sucesion. Su nombre patronimico es Wyoming. ?Bonito nombre!

– «Las grandes extensiones abiertas.» Dime, Diana, ?que hay en la expresion «hombre-macho», que me pone tan furiosa? – Bueno, es como estar en una habitacion con un jarron de girasoles. Pero los «hombres-machos» no estan confinados en las grandes extensiones abiertas. Hallaras a uno de ellos en Saxenden.

– ?De veras?

– Si. Buenas noches, querida. ?Y que ningun «hombremacho» perturbe tus suenos!

Cuando Dinny se hubo desvestido, volvio a coger el Diario y leyo otra vez un parrafo que habla senalado: «Esta noche me siento muy debil, como si hubiese perdido toda la linfa vital. Solo logro darme animos casando en Condaford. ?Quien sabe lo que diria el viejo Foxham si me viese curar a las mulas! Lo que he inventado para su colico haria salir pelos a una bola de billar, pero lo cura estupendamente. La Provi dencia tuvo un momento feliz cuando creo el interior de una mula. Esta noche he sonado hallarme en casa, a la entrada del bosque, y los faisanes se me venian encima como un torrente. Ni siquiera para salvarme hubiese logrado disparar mi escopeta: me dominaba una especie de paralisis horrible. Pensaba continuamente en el viejo Haddon y en sus palabras: '?Adelante, senorito Bertie! Apriete fuerte los talones y agarrese a la cabeza'. ?Buen viejo Haddon! Era un tipo. La lluvia ha pasado. Por vez primera desde hace diez dias el tiempo es seco. Y brillan las estrellas.

A ship, an isle, a sickle moon,

Wit feuw but zoith how splendid starsll [3]

?Si pudiese dormir!…»

CAPITULO VII

Esa esencial e intima irregularidad, cuarto por cuarto, que diferencia a las viejas moradas inglesas de cualquier otra variedad de casas de campo, era patente en Lippinghan-Manor. La gente entraba en las habitaciones como si pensara quedarse alli para siempre; y, mientras tanto, respiraba una atmosfera y vivia entre muebles distintos que los de las demas habitaciones. Al abandonarla, tampoco se sentia en la obligacion de dejarla tal como la habia encontrado, suponiendo, desde luego, que lo recordara.

Hermosos muebles antiguos permanecian con indiferencia al lado de otros modernos, comprados para mayor comodidad los retratos de los antepasados, oscuros y amarillentos, estaban frente a paisajes franceses y flamencos, todavia mas oscuros y amarillentos, y aqui y alli colgaban de las paredes deliciosos grabados antiguos y miniaturas que no carecian de gracia. En dos de las habitaciones, las magnificas chimeneas antiguas estaban profanadas por unos guardafuegos modernos sobre los que era posible sentarse. A uno le costaba trabajo darse cuenta de la disposicion del cuarto -y luego la olvidaba en seguida. En la habitacion era corriente hallar un armario de nogal de valor inapreciable y un lecho de columnitas de un periodo excelente; en el hueco de la ventana, un asiento con cojines y unos grabados franceses. Al lado habia una reducida habitacion con una pequena cama y un cuarto de bano en donde podia o no faltar el espacio, pero no las sales.

Uno de los Mont habia sido almirante; por eso, algunos viejos y extranos mapas maritimos, adornado.-; con dragones que azotaban los mares con las colas, se ocultaban en los desparejos angulos de los pasillos; otro Mrmt, el septimo baronet, abuelo de sir Lawrence, habia sido un gran aficionado de las carreras de caballos; por tanto, en las paredes se podia estudiar la anatomia de los pura-sangre y de los jockeys de su epoca (186o-1883). El sexto baronet, que por haber sido un politico vivio mas tiempo que los otros, dejo los signos del primer periodo victoriano: su mujer e hijas, en crinolina, y el mismo con patillas. El exterior de la casa era carolino, suavizado aqui y alla por una anadidura georgiana y por unos fragmentos victorianos en los puntos en los que el sexto baronet dejara libre curso a su afan restaurador. La unica parte decididamente moderna la constituian las instalaciones hidraulicas.

Cuando Dinny bajo a desayunar, la manana del miercoles – la caceria tenia que comenzar a las diez -, solamente tres senoras – y todos los hombres, excepto Hallorsen – se hallaban sentadas o bien se acercaban a las mesas. Tomo asiento en una silla, al lado de lord Saxenden, quien apenas se levanto diciendo

– ?…dias!

– Dinny – le dijo Michael, que estaba frente al bufete -, ?que quieres tomar: cafe, chocolate o agua mineral? -Cafe y salmon ahumado, Michael.

– No hay salmon.

Lord Saxenden levanto la vista, y musito: «?No hay salmon?», y volvio a su salchicha.

– ?Un poco de merluza? – pregunto Michael. = No, gracias.

– Tia' Wilmet, ?que puedo servirte? – Pescado con salsa.

– : No hay. Rinones, lomo, huevos revueltos, merluza, jamon y pastel de perdices.

Lord Saxenden se levanto. «?Ah, jamon!», exclamo, y se dirigio hacia el bufete.

– ?Bien, Dinny?

– Solo un poco de mermelada, Michael.

– ?Grosella, fresa, frambuesa o naranja?

– Grosella, por favor.

Lord Saxenden volvio a su sitio, llevando un plato de jamon. Mientras lo comia, empezo a leer una carta. Dinny no pudo hacerse una idea de la expresion de su rostro, porque no le veia los ojos y tenia la boca llena. Pero le parecio comprender por que razon le habian puesto el apodo de «Snubby». Tenia la cara colorada, los bigotes y los cabellos claros que ya empezaban a volverse grises, y estaba sentado delante de la mesa en una actitud envarada. Repentinamente volviose hacia ella y dijo

– Perdoneme si estoy leyendo esta carta. Es de mi mujer. Se halla enferma, guardando cama.

– ?Oh, lo siento mucho!

– ?Una cosa horrorosa! ?Pobrecilla!

Se metio la carta en un bolsillo, se lleno la boca de jamon y miro a Dinny, quien entonces pudo ver que sus ojos eran azules y que las cejas, mas oscuras que los cabellos, semejaban unos montoncitos de anzuelos para pescar. Sus ojos parecian decir: «Aun soy joven, aun soy joven». En ese momento Dinny se dio cuenta de que Hallorsen acababa de entrar. Permanecio dubitativo un instante, y luego, al verla, se acerco al sitio que estaba vacio a su lado.

– Senorita Cherrell – dijo, con una inclinacion -, ?puedo sentarme aqui?

– Naturalmente. Si desea usted comer, las viandas estan todas alla abajo.

– ?Quien es ese? – pregunto lord Saxenden, mientras Hallorsen iba hacia el bufete -. Es un americano, sin duda.

– El profesor Hallorsen.

– ?Oh! ?Ah! Escribio un libro sobre Bolivia, ?verdad?

– Si.

– Buen mozo.

– El «hombre-macho».

El la miro sorprendido.

– Pruebe este jamon. Creo haber conocido a uno de sus tios en Harrow, senorita.

– ?A mi tio Hilary? – dijo Dinny -. Si, ya me lo dijo.

– Un dia aposte con el tres platos de fresas contra dos a ver quien bajaba mas aprisa las escaleras del gimnasio.

– ?Vencio usted, lord Saxenden?

– No; y jamas le pague la deuda a su tio.

– ?Por que?

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