del equipo de rescate dieron media vuelta y regresaron a la carrera hacia el sendero atestado de periodistas y camarografos. El que venia al frente llevaba al bebe en brazos, envuelto en una tosca manta azul, estrechandolo contra su traje amarillo. El hombre sonreia y le hablaba con suavidad, escudandolo de las camaras y las luces.
– ?Que edad tiene? -le pregunte al pasar.
– Un ano, tal vez -respondio-. Dieciocho meses.
– ?Esta herido?
– Es una nina, y creo que solo sufre los efectos de la exposicion a la intemperie.
Continuo abriendose paso entre el gentio hacia la ambulancia, susurrandole a la criatura.
– Dios mio -repitio Porter-. ?Puedes creer eso?
Durante casi dos horas, la policia no nos permitio llegar hasta el escenario del cuarto crimen. A esa hora, el sol ya estaba bien alto y la manana se habia disuelto bajo el calor sofocante. Como siempre, los demas periodistas me interrogaron. Les confirme que el asesino me habia llamado y proporcionado instrucciones para llegar hasta alli. Aproximadamente una hora despues, informaron por medio del equipo de onda corta de una furgoneta de television de que la nina parecia estar bien y se hallaba en el pabellon de pediatria de un importante hospital centrico. Les explique a los otros periodistas que el asesino habia prometido una «sorpresa» y que suponia que se referia al bebe. Las preguntas terminaron y nos pusimos a esperar. Me sente junto al sendero, sobre el suelo humedo, observando a los tecnicos del laboratorio criminologico que registraban el area y al asistente del forense que se ocupaba del cuerpo. Porter se quejo de que no le dejaran acercarse para tomar fotografias y se puso en pie de un salto cuando trasladaron el cadaver a la ambulancia. Recuerdo que pense que era la cuarta bolsa negra que veia ese verano y me pregunte si se trataria de una de las mismas bolsas que habian utilizado para las otras victimas.
Finalmente, vinieron Wilson y Martinez para informar a la prensa, incluido yo mismo. Aparentemente, el bebe y la victima (una mujer blanca de entre veinticinco y treinta anos) habian permanecido junto al asesino en ese claro durante uno o dos dias. Habia residuos, dijeron, que indicaban que habian comido varias veces. No quisieron revelarnos el nombre de la victima. Martinez asintio cuando le pregunte por la causa de la muerte y el estilo del asesinato: el cadaver tenia las manos atadas y una herida en la nuca. Wilson senalo que se habia usado el mismo tipo de nudo para atar las manos de la mujer que para construir el pequeno refugio. Era evidente que se trataba de algo improvisado para proteger a la nina del sol. Wilson anuncio que no haria mas comentarios. Me miro por un momento, pero sus ojos no me dijeron nada.
En fila india, nos guiaron a todos los periodistas y camarografos hasta el escenario del crimen. Nos advirtieron que no tocasemos nada, y todos guardamos silencio durante la mayor parte del tiempo. Vi las manchas de sangre en la hierba sobre la que habia estado tendida la mujer. Un tecnico estaba registrando y etiquetando una pila de articulos. Vi cajas de hamburguesas vacias, varias botellas de plastico, algunos panales y varios paquetes de cigarrillos estrujados. Me detuve junto al refugio. Las paredes estaban hechas de tablas y trozos de madera, y la techumbre era de paja y hojas de palma, todo ello sujeto con cuerda. Me dio la impresion de que un poco de viento bastaria para echarlo abajo.
La prensa en conjunto entrevisto a los dos policias (agentes que realizaban su ronda habitual por el campo) que habian encontrado el refugio y el bebe. Les habian ordenado proteger la zona para cuando llegaran los detectives, pero uno de ellos habia oido lo que le parecio un grito, y los dos habian atravesado la maleza hasta dar con el cobertizo y la criatura. En sus rostros habia una combinacion de orgullo y furia: los complacia haber salvado a la nina, pero estaban confundidos y furiosos por las circunstancias.
– ?Que clase de persona -pregunto uno de ellos, un joven rubio de bigote poblado- abandonaria asi a un bebe despues de asesinar a su madre?
Esa, claro esta, era la pregunta que todos nos haciamos.
Mi padre llamo poco despues de que aparecieran los articulos en los semanarios. Conteste el telefono con vacilacion, con una incertidumbre provocada por mi falta de contacto con el asesino. Me habia adaptado, solo en parte, a mi dependencia del telefono. Cada vez que sonaba, me invadia una oleada de excitacion, pensando que tal vez seria el. Cuando comprobaba que no lo era, sentia una mezcla de decepcion y alivio. Hasta entonces no me habia percatado de la frecuencia con que sonaba el telefono ni de hasta que punto habia llegado a afectar mi vida.
– He visto tu fotografia -dijo mi padre-. Estas convirtiendote en toda una celebridad.
No respondi.
– Me parece una manera terrible de darte a conocer -agrego-. ?Crees que la policia esta mas cerca de atrapar a ese tipo?
Le dije que no lo sabia. El asesino parecia estar jugando con la policia, con sus descripciones parciales de si mismo, que ni siquiera eran totalmente fidedignas.
Continuamos conversando acerca del trabajo de mi hermano como abogado, de los estudios de mi hermana, de mi madre. Ella habia conseguido un empleo como asistente social en un hospital local, segun me informo mi padre; en un pabellon de psiquiatria, un lugar muy interesante. Dijo que ella estaba preocupada por mi, especialmente por la relacion que parecia haberse establecido entre el asesino y yo.
– ?Que relacion? -pregunte-. Yo estoy en este extremo de la cuerda. El tira, yo respondo. El llama, yo escribo. La distancia sigue siendo infinita.
– No -repuso mi padre y, de pronto, adverti que el estaba tan preocupado como mi madre-. Te equivocas. Con cada llamada, en cada conversacion, el estrecha el vinculo contigo. Creo que la distancia disminuye.
– No tengo miedo.
– Deberias tenerlo.
«La distancia -pense- siempre ha sido importante para mi familia.»
Mi padre debio de pensar lo mismo, porque se quedo callado. Al cabo de un momento, prosiguio:
– De pequeno, y tambien durante la adolescencia, eras el silencioso de la familia. Tu hermano, tu hermana, ambos se enfrentaban a los hechos con mayor facilidad. Tu siempre vacilabas. Supongo que ya entonces sabia que serias periodista. Pasabas mucho tiempo observando a los demas.
– Estare bien -le asegure, pero mi voz sono como un eco en un canon.
Todos mis pensamientos se centraron en la historia.
No se identifico a la mujer ni a la nina sino hasta varios dias despues. A todos los periodistas de Miami que trabajaban en ello les irritaba aquel misterio; no podian dar a la mujer asesinada un pasado, un perfil que la hiciese mas real a ojos de los lectores. A medida que transcurrian los dias, aumentaban las especulaciones. Nos preguntabamos de donde habia salido ella, si habria tenido alguna conexion especial con el asesino, cual habia sido su papel en la recreacion simbolica. Una amante, pensaban algunos; una mujer que conocia su identidad; una hermana, tal vez. Barajabamos todas las posibilidades, haciendo su muerte mas importante que su vida.
Escribi y reescribi una y otra vez cada nueva particula de la historia que descubria. La reunion con Nolan y el jefe de redaccion quedo en el olvido; el caso volvia a ser de plena actualidad. Los titulares adquirieron un tono muy sensacionalista; las expresiones «busqueda masiva» e «investigacion imparable» aparecian con frecuencia en el cuerpo de la noticia. Todos los topicos de los crimenes de las grandes ciudades estaban alli. Nosotros alternabamos los sobrenombres; a veces lo llamabamos «el Asesino de los Numeros», y otras veces «el Asesino del Telefono». No obstante, todo el mundo sabia a quien nos referiamos.
Un cine local puso en cartel un programa doble:
– Es increible -me dijo una muchacha. Era rubia y se aferraba al brazo de su novio fingiendose asustada-. Parece cosa de Hollywood y, sin embargo, realmente esta ocurriendo.
Utilice su frase para la entradilla de un articulo. Hable con muchos otros. Pase otra noche recorriendo la zona sur de la ciudad: hilera tras hilera de casas bajas y blancas, de clase media. Esta vez no fui con la policia sino con un grupo de vecinos. Habian formado una «asociacion» entre cuyas actividades estaba el patrullaje de la zona. La primera noche habian frustrado un atraco, segun dijo el conductor. El otro hombre que iba en el automovil, corpulento, de brazos fuertes y patillas que se curvaban a los lados de su rostro, se volvio hacia mi.
– La policia dice que no debemos portar armas -susurro-, pero…
Levanto su camisa y me mostro la culata nacarada de un Colt 32 que sobresalia de la cintura del pantalon. Se rio, y su voz lleno el interior del vehiculo para luego salir por las ventanillas hacia la oscuridad.
