edificio, pero ninguna era Gwyneth Paltrow.

– Bueno -dijo entonces Rebeca-, abandonemoslo.

Salieron del auto y se tomaron un taxi.

* * *

Rebeca miro la hora con alguna impaciencia y vencio la tentacion de abrir el diario. Tenia su filosofia con respecto a la conducta en los taxis:

a. Nunca leas nada en un taxi: el chofer se va a pasar “porque estaba distraido” y el viaje va a salir mas caro y mas largo.

b. Si el chofer es extremadamente simpatico y conversador, vigila el reloj, seguro que esta acelerado.

El taxi avanzaba penosamente por Viamonte y se detenia en cada luz amarilla como si tuvieramos la vida por delante. Por fin llegaron a la peluqueria. Piero estaba apenas comenzando un brushing: media hora por lo menos y no habia forma de eludir la cosa. Hoy su jefe, Memelsdorff, le iba a presentar al Dr. H., el jefe de todos los jefes. Aca Rebeca podia leer tranquila el diario, pero antes estaba el Para Ti, lo primero es lo primero.

– ?Me permite el diario? -Era un hombre, que al parecer esperaba su turno tambien. Perfecto traje y corbata, parecia un poco fuera de lugar en la peluqueria.

– Bueno, no -dijo Rebeca-. Sabe que pasa, todavia no lo lei.

– Entiendo -dijo el hombre, pero se quedo mirandola.

– Es una debilidad que tengo -Rebeca se sintio en la obligacion de agregar-: No me gusta que nadie abra el diario antes que yo. Me ha costado un par de novios y una mucama.

– Tiene razon -dijo el hombre con toda seriedad-. Hay que tener claras las prioridades en la vida.

Rebeca aparto la mirada del Para Ti (Un jardin de invierno ganado al balcon) y lo miro con los ojos entrecerrados por la suspicacia. Despues de un momento y sin decir palabra le alcanzo el diario y volvio a la revista.

Ese fue el comienzo de una bella amistad. El hombre, llamado Villa, se dedicaba a la compraventa de autos usados.

– No me diga. Yo tengo un auto abandonado por ahi. ?No quiere venderlo?

– ?Un auto abandonado? ?Que quiere decir?

Villa no podia creer que Rebeca hubiera dejado un Clio nuevo abandonado en una calle de Palermo hacia ?dos, tres meses? Algo asi. ?Tenia algun problema? No arrancaba. ?Eso es todo? Bueno, es una larga historia. Villa miro a su alrededor como si buscara una respuesta en alguna parte. Nadie le presto atencion. Va a haber que cambiarle la bateria, eso es seguro. ?Estas segura de querer venderlo? Ya se tuteaban, la situacion lo merecia. Debo tener las llaves por aqui en alguna parte, dijo Rebeca mientras metia la mano en su cartera abismal.

Veintidos dias mas tarde Villa la llamo por telefono e hicieron una cita en el bar contiguo a la peluqueria, tal vez por cabala. Rebeca apenas presto atencion al relato del hombre y los papeles que le daba. Despues de descontar gastos y comisiones, le entrego una buena cantidad de dinero y una fuerte recomendacion de hacer el tramite de la transferencia, que ella por supuesto olvido al instante. Rebeca estaba feliz e invito el cafe.

* * *

Poco despues de aquellas navidades Tato Welsh se fue a Seattle a un congreso de arquitectos y no volvio nunca mas. Rebeca pensaba en el cada vez que buscaba un taxi. Extranaba su auto con desesperacion. Ahora era una chica accesible y vulnerable que no conseguia taxi. Marzo torrido en Buenos Aires: la gente loca y el pavimento derretido por el sol. Rebeca fue a la oficina en colectivo.

Donato, su jefe, la esperaba con buenas y malas noticias. La mala noticia era que esa tarde tendria que hacer sola la presentacion de Furmann (cliente principal de la agencia) porque el tenia que ir a Madrid por diez dias.

?Esa es la mala noticia? Rebeca puso una cara neutra y se reservo su comentario.

La buena noticia era que le dejaba el auto. Memelsdorff viajaba con su mujer y no queria dejar el auto al alcance de su hijo de diecisiete anos.

Rebeca se dejo puesta su cara neutra. Tenia muchas leyes para su vida de trabajo, pero en este caso solo penso en una:

a. No beses a tu jefe en la boca no importa lo que pase.

Furmann aprobo todo (por supuesto) y practicamente no discutio las condiciones. Si habia un momento para celebrar, era este.

El auto de Donato la esperaba en el estacionamiento de la empresa, majestuoso y solitario. Era un Audi A4 azul profundo, con el tapizado de un gris sutil sutil. Oh Dios.

Rebeca acciono el aparatito a dos metros de distancia, pliqui, y las cuatro perillas de seguridad se abrieron al mismo tiempo. Oh Dios.

Entro al auto, oh Dios, y dejo que el cuero suave de ese gris sutil sutil la envolviera. Cerro los ojos, hacia rato que no sentia tanto placer. El asiento de ese auto era como el abrazo de una madre, como el pecho de un hombre, como un edredon de plumas sobre unas sabanas muy suaves, muy tirantes. El olor de la tecnologia, el arrullo del futuro. Oh Dios.

Rebeca encendio el motor, un ronroneo, y salio del estacionamiento. Con infinita cautela, el auto era enorme.

En dos minutos exactos se sintio como si toda la vida hubiese manejado autos de ese tamano. Tomo el bajo, Figueroa Alcorta, el rio. Puso musica, aire acondicionado, se dejo, se dejo. Nunca se sintio mas vulnerable, mas disponible.

Si no miraba el tablero ni se daba cuenta de que iba a ciento sesenta kilometros por hora. Como pudo vivir dependiendo de los taxistas con sus radios estridentes. Con su olor a tabaco y desinfectante.

Se sintio protagonista de todos los avisos publicitarios. Alta y bella. Ay, Tato, existen tantas formas de ser accesible.

Los diez dias pasaron tambien a toda velocidad. Rebeca devolvio el auto perfectamente lavado y con el tanque lleno. Rebeca es un caballero.

Mas tarde, en su escritorio, tomo el telefono y penso un instante. ?Un minicooper? ?Soportaria tanta sensualidad? No. Esto no era una aventura sino matrimonio. Llamo a la agencia de siempre y pregunto cuales eran los colores nuevos del Megane.

Rosa Montero

Los besos de un amigo

ROSA MONTERO nacio en Madrid en 1951. Es narradora y periodista. Publico las novelas Cronica del desamor, La funcion delta, Te tratare como a una reina, Bella y oscura, y La hija del canibal (Premio Primavera de Novela 1997). Es autora ademas de los libros Amantes y enemigos, Pasiones e Historias de mujeres. “Los besos de un amigo” pertenece a su libro de cuentos Amantes y enemigos (1998).

***

Se llamaba Ruggiero y era vecino de Ana: ella vivia en el segundo y el en el sexto. Ruggiero era italiano, periodista, corresponsal en Espana del Corriere della Sera. Tenia treinta y cinco anos, una esposa llamada

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