Al continuar leyendo, se me nublo la vista; las palabras parecian derretirse y formar una enorme masa gris sobre la pagina que tenia frente a mi. Sentia una agradable calidez, la satisfaccion de ver el articulo en un lugar tan destacado. Solos el y yo
Unos dias despues de la llamada del asesino, me entreviste de nuevo con el psiquiatra para ver si tenia algun consejo que darme. Parecio alegrarse de verme; me tendio la mano y estrecho la mia con afecto. Me indico que tomara asiento frente a su escritorio e hizo una pausa para encender una pipa, recostado en su silla, manteniendo el equilibrio sobre las patas posteriores como un funambulo. Caia la tarde y el sol entraba por la ventana.
– He leido todos los articulos con sumo interes -asevero-. Permitame felicitarlo. Creo que estan muy bien escritos.
Asenti a manera de agradecimiento.
– Y bien -prosiguio-, ?que lo trae por aqui? Bueno, no necesita responderme; lo se. Necesita mas interpretaciones instantaneas. -Se rio.
– Solo queria conocer sus impresiones -respondi-. Tal vez se le haya ocurrido algo: alguna pregunta que yo pueda hacerle al asesino para obtener mas informacion acerca de el.
– Bien -dijo el psiquiatra, dejando escapar el humo entre sus labios-, no creo que sea posible hacerlo estallar con una sola pregunta. En realidad, eso solo sucede en las peliculas: el gran descubrimiento, la revelacion, la confesion sincera en un mundo de mentiras. -Nego con la cabeza-. Ojala las cosas funcionaran como en Hollywood. Tal vez todos deberiamos mudarnos alli. No -insistio, dando otra profunda calada a la pipa-, aun cuando se produce una revelacion, una repentina catarsis, habitualmente esta va acompanada de negacion, un mecanismo
– No lo entiendo -dije-. El menciona una y otra vez un incidente que se produjo durante la guerra, o en su adolescencia. Todo resulta muy confuso.
– ?Preferiria tratar con alguien totalmente sereno, racional y servicial? La gente asi rara vez comete asesinatos en serie. Y, por cierto, tampoco llaman por telefono para dar pistas a la prensa, a la policia y al publico en general.
– De acuerdo -dije, riendo. El doctor sonrio conmigo-. Saque usted las conclusiones por mi.
El psiquiatra reflexiono por un momento, haciendo girar ligeramente su silla; de repente se detuvo y se volvio hacia mi.
– No creo que la situacion haya cambiado mucho desde la primera vez que hablamos. El asesino se cree invulnerable pero, al mismo tiempo, proporciona pistas acerca de su identidad. Una parte de el quiere que lo capturen; otra parte esta fascinada con la idea de jugar con el mundo entero. Esas dos partes se mezclan en sus conversaciones con usted porque estan confundidas en su mente. Los motivos por los que disfruta con el acto de asesinar estan, en su mayor parte, arraigados en su ninez. Una madre seductora, o tal vez algo peor; un padre que alternaba exigencias con castigos. Una sensacion de aislamiento, de alienacion. El crece con una furia implacable en su interior. Luego se alista en el ejercito (o al menos eso dice) y aprende a matar. Dice: «Ya soy un buen tirador» o, en otras palabras: «Ya soy un asesino.» Sin embargo, tengo mis dudas. Es un hombre inteligente. ?Realmente estuvo en Vietnam? ?O acaso esta aprovechandose de la culpa colectiva nacional para desviar la atencion de los sentimientos que ya tenia, del curso que ya habia tomado?
– Sus descripciones son muy precisas -lo interrumpi-. Sus conocimientos de la guerra parecen muy reales, muy familiares…
– Casi demasiado, diria yo -observo el psiquiatra.
– Me cuesta creerlo.
– Claro que es solo una teoria, una posibilidad. Hay tantos indicios de que me equivoco como de que estoy en lo cierto. En realidad, en buena medida solo estoy lanzando hipotesis. La funcion de la psiquiatria no es hacer predicciones.
– El pasado es el prologo -dije, citando a Shakespeare.
El doctor rio.
–
Hizo otra pausa y giro para mirar por la ventana.
– Creo que para el no es mas que un juego. Sigo pensando que no lo atraparan, por mas informacion que le proporcione.
– Sigue siendo pesimista -dije.
Se echo a reir.
– Eso forma parte de la profesion.
Le pedi su opinion sobre las reacciones que habia observado en la calle: la preocupacion, el miedo, incluso la actitud desafiante.
– Creo que la gente continuara temiendo a este hombre. En cuanto a si puede tratarse de sintomas de histeria…, ?quien sabe? Un colega me ha contado que uno de sus pacientes no habla de otra cosa, hora tras hora. Sospecho que eso es la excepcion, mas que la regla. Y no subestime la capacidad de la gente para hacer caso omiso de aquello que tiene delante. ?Ha leido a Poe?
Asenti.
Guardo silencio. Se volvio hacia mi.
– Debo de estar envejeciendo. Hablo demasiado. Paso tanto tiempo escuchando que, cuando se me presenta la ocasion de hablar, no puedo parar. Perdoneme. -Volvimos a estrechamos la mano-. Todo esto me interesa mucho -afirmo-. Aqui estare si me necesita.
Durante casi dos semanas, no tuve noticias del asesino.
El tiempo transcurria con lentitud infinita, segundo a segundo. Estaba convencido de que el volveria a actuar pronto, y cada minuto me parecia interminable. Miami atravesaba el mes de agosto, al paso que le dictaba el calor: cansino, irritante. Un hombre resulto muerto en una pelea con alguien que habia chocado contra el guardabarros de su coche. El agresor acabo llorando junto a los vehiculos abollados, esperando a la policia, mientras la victima se ahogaba en su propia sangre. Se cometieron varios atracos a comercios, dos de los cuales tuvieron como consecuencia la muerte de los dependientes; el tercero termino cuando un escuadron especial de la policia abatio a tiros a los atracadores adolescentes. Se destapo un escandalo relacionado con el gobierno local: un contable descubrio un agujero considerable en un fondo para gastos menores, y la fiscalia cito a declarar al alcalde y dos comisionados. No me asignaron ninguna de esas noticias. Nolan me mantuvo en la oficina la mayor parte del tiempo.
Escribi un largo articulo en el que detallaba las actividades policiales, en especial las de un equipo que
