se hallaba en: juego tambien la integridad de la Policia.
La sesion ya habia comenzado cuando Dinny logro acomodarse en los ultimos treinta centimetros cuadrados que aun estaban libres. Los vecinos que tenia a la derecha le recordaron un verso infantil: El
?Queria decir buscando a alguien?
Puede que si, pero, ?como podia saberlo? No, no miraba al suelo; no, no se habia detenido; a «el» ni le habia echado una mirada. ?Le habia dirigido la palabra? ? Nada de eso!?Que estaba haciendo? Despues de haber cerrado se habia quedado ante la puerta de su tienda para respirar un poco de aire puro. ?La habia visto hablar con alguien? No, pero el no se habia quedado mucho rato.
– El reverendo Hilary Charwell.
Dinny vio a su tio levantarse y subir al banco de los testigos. Tenia un aspecto agil y poco sacerdotal. Dinny se quedo mirando con agrado su largo rostro solido, tan arrugado y risueno.
– ?Se llama usted Hilary Charwell? – Cherrell, si no le importa.
– En absoluto. ?Es usted el vicario de St. Agustin-inthe-Meads?
Hilary inclino la cabeza. – ?Cuanto tiempo hace? – Trece anos.
– ?Conoce usted a la acusada? – Desde que era nina.
– Diganos, por favor, senor Cherrell', ?que sabe usted de ella?
Dinny vio que su tio se volvia con decision hacia el magistrado.
– Sus padres, sir, fueron unas personas merecedoras del maximo respeto. Educaron bien a sus hijos. El padre era zapatero. Pobre, por supuesto. Todos somos pobres en mi parroquia. Casi podria decir que murieron de pobreza hace cinco o seis anos y desde entonces apenas si he perdido de vista a sus dos hijas. Trabajan en la casa Petter y Poplin. Jamas he oido decir nada en contra de Millicent. Por lo que me consta, es una muchacha buena y honrada.
– Supongo, senor Cherrell, que no tendra usted muchas oportunidades de juzgarlo por si mismo, ?verdad?
– Suelo visitar la casa en donde viven ella y su hermana. Si viese usted. aquella casa, sir, convendria en que, para vivir como viven, es necesario respetarse a si mismo.
– ?Frecuenta su iglesia?
Una sonrisa aparecio en los labios de Hilary y se reflejo en los del magistrado.
– Raramente, sir. Los domingos son demasiado preciosos para los jovenes de hoy en dia. Pero Millicent, asi como otras muchachas, pasa sus vacaciones en nuestro albergue cerca de Borhing. La senora Mont, esposa de un sobrino mio, que es la que administra el albergue, me ha dado buenos informes de Millicent. ?Puedo leer- lo que me ha escrito?
– Si, sir, estoy convencido de ello.
La acusada se llevo el panuelo a los ojos, y Dinny sintiose repentinamente llena de indignacion contra la extrema miseria de aquella situacion. ?Tener que estar alli, delante de toda aquella gente, incluso aunque hubiese cometido el hecho de que la acusaban! ?Y por que razon una muchacha no podia pedirle a un hombre su compania? No estaba obligado a otorgarsela.
El policia que estaba a su lado hizo un movimiento, la miro como si olfatease la heterodoxia y luego tosio.
– Gracias, senor Cherrell.
Al bajar del banco, Hilary vio a su sobrina y le hizo una sena con la mano. Dinny se dio cuenta de que el proceso habia concluido y que el magistrado estaba reflexionando sobre el veredicto. Silencioso, con las puntas de los dedos unidos entre si, contemplaba fijamente a la muchacha que habia acabado de secarse los ojos y que le estaba mirando. Dinny retenia la respiracion. Toda una vida, quiza, dependia de la decision de un minuto. El policia cambio de posicion. ?Sus simpatias estaban dirigidas hacia su companero o bien hacia la muchacha? Todos los pequenos rumores de la sala habian cesado y solamente oiase el que producia una plumilla sobre el papel. El magistrado separo los dedos y dijo
– No estoy convencido de que haya pruebas suficientes. La acusada esta libre. Puede irse.
Ida muchacha emitio un sollozo ahogado.
– ?Oye, oye! -dijo a su derecha el herrero, con voz ronca.
– ?Silencio! -ordeno el policia altor
Dinny vio a su tio salir con la muchacha y al pasar le dirigio una sonrisa.
– Aguardame, Dinny. No tardare dos minutos. Deslizandose tras la alta figura del policia, Dinny espero en el vestibulo. Aquel ambiente le causaba la misma sensacion de estremecimiento que se siente por la noche al encender la luz en una cocina oscura. El olor de desinfectante la m9lestaba profundamente y se acerco un poco mas a la puerta de entrada. Un sargento de policia le dijo
– ?Puedo hacer algo por usted, senorita?
– Gracias, estoy aguardando a mi tio. Esta a punto de llegar.
– ?El reverendo?
Dinny hizo con la' cabeza un signo afirmativo.
– ?Ah El vicario es una excelente persona.! ?Han dejado en libertad a la muchacha?
– Si.
– ?Bien! Siempre puede cometerse algun error. Ahi viene, senorita.
Hilary se aproximo y cogio a Dinny del brazo.
– ?Ah, sargento! – dijo-, ?Que tal su esposa?
– De primera, sir. De modo que la ha sacado usted, ?eh?
– Si – contesto Hilary -y ahora quiero fumarme una pipa. -Vamos, Dinny.
Haciendole un signo de adios al sargento, la condujo al aire libre.
– ?Que te ha traido a este lugar, Dinny?
– He venido a buscarte, tio. Tia May me ha acompanado. ?Era realmente inocente esa muchacha?
– No podria jurarlo. Pero el medio mas seguro de enviarla al infierno era condenarla. Lleva retraso en el alquiler de la casa, y su hermana esta enferma. Aguarda un momento, voy a encender la pipa. – Lanzo una nube de humo y la cogio de nuevo del brazo – ?Que quieres de mi, pequena?
– Una presentacion para lord Saxenden.
– ?Oh! ?Quieres engatusarle? – Si me lo presentas…
– Estuve en Harrow con Snubby. Entonces era solamente baronet. Desde aquella epoca no he vuelto a verle.
– Pero tu tienes a Wilfred Bentworth en el bolsillo, tio, y sus propiedades estan colindando con las tuyas.
