– Me gusta usted -me susurro-. No es en absoluto lo que habia imaginado.

A mi tambien me gusto ella. Me habia dado la sensacion de que era amable y sincera. Sin embargo, habia un toque dubitativo en su voz que me dio miedo. Percibi que el padre de Andre no seria tan facil de complacer.

Mi contrato con el Adriana incluia que me pagaran un porcentaje de mi cache por adelantado. Como Andre se estaba ocupando de mis necesidades materiales, le envie parte del cache a Bernard para que pudiera hacer reparaciones en la finca. Despues, fui a ver a Joseph a la tienda de muebles.

– ?Mademoiselle Fleurier! -me saludo-. Odette no me habia dicho que iba a venir. ?Esta usted buscando algo especial?

Desde que volvi de Alemania, me habia dado cuenta de que Odette estaba melancolica, porque su veintiun cumpleanos habia pasado de largo, y ella y Joseph aun no estaban casados. Joseph gozaba de prosperidad en su trabajo, pero no habia podido ahorrar lo suficiente como para establecer su propio negocio. Sin el, el padre de Odette no les daria su permiso para que se casaran.

– A mis padres les gusta mucho Joseph -me explico Odette-. Pero quieren asegurarse de que puede mantenerme. Y mi tio esta de acuerdo con ellos.

Tuve que abstenerme de sonreir. Odette tenia gustos caros, e incluso sus padres, que eran de clase media, se daban cuenta de ello. Si Joseph no se procuraba unos buenos ingresos, Odette lograria llevarlo a la bancarrota en un solo ano.

– Quiero ayudarle a que abra su propia tienda -le dije a Joseph-. Tengo un cheque aqui para usted en el bolso.

Joseph abrio los ojos como platos y nego sacudiendo la cabeza.

– No, mademoiselle Fleurier, no puedo pedirle a usted tal cosa.

– No, no me lo esta pidiendo -le respondi-, se lo estoy dando yo. Odette es una buena amiga y quiero que se case usted con ella y la haga feliz.

Joseph relajo los hombros y me condujo a su despacho.

– Claro que quiero casarme con Odette -me aseguro mientras me ofrecia una silla-. Pero me sentiria avergonzado de mi mismo si estuviera en deuda con usted. Tengo que rechazar su oferta.

– No sea tonto -le espete-. No estara en deuda con nadie. Un buen dia, cuando consiga tener un negocio prospero, podra amueblar la casa de campo de mi familia en la Provenza. Ellos tienen gustos sencillos, pero desearia que tambien pudieran disfrutar de unos muebles bonitos.

A Joseph se le ilumino la mirada.

– Me encantaria hacerlo. Incluso podria hacer un viaje ex profeso a la Provenza para comprar el material necesario.

– Entonces, ?esta resuelto? -le pregunte, levantandome de mi asiento-. No creo que haya necesidad de que Odette se entere de lo que hemos hablado.

Los ojos de Joseph se llenaron de lagrimas. Era un encanto de hombre y yo estaba segura de que seria un buen marido.

– No tiene usted idea de lo feliz que me ha hecho -me dijo-. Si Odette y yo tenemos algun dia una hija, la llamaremos como usted.

– Sera un honor -le respondi-. Pero no le obligare a cumplir tal cosa.

Cogi un taxi de vuelta a mi apartamento con el corazon henchido de alegria. En un primer momento habia pensado que el dinero solo servia para comprar cosas, pero ahora me daba cuenta de que tambien podia traer la felicidad.

Hacia finales de marzo, todo el mundo trabajaba a toda maquina y llego el sprint final de los preparativos del espectaculo. Normalmente, Lebaron y Minot tardaban entre seis y diez meses en montar cada nuevo espectaculo, pero, gracias a la ayuda de Andre, habian terminado este practicamente en tres. «Practicamente» porque, para cuando se completaron las orquestaciones finales de las canciones, fue necesario cambiar algunas de las coreografias de los bailes. Tambien habia que hacer algunas alteraciones en el vestuario y varios decorados necesitaban arreglos para que casaran con los cambios de programacion. Uno de los electricistas abandono furioso su trabajo y una costurera se desmayo por agotamiento. Odette vino a ayudar con los trajes y yo senti aun mas respeto por mi amiga despues de verla un dia tras otro con una aguja en la mano y el hilo entre los dientes mientras les decia a todos: «?Calma! ?Todo saldra bien!».

El vestido que yo llevaria en la escena final todavia estaba inacabado sobre un maniqui en el taller de vestuario. Me ofreci para terminarlo, pero Minot abrio horrorizado los ojos como platos.

– ?No, no, no, mademoiselle Fleurier! Debe usted reservar energias. Es usted la estrella. El exito de este espectaculo descansa sobre sus hombros.

Yo pretendia ocupar la mente en otras cosas para calmar los nervios. Que el exito del espectaculo descansara sobre mis hombros era precisamente lo que me provocaba sudores nocturnos y accesos de mareo. No le dije a nadie que sufria ataques de panico. El primero me sobrevino cuando el libreto ya estaba escrito y las partituras compuestas. Me encontraba en mi apartamento repasando la letra de una cancion cuando me empezo a palpitar el corazon. Trate de concentrarme en la partitura que tenia delante, cuando comenzo a darme vueltas la cabeza y todo se volvio blanco. El unico modo que tuve de deshacerme de aquellas nauseas fue escondiendo la partitura bajo un cojin. Despues de aquello, solo lograba ensayar en compania de otra persona, normalmente Andre o Minot.

– No consigo memorizar nada a menos que actue para alguien -les explique echandome a reir, para ocultar mi terror tras una sonrisa.

Todo el mundo estaba esforzandose al maximo para preparar el mejor espectaculo de todos los tiempos, asi que no podia aguarle el animo a nadie o hacer que dudaran de mi. Me di cuenta de que la presion que sentia en el Casino de Paris o en Le Chat Espiegle no eran mas que «mariposas en el estomago» en comparacion con esto. Ahora habia mucho mas en juego. Si el publico no respondia, supondria el fracaso de mucha mas gente aparte de mi.

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