menor logica.

Yo empezaba a impacientarme. Se supone que habia pagado para asistir a una clase de gimnasia. Que estaba haciendo alli sentada, escuchando una historia sobre hortensias, entre mujeres que no parecian tener otra preocupacion en sus vidas que sentarse a oir hablar de jardincitos. ?No tenian otra preocupacion? ?Y yo? ?No estaba yo tambien alli sentada? ?Y que cambiaba lo del jardincito? ?O es que, si de pronto comenzabamos a contorsionarnos y flexionarnos y erguirnos y plegarnos, mi estar alli subitamente se cargaria de sentido? ?No tendria algun fundamento la opinion de ciertos hombres acerca de la ridiculez de las mujeres?

La accion me libero del conflicto. “A trabajar, ratoncitos”, habia dicho la profesora, y ahora estabamos de pie ante un gran espejo.

Oi Las Silfides y pense que era natural. El rodete, claro. Y los ojos. Ojos rasgados, de loca. Ahora Las Silfides. Todo era natural.

Y yo ante un gran espejo comenzando el rito. Eso tambien era natural. Sentirme bien a pesar de todo, alegrarme de mi imagen que todavia es capaz de moverse con cierta alegria, ?no era eso, tambien, una manera de modelarse?, ?no podia acaso considerarse como una lucha contra el azar, contra la corrupcion? Schopenhauer no se habria apurado un poco, no habria extrapolado demasiado con eso de la ausencia de. Doy fe que hay como rafagas de miedo, un vertigo infinito mirando el innumerable pozo del universo, algo como un vislumbramiento del Paraiso al escuchar la Pequena Fuga, ganas de darme de cabeza contra las paredes, un sueno de felicidad que aparece y desaparece como una estrella fugaz. ?Y como llamar a la suma de estos fenomenos? Llamemosle hache, lo cual no impedira las rafagas pero tampoco impedira, he aqui la cuestion, la conciencia del cuerpo. Y no como mero receptaculo del alma, para que nos vamos a enganar. Un cuerpo real y conflictivo y, por que no decirlo, trascendente. Y mientras lo escribo ya se que es una exageracion decir que yo estaba en esa clase de gimnasia, entre esas hermanas edenicas, o yeguas, balanceandome y curvandome y extendiendome absurdamente porque la Divina Providencia nos ha dotado a las mujeres de un cuerpo tan digno de atencion como la Prestigiosa Alma (inventada por los hombres), pero lo cierto es que yo estaba alli balanceandome y eso no me impedia saber que a lo mejor voy a morirme sin haber dicho aquella verdad que, en momentos mas prosopopeyicos, pienso que yo debo decir sobre las mujeres y los hombres. Dicho todo esto sin el menor respeto por mi misma que, a la sazon, trataba de elevarme por una cuerda imaginaria.

Porque de eso se trataba, asi de compleja es la realidad. Se trataba de trepar lo mas posible por una cuerda imaginaria. La profesora inflamaba la escalada con palabras de aliento.

– Mas alto, mis ratoncitas. Cada vez mas alto. -Cosa que tenia un innegable valor simbolico.

Lo que viene despues no es muy digno de mencion, a menos que se asigne una importancia particular al contraerse y expandirse de cuatro mujeres, todo al compas de Las Silfides y bien sazonado, por parte de la quinta mujer, lider del grupo, con palabras que reducian el hace poco enaltecido cuerpo femenino a una ensalada algo repulsiva de organos defectuosos aunque maleables que, merced a la gimnasia, se tornarian bellos y sensuales.

Hasta que la musica vira de Chopin a Stravinsky.

En realidad no se si fue el viraje lo que enardecio a la profesora y al conjunto o si este actuaba meramente como senal, y tres veces a la semana (a esta altura habia comprobado que, salvo yo, todas eran habitues y la veterana era la de malla violeta: quince anos sin interrupcion asistiendo a las clases de la profesora), cuando la musica pasaba de Chopin a Stravinsky, la profesora y las alumnas repetian el ritual.

Lo cierto es que de pronto oi una orden incomprensible.

– Ballone a plat.

Yo estaba intentando desentranar el significado de esta expresion. No habia llegado mas alla del equivalente: “ballon igual pelota” y trataba de aplicar este conocimiento a las posibilidades motrices del cuerpo humano cuando comenzo el desenfreno. La profesora hizo mas o menos lo siguiente: flexiono una pierna y al mismo tiempo separo y levanto la otra, tomo impulso con la pierna flexionada y se proyecto hacia arriba mientras separaba mucho mas la pierna estirada, cayo sobre la pierna flexionada mientras plegaba la pierna estirada y apoyaba el pie correspondiente sobre la tibia de la pierna cuyo pie ya estaba en el suelo. Todo ocurrio a gran velocidad, de modo que cuando yo me dispuse a reflexionar sobre el fenomeno la profesora lo repitio, pero esta vez invirtiendo las funciones de las piernas, mientras nos estimulaba.

– A ver, mis ratoncitas -gritaba, saltando alegremente-. Todas juntas. Ballone a plat.

No voy a describir lo que a partir de ese momento vi por el espejo. Basta con el ruido. El ruido no era sincronico, ya que de ninguna manera conseguiamos caer todas al mismo tiempo; tampoco era uniforme: variaba entre el mero golpe, el golpe rotundo y el estruendo de acuerdo al peso y agilidad de cada protagonista. La profesora no parecia inquietarse por estas herejias. Al contrario: danzaba y nos miraba caer con una inmensa sonrisa. Estaba radiante.

– Cabriole battue -grito de pronto.

Sinteticamente, dire que la cabriole consiste en dar un salto vertical, levantar una pierna para el costado, levantar la otra pierna para el mismo costado, hacerla chocar con la primera pierna, volver ambas piernas a su posicion vertical, y descender. En cuanto al battue, fue lo que le valio a Nijinski su identificacion con un pajaro, y nosotras debiamos ejecutarlo en el momento crucial en que nuestras dos piernas estaban en el aire y peligrosamente oblicuas respecto del plano del suelo. Debo aclarar que puedo recomponer estos movimientos gracias a mi memoria, a mis estudios de fisica, y a un manualcito sobre tecnica de la danza que tengo aca en el escritorio y que enriquece mi metodologia con un cierto rigor cientifico. Es muy probable que, de haberlos estudiado durante unos diez anos, yo hubiera podido repetir estos movimientos, si no con gracia al menos con precision. En el breve lapso que transcurrio hasta que pasamos de la cabriole battue a la pirouette fouetee no fue demasiado lo que pude aportar a la danza.

El peligro real, sin embargo, no ocurrio hasta la parte del detire. El detire es verdaderamente tremendo: consiste en sujetarse la planta del pie con una mano e ir estirando el brazo, y por consiguiente la pierna, hasta que quedan extendidos por completo. Esto fue, al menos, lo que hizo la profesora. Se quedo en esa posicion, una cruza de garza y ballenato, mientras nos miraba sonriendo. Esperaba. Pero que cosa esperaba. Ahi debia estar el centro de la cuestion, algo que poco a poco yo iba descubriendo. Habia un placer enorme en ella, y no solo porque se estaba manifestando ante su pequeno auditorio sino (y fundamentalmente) porque era la reina de ese auditorio. Esas mujeres la admiraban y ese rito (ahora yo podia jurarlo) se repetia tres veces por semana con los mismos movimientos, con los mismos fracasos por parte de las improvisadas bailarinas, con las mismas palabras de aliento por parte de la profesora:

– Adelante, mis pichoncitas, c’est tres facile.

Como un sonsonete llegaba la voz de las alumnas, que desesperadas con su pie en la mano (yo tambien, acababa de darme cuenta, tenia mi pie en la mano y lo mantenia por una especie de disciplina, o de estoicismo, que vaya a saber lo que queria decir), bramaban su adoracion por la que si habia podido estirar su pie, la artista, la todopoderosa.

Ella mantuvo triunfalmente la pierna en alto, contemplandonos (el espectaculo, lo vi en el espejo, no era honroso) y al fin emprendio una serie de gargouillades, arabesques piques, developpes sautes, y sissones brisses mientras la clase tambien se deslizaba, batia, volaba y galopaba en un paroxismo indescriptible. En el saut de chat ya nada podia detenernos. Mire hacia el amplio ventanal que tenia al costado: Ahora nos falta el final de El Espectro de la Rosa y estamos hechos. Nos imagine sin esfuerzo a todas nosotras, con la profesora a la cabeza, emprendiendo nuestro ultimo salto consagratorio a traves de la ventana y muriendo como Dios manda, que embromar, ya lo dijo Rilke, y como emocionante nadie podra decir que no es emocionante. Pero no, el asunto se resolvio en un temps de fleche realmente notable.

Y tal vez todo hubiera podido quedar en eso, tal vez unos segundos mas tarde ella habria dado la orden de que nos acostaramos en el suelo y entonces hubiesemos pasado sin pena ni gloria (ni patetismo, porque la historia venia bien y nadie podia prever que en esta parte iba a empezar a ponerse patetica) a los ejercicios abdominales y todo hubiera sido tan normal y saludable que esto apenas mereceria recordarse.

Pero hubo una interpolacion. ?El vestigio de una suave pendiente por la que tal vez alguien puede estar despenandose sin siquiera advertirlo? Una senal de peligro, en fin.

Empezo justo en el emboite, saltito facil si los hay, que no tenia otro proposito, la profesora lo dijo, que distender nuestros corazones y nuestras piernas y prepararnos para lo que vendria. Sencillamente, algo llego a mi y me arraso. Y todavia no se si lo debo describir como una avalancha de alegria que me colmo hasta el punto de no poder ya contenerla y sentir como me salia por las orejas y corria por el gimnasio (tanta alegria corriendo

Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату