?Magnificas! Sera usted como una bellisima constelacion estallando en mitad del escenario.
– ?Se sabe algo de la partitura, mister Ziegfeld? -comento Andre-. Me gustaria que mademoiselle Fleurier adquiriera su rutina de ensayos tan pronto como sea posible.
No me quedo claro cual fue la palabra que ofendio mas a Ziegfeld, si «partitura» o «rutina». Arrugo el gesto y se puso tan rojo como alguien encerrado en un ascensor en donde huele mal.
– Joven -le contesto despectivamente-, veo que es usted nuevo en el negocio. Mis producciones no nacen de partituras, guiones o rigidos horarios. Si quiere de esos, quiza pueda encontrar un puesto de representante con los Shubert. Lo mas importante es comenzar con el concepto de belleza…, un sueno. -Se volvio hacia mi y anadio-: Mademoiselle Fleurier lo comprende. Lo entiende porque ella es
Andre me miro de reojo, desconcertado pero sin reproches. Aun asi, me alivio que no insistiera en el tema. Si no, estaba segura de que con el temperamento de Ziegfeld pronto hubieramos estado fuera de la produccion y buscando trabajo con los «Shubert», quienesquiera que fuesen.
– Sabes lo que se comenta sobre Ziegfeld, ?no? -me dijo Andre mientras nos acurrucabamos juntos en la cama en el hotel Plaza unas mananas mas tarde.
Habiamos pasado el dia anterior haciendo turismo: paseamos de la mano por las calles paralelas y perpendiculares de la ciudad, estirando el cuello todo lo que podiamos para ver los rascacielos art deco que se cernian sobre nosotros. Aquella era la primera ciudad moderna que veia y, despues de Marsella, Paris y Berlin, me dio la impresion de que no solo habia viajado a Nueva York, sino que estaba en la luna.
– No, tendras que decirmelo -le respondi.
Andre hizo una mueca comica.
– Dicen que es como el hombre que va a la joyeria y no consigue decidir que es lo que quiere, asi que lo compra todo. Unicamente cuando llega a casa decide lo que desea quedarse y lo que desechara. Se le conoce porque ha tirado a la basura kilometros de tela y cientos de decorados porque en el ultimo minuto cambiaba de opinion.
– Parece una manera bastante cara de trabajar -comente, apoyandome sobre un codo y apartandole a Andre un rizo de la frente-. ?Como puede obtener beneficios?
Andre nego con la cabeza.
– No estoy seguro de que siempre los obtenga. Es bueno gastando dinero, esta claro. En los ultimos dias, me he enterado de que pasa tanto tiempo en los tribunales enfrentandose a demandas judiciales como en su despacho. Y, para colmo, es un ludopata compulsivo.
Me parecia que Ziegfeld estaba hecho para Nueva York. Cuando Andre y yo exploramos la ciudad, nos impresiono su ritmo: todo el mundo hablaba rapido, andaba deprisa y escuchaba el
– ?En que me has metido, Andre? -le espete echandome a reir, y despues, imitando a Ziegfeld, brame-: ?Guiones! ?Partituras! ?Rutinas! ?Es usted imbecil!
Andre alargo la mano hacia la mesilla y abrio un cajon. Saco un documento y lo coloco en la almohada junto a mi.
Me sorprendio que Andre no hubiera esperado a tener un contrato en regla antes de marcharse de Francia. Normalmente solia ser muy maniatico con ese tipo de cosas.
Andre mostro una amplia sonrisa.
– Para los
Cogi el contrato y le eche un vistazo por encima. Para mi sorpresa, Ziegfeld ya lo habia firmado antes de darselo a Andre.
– El apartado del cache esta en blanco -comente, mirando a Andre.
Haberlo dejado en blanco era un gran descuido por parte del empresario teatral.
Andre me dedico una sonrisa ironica.
– Mademoiselle Fleurier, ese apartado esta en blanco porque es usted una
Por mucho que el metodo de trabajo de Ziegfeld nos divirtiera al principio, tras seis semanas sin partitura, sin ensayos y sin una palabra del empresario, Andre y yo comenzamos a impacientarnos. Ziegfeld habia pagado mi cache y tambien abonaba las facturas de nuestra habitacion de hotel, asi que no teniamos ninguna queja en cuanto al dinero. Estabamos locamente enamorados y cada momento que pasabamos juntos era felicidad absoluta, pero tuvimos la oportunidad de visitar demasiados clubes nocturnos, zoologicos, museos y galerias de arte, y ya deseabamos recuperar un poco de rutina en nuestras vidas. Nos molestaba estar esperando cuando ambos queriamos ponernos a trabajar. Durante el tiempo que Ziegfeld habia desperdiciado, yo podria haber grabado otro disco en Francia.
Ya en la septima semana, Andre telefoneo a Ziegfeld dos veces al dia. Todas ellas, Goldie le comunico que el empresario no se encontraba en su despacho.
– Intentalo tu -me pidio Andre-. Tengo la sensacion de que esta ahi, pero que no quiere hablar conmigo.
Goldie me paso inmediatamente con Ziegfeld.
– Bueno, no se preocupe, mademoiselle Fleurier -me tranquilizo-. Su vestuario y el decorado… ?Ah! ?Van a ser magnificos!
Le pregunte cuando ibamos a empezar a ensayar.
– La avisare con tiempo suficiente -me aseguro-. Ahora, trate de descansar todo lo que pueda. La gente paga mucho dinero por ver mis espectaculos y no desean ver a ninguna de nuestras damas con aspecto cansado.
– Algo pasa con el guionista -me aclaro Andre, tras hacer unas cuantas pesquisas-. Los Gershwin se estan quejando de que McGuire parece esperar que las canciones de ellos lo inspiren. El unico problema es que ellos no saben que componer hasta que no vean el guion.
– Pero si la historia esta inspirada en un libro -replique-. Es sobre una chica de Brooklyn que quiere llegar a ser corista de Ziegfeld. ?Por que le resulta tan dificil escribir un guion sobre eso? ?Que necesita McGuire para «inspirarse»?
Andre se encogio de hombros.
– Nunca habia visto nada parecido. Pensaba que Lebaron y Minot estaban locos, pero al menos al final teniamos una programacion y un espectaculo.
Pasaron dos semanas mas sin que nada sucediera. Andre y yo nos resignamos a que si Ziegfeld no nos llamaba para finales de la semana, tendriamos que marcharnos a Sudamerica. Al dia siguiente, tras telefonear pacientemente a Ziegfeld y que le dijeran que no estaba, Andre sugirio que fueramos a Brooklyn. Nos montamos en las atracciones de Coney Island y nos pasamos la tarde caminando por el paseo maritimo.
Nos sorprendio la mezcla de nacionalidades de la gente que se encontraba a nuestro alrededor. No solo eran estadounidenses, sino que habia italianos, rusos, polacos, espanoles
