inutilmente, sin que yo pudiera hacer otra cosa que saltar primero con un pie y despues con el otro) o si debo decir que fue mas bien una especie de horror, que al principio no estaba motivado por el mundo en general sino por mi imagen, a la que veia en el espejo comportandose de una manera tan extravagante cuando su corazon todavia era capaz de una de estas subitas premoniciones. El horror motivado por el mundo vino inmediatamente despues, cuando pude detectar con precision de donde me venia esta inesperada rafaga de locura: la musica.
– Pero esto es la Sinfonia Pastoral -dije con espanto.
Mi conducta era inadecuada. ?No constituia yo misma (a quien hemos llamado La De Las Infinitas Posibilidades), contoneandome festivamente ante un espejo, una herejia suficientemente rotunda como para que, durante el resto de mi vida, me viera obligada a hacer la vista gorda ante cualquier otro amague de desorden en el universo?
De cualquier manera, a nadie parecio resultarle muy grave eso de hacer gimnasia al compas de la Pastoral. En cambio mi demostracion de cultura tuvo su efecto. Siguieron saltando, pero senti las miradas de respeto posarse sobre mi nuca. Muy bien, yo ya tenia mi pequeno papel en esta pequena cofradia. Empece a saltar.
La profesora me miraba como a una hermana.
– La musica de las musicas -me dijo-. ?A usted no le parece?
En esos casos lo mejor es decir hmmm, o emitir un si muy debil, cosa de no entrar en detalles. Yo tengo decidido desde el vamos, para tranquilidad de mi espiritu, que mujeres como esta no pueden conocer al mismo Beethoven que yo conozco, ?no es cierto? Entonces ?que necesidad tenia de empezar una conversacion?
– Lo que si -dije saltando-, de “pastoral” tiene poco.
Vanidad. Era ni mas ni menos que por vanidad. Debia valorizar de algun modo el pequeno rol que se me habia asignado. Pero me salio el tiro por la culata. Resulta que la profesora compartia totalmente mi opinion. Mas que pastoral, ella creia que debia llamarse la Sinfonia Tempestuosa. Hablaba, naturalmente de las tempestades del alma.
– Naturalmente -dije.
Y era justo eso lo que ella habia hecho. Habia encarnado en la musica los desgarramientos del artista. Solo le faltaba el arreglador.
?Arreglador?, me pregunte. ?De que habla esta mujer?
– Usted ya tiene su arreglador -dijo perentoriamente, aunque jadeando, la de malla violeta.
– Pero si hace quince dias que esta con conmocion cerebral -dijo la profesora.
– Se va a curar -dijo con decision la de malla violeta.
La profesora sacudio la cabeza con desaliento.
– Usted sabe que no se va a curar, Fedora -dijo-. Siempre me pasa lo mismo -me miro-. Hace diez anos, una alta personalidad italiana me vio bailar. ?Sabe lo que dijo de mi? Pueden dejar de saltar, chicas. Dijo que yo le recordaba a la Karsavina y a la Pavlova, fijese lo que le digo. Decia que es falso lo que se cree: la Pavlova no tenia nada que hacer al lado de la Karsavina. Bueno, cuando me vio, lagrimas le corrian. Decia que yo soy igualita que la Karsavina pero tengo la suerte de ser mas expresiva. Queria organizarme enseguida una gira por toda Europa. Saben lo que le paso -me miro larga e inexpresivamente-. Se murio -dijo.
– Pero usted no tiene que tomarlo de esa manera -dijo la chica altisima.
– Yo no lo tomo de ninguna manera, querida. Digo que se murio. ?Y el hombre de hace tres anos, el que me iba a conseguir la temporada en el Colon? -sonrio mostrando los dientes; su expresion era casi de triunfo-. Se murio -dijo.
– El arreglador todavia esta vivo -la alento la de la malla violeta.
La profesora sacudio el dedo indice.
– Pero se va a morir -dijo.
– Bueno -dijo la senora peinada de peluqueria-, ?entonces sabe lo que tiene que hacer? Buscarse ya mismo otro arreglador. Yo se lo decia a mi marido y el enseguida me lo dijo. Lo que tiene que hacer, dijo, es buscarse enseguida otro arreglador.
– Usted cree que es tan facil, querida -dijo la profesora. Hubo un silencio, que rompio la chica altisima.
– Digo yo una cosa -dijo-. ?Y no se puede bailar asi como esta?
– Primero y principal, la cuestion del nombre -dijo la profesora-. ?Se da cuenta? Yo no puedo agarrar la Sinfonia Pastoral asi como esta y llamarla Tepsi Cora.
– Pero digo yo una cosa -volvio a decir la chica altisima-. Si Beethoven esta muerto, ?quien va a protestar? A menos que haya dejado descendientes -me miro a mi-. ?Alguna sabe si dejo descendientes? -dijo.
– Yo le puedo decir a mi marido que averigue -dijo la senora del peinado.
La profesora sonrio con suficiencia.
– Le agradezco, querida -dijo-, pero no se trata solo de eso. Un ballet no es lo mismo que una sinfonia, ?se da cuenta? Tiene otra estructura.
Estructura, claro. Me parecio que empezaba a entender.
– Perdon -dije-, usted quiere hacer un ballet basado en la Sinfonia Pastoral.
La de malla violeta me miro con asco.
– Ella ya hizo el ballet -me dijo-. Lo que le falta es el arreglador.
– Es mas que un ballet -dijo la profesora-. Es la vida encarnandose en la danza. Tomar la vida, entiende, y hacerla danza.
Yo entendia, claro, como no iba a entender. La vida, sencillisimo. Y de pronto la mire y senti una especie de vacio en la boca del estomago: ballet nato. Ballenato. Y me dio miedo. Pero como no iba a entender: la vida, claro. Ella y yo y la mujer llamada Fedora y la chica altisima y la senora que tenia un marido, y tambien el marido, y especialmente el arreglador muriendose de conmocion cerebral y especialmente todos los que faltan en esta historia. Hacerlos danza, bailar ese sillon, bailarlo todo. Que porvenir nos espera, trate de pensar con ironia.
Pero no tenia por que preocuparme: Tepsi Cora no era complicado. La profesora lo estaba contando ahora (mas que contarlo lo estaba bailando) y habia que admitir que ya lo tenia todo resuelto. Solo le faltaba el arreglador. Al levantarse el telon Tepsi Cora aun no ha nacido; esta replegada sobre si misma en actitud fetal. Vienen los Dones Prodigiosos (pas de quatre de los dones prodigiosos) y la van dotando para la danza. El rostro (rostro de Tepsi Cora que se vuelve expresivo), los brazos (se agitan como alas), las piernas (piernas en quinta posicion), y finalmente el alma. Entonces Tepsi Cora comienza a danzar su alegria de estar viva. Pero aparecen las Fatalidades (
El segundo y el tercer acto nos hablan de la tenacidad de Tepsi Cora, de sus estudios, de las Amistades y del Amor. La Envidia, los Celos y la Traicion hacen presa de las Amistades. Cerca del final del tercer acto hay una escena muy cruel en la que el Prometido huye con la Mejor Amiga unos dias antes de la boda. Tepsi Cora baila su dolor, baila por sobre todas las desgracias de la tierra, baila a pesar de todo. Y termina el tercer acto.
El cuarto acto tiene un tono mas bien metafisico. La Fatalidad (que hasta el momento ha aparecido bajo la forma de un pas de quatre, o como distintas vicisitudes de la realidad) ahora es una abstraccion. Aun la propia Tepsi Cora, mas que ella misma, es la encarnacion de la danza, del arte en general y de todo lo bello que es posible en el mundo. La Fatalidad, que hacia el final es el Tiempo, se ensana cada vez mas ferozmente con Tepsi Cora pero ella no trastabilla: cada vez danza mejor.
Nunca pude saber quien triunfa. En la mitad de un entrechat desesperado que representaba la ultima embestida de Tepsi Cora contra el Tiempo, la profesora se detuvo y miro el reloj. Despues nos miro a todas, una por una, emitio una risita misteriosa (de que se estaba riendo, o de quien), y con jovialidad nos dijo:
– Y ahora basta de haraganear, mis ratonas en flor. Un poco de pancita, s’il vous plait…
Entonces nos acostamos en el suelo y comenzamos a hacer la bicicleta. Me senti bien: esto era una clase de gimnasia y las bicicletas me salen maravillosamente; es increible el control que tengo sobre mis musculos abdominales. Por otra parte, siempre es agradable corroborar que pese a ciertos desniveles, a algunas inquietantes amenazas de zozobra, y dejando de lado, claro esta, los desequilibrios de la mente, las enfermedades incurables, la vejez y la gordura, son practicamente nulas las probabilidades de riesgo que ofrece
