Veronique, pero cualquier calidez de ellas dos se veia contrarrestada por la frialdad del resto de los Blanchard.
– Creo que no le gusto a tu hermana -le dije.
– A Guillemette no le gusta nadie -replico Andre-. En todo caso, es la opinion de mi padre la que cuenta. Y creo que le has causado una buena impresion.
Yo tambien creia haberle gustado a monsieur Blanchard, pero entonces me acorde de como me habia mirado los pechos y de como me habia guinado el ojo y me senti incomoda.
En junio recibi un telegrama en el que me comunicaban que tio Gerome habia fallecido. Lebaron suspendio dos representaciones para que pudiera regresar a casa a tiempo para el funeral.
– Murio mientras dormia -me conto Bernard de camino a la finca desde la estacion de Carpentras-. Fue lo mejor que pudo pasar. Su salud habia empezado a deteriorarse de nuevo.
Todo el pueblo acudio al cementerio. Habia tambien gente de Sault y de Carpentras, ademas de docenas de rostros a los que no habia visto nunca. Incluso habia un fotografo de la prensa de Marsella. Dada la impopularidad de tio Gerome, estaba claro que habian venido a mirarme embobados. Me senti avergonzada por estar alli junto a la tumba ataviada con un vestido de seda ligera mientras mi madre y mi tia llevaban los mismos vestidos de algodon negro que se habian puesto durante anos.
En el funeral, monsieur Poulet se puso en pie y dio un discurso.
– Quiero expresar lo orgullosos que estamos de Simone Fleurier, y espero que cuando se case, vuelva a la iglesia de su aldea y a nuestro pequeno ayuntamiento para celebrar la ceremonia.
Resultaba agradable que me recibieran con tanta calidez, pero pense que era de bastante mal gusto dedicarme un brindis a mi en mitad del funeral de tio Gerome.
A la manana siguiente abri los postigos de las ventanas y vi a mi madre trayendo cubos de agua al interior de la casa. Corri escaleras abajo para ayudarla con aquella tarea agotadora y me sente con ella en la cocina mientras hervia una olla en el fuego para hacer cafe. Le habian salido mechones grisaceos por todo el cabello y una vena de aspecto doloroso se le enroscaba alrededor del tobillo. Pense en Mistinguett. Por su edad, podria ser mi abuela, pero comparandola con el aspecto de mi madre ambas podrian haberse intercambiado la edad.
– ?Y si os compro una casa en Carpentras o Sault, o incluso Marsella? -le pregunte a Bernard mientras aseaba al burro y le quitaba los arneses del carro-. La vida seria mas facil para todos vosotros.
– Si, seria mas facil, pero no seria vida -replico-. No para nosotros. Nos gusta estar aqui. Pero te prometo que utilizare el dinero que me has mandado para hacerles la vida mas comoda a tu madre y a tu tia.
La verdad era que el ritmo de vida de la finca, incluso a la hora de hacer el cafe de la manana, era tan lento que me daba tiempo a pensar. Y al hacerlo, me pregunte si era realmente feliz. La muerte de tio Gerome demostraba lo terrible que era vivir con remordimientos. Yo habia creido que convertirme en una estrella seria glamuroso y emocionante, pero, una vez que habia pasado la precipitacion inicial, me di cuenta de que resultaba agotador. Sentia un profundo afecto por Andre, pero debia contener mis sentimientos y, ademas, su familia no me tenia verdadero carino. Por otra parte, su patrocinio alimentaba toda una serie de cotilleos que eran la razon de ser de las revistas parisinas de baja estofa.
Simone Fleurier debe de ser tan buena en su alcoba como sobre el escenario, a juzgar por la calidad de los hombres que la visitan en su camerino tras el espectaculo… ?Como ha llegado esta muchacha flacucha a ser la sensacion de Paris? Quiza haya que mirarle entre… ?lineas? para saberlo.
?Aquella era realmente la vida que deseaba llevar? Las cosas resultaban mucho mas sencillas en la finca. Los cotilleos corrian por la aldea, pero no solian contener maldad. Las palabras de Guillemette se me habian quedado grabadas: «El estar constantemente en el punto de mira de la opinion publica acaba con ellos. Nadie tiene la compostura para vivir asi de deprisa durante demasiado tiempo». ?Acaso no lo habia aprendido en Berlin? Los alemanes vivian mas rapido que nadie, y en la misma epoca de nuestro primer estreno en el Adriana, Ada Godard se desmayo sobre el escenario y murio a causa de una hemorragia cerebral a los veintidos anos de edad. Puede que yo no bebiera en exceso ni tomara drogas, pero habia dias en los que la presion hacia que me palpitara el corazon.
Tuve que abandonar la finca al dia siguiente para regresar al espectaculo.
– Prometedme que vendreis a visitarme a Paris -les pedi a mi madre y a tia Yvette.
Ahora que el tio Gerome no estaba, Bernard podria ocuparse de la finca el solo mas o menos durante una semana. Les di un beso de despedida a mi madre y a tia Yvette antes de montarme en el coche con Bernard. Los rostros de ambas mujeres mostraban una expresion petrea, pero sus ojos brillaban con fuerzas renovadas. Me di cuenta de que se sentian orgullosas de mi.
Aspire los aromas a lavanda, romero y glicinia que impregnaban el aire. «No -pense-, adoro la finca, pero jamas podre volver a vivir aqui». Paris me habia cambiado.
Cuando
Cuando llegamos a El Havre, exhale un grito al ver el tamano del barco.
– ?Nunca habia visto algo tan grande en toda mi vida! -le dije a Andre-. ?Es mas grande que el Louvre o el Hotel de Ville!
– Es el barco mas hermoso del oceano -comento-, y no solo es el mas grande o el mas rapido, sino tambien el mas lujoso. Ya lo veras cuando entremos.
Di una conferencia de prensa en el muelle, con los flashes de las camaras iluminandome, y anuncie que, aunque me emocionaba ir a America, Francia siempre seria mi hogar. Andre y yo avanzamos por la pasarela de entrada, parandonos a mitad de camino y volviendonos para saludar a la prensa y darle una oportunidad mas de tomarnos otra fotografia. El capitan nos recibio cuando llegamos a bordo y me entrego un ramo de rosas de color lila antes de que el primer sobrecargo nos condujera al vestibulo principal, donde podiamos esperar hasta que el barco estuviera preparado para zarpar.
– Ahora entiendo a lo que te referias sobre la elegancia del barco -le dije a Andre.
Estaba acostumbrada a los lujos, pero aquel barco era mas impresionante que cualquier cosa que hubiera visto antes. El vestibulo tenia cuatro cubiertas a diferentes alturas y se extendia casi por toda la longitud del barco. El mobiliario anguloso, las enormes columnas y las pilastras de color rojizo eran la esencia de lo mas chic del estilo art deco.
– Otros barcos copian el diseno de interiores de casas solariegas o de palacios moriscos -me explico Andre-. Pero el
– Me siento mas en un complejo turistico que dentro de un barco - comente.
– Por eso lo he elegido -contesto Andre, deslizando la mano por mi espalda hasta apoyarla en la zona lumbar y manteniendola alli. La calidez de su piel me abraso a traves de la tela del vestido.
– Has olvidado lo que me dijiste en Alemania -le recorde, pasando el
