trabajaba con registros del ejercito que se habian solicitado a Fort Bragg, Carolina del Norte, y al Pentagono, en Washington. Tambien trate otros temas. Una noche acompane a dos agentes en su ronda en coche patrulla. Me dijeron que habian percibido cambios muy sutiles. Al principio, habia menos gente en las calles por la noche; luego, menos adolescentes. Los barrios estaban mucho mas tranquilos. El oficial hablo con furia del asesino; comento que le gustaria encontrarse a solas con el durante unos minutos y tener la oportunidad de resolver el asunto a tiros. Ambos eran jovenes y habian servido en Vietnam. Claro que esa guerra no fue nada buena, dijo uno de ellos, pero ya habia terminado y todos habian vuelto a casa. Su companero se mostro de acuerdo y gruno mientras conducia en el coche por calles oscurecidas, pasando por casas que parecian cerradas, clausuradas.
Durante esas dos semanas hable con Wilson y Martinez a diario, algunos dias hasta dos veces, tratando de desarrollar articulos a partir de la informacion que me facilitaban. En su trato conmigo a veces se mostraban abiertos, a veces circunspectos; me hablaban de algunas areas de investigacion, de las pruebas balisticas, de sus pesquisas en las armerias para averiguar quien habia comprado balas de calibre 45 en los ultimos meses. Los note mas reacios a tocar el tema de la investigacion de los registros del ejercito. Sospechaba que habian encontrado pistas nuevas, que incluso habian obtenido algunos nombres, pero no querian decirmelo. Transmiti mis sospechas a Nolan, que presiono a su contacto, el teniente de homicidios, para que lo averiguase. Sin embargo, el contacto solo revelo que habian avanzado un poco en la investigacion, pero que no habia nada concreto. Mis recelos no se dispararon.
Entonces Nolan decidio que debiamos dejar de apoyarnos tanto en la policia, de modo que me puse a trazar un perfil del asesino basandome en las cintas y en las notas de las conversaciones. Cerca del fin de la segunda semana, mientras completaba esta tarea, el jefe de redaccion me mando llamar para preguntarme si creia que el asesino se habia marchado. Se puso de pie y se dirigio a la ventana de la puerta de su oficina para observar la actividad que reinaba en la redaccion.
Admitio que le preocupaba la posibilidad de que el periodico estuviese prolongando el clima de temor con los articulos diarios acerca del asesino y los progresos de la policia.
– Aparquemos el tema -dijo- hasta estar seguros de que ese sujeto sigue por aqui.
Como estaba vuelto hacia la ventana, tuve que esforzarme para oir sus palabras. Era un hombre pulcro que vestia con trajes de alta confeccion. Sin embargo, siempre llevaba la camisa arremangada y a menudo tenia las manos manchadas de tinta.
Nolan estaba alli, escuchandolo, y vi que asentia. Despues reconocio que estaba indeciso. Se podia argumentar que, al continuar con los articulos, tal vez evitariamos que se cometieran mas asesinatos; que el asesino parecia reaccionar con mayor violencia a la falta de noticias que al flujo constante de ellas. Cada vez que el flujo se reducia, el actuaba; al menos, eso decia. El jefe de redaccion estuvo de acuerdo en que eso ponia al periodico en una situacion dificil, pero anadio que no podiamos permitir que un demente tomase las decisiones por nosotros.
– Esta bien -cedio Nolan-, veremos que pasa.
En cuanto a mi, no creia que el asesino hubiese desaparecido. Intuia que no estaba lejos.
El perfil constaba simplemente de una serie de notas, pues lo habia elaborado sin intencion de publicarlo. Como decia Nolan, era un retrato robot para nuestro uso particular. En el habia escrito:
Hijo unico.
Maltratado.
Humillado.
?Seducido?
Fui a la biblioteca a consultar un anuario y una enciclopedia. Busque la entrada sobre Ohio. Los contornos de aquel estado cuadrado y solido como la expresion firme de alguien del Medio Oeste, aparecieron ante mi. Mis ojos siguieron los caminos que cruzaban el territorio en una y otra direccion y se detenian en los puntitos que correspondian a las poblaciones. Al ver el recorrido sinuoso del rio Ohio intente imaginar una llanura que se extendia desde sus orillas hacia el interior, con campos sembrados cuyas plantas crecian hacia el sol, bajo el cielo de agosto. Porter pasaba por alli y se detuvo a mirar el mapa por encima de mi hombro.
– ?Has estado alli alguna vez? -pregunto. Negue con la cabeza.
– Hace frio en invierno. Calor en verano. La gente es muy conservadora. Estuve en la Universidad Estatal de Kent cuando los soldados de la Guardia Nacional mataron a los estudiantes. Era un dia claro, soleado, brillante. Recuerdo que todo parecia mas bien un simulacro: la multitud huia, coreaba consignas, gritaba, lo habitual. Recuerdo el maldito momento, despues de los disparos yo no sabia que habia ocurrido, pero estaba aturdido. Era como si la certeza de que habian abierto fuego contra la multitud estuviese en mi cabeza, luchando por penetrar mi conciencia, como los ultimos minutos de sueno por la manana. Se oyo un grito o, mas bien, un alarido (me recordo al que soltaban las mujeres arabes de La batalla de Argel) y entonces comprendi, sin verlo, lo que habia sucedido. Eche a correr, por supuesto, como todos. Pase junto a los cadaveres. Aun recuerdo la sangre sobre el asfalto negro. ?Sabes?, hay una escultura en medio del campus, de lineas muy angulosas y precisas. Esta hecha de una especie de acero que parece bronce. Tiene un agujero de bala en una de sus esquinas; un pequeno circulo por el que apenas pasa un dedo. Perfectamente redondo. Regrese a mi escritorio y escribi:
La ciudad.
El ejercito.
La guerra.
El incidente.
?Cual era e! incidente? En la oficina de prensa de mi universidad, teniamos enmarcada la famosa fotografia de My Lay 4. Era un poster de dimensiones exageradas, amarillo y verde, en cuyo centro aparecia una marana de cuerpos banados en el rojo de su propia sangre. Recorde tambien otras fotografias: la muchacha que corria desnuda hacia la camara, huyendo de los bombardeos de napalm, con la boca abierta en un gesto de terror; la expresion vacia de la muerte en el rostro de un nativo del Vietcong en el microsegundo en que su cabeza estallaba al recibir el impacto de la bala disparada por el jefe de policia.
?A que incidente aludia el asesino? ?Que habia hecho?
Escribi:
Edad, de 25 a 30.
Paso una temporada en hospital de veteranos.
Ojos grises.
Me pregunte si el me habia dicho la verdad. «?Que es realidad? ?Que es ficcion?», me habia dicho por telefono.
El telefono sono cuando yo salia de la ducha. Oi que Christine lo atendia. Agarre una toalla y comence a secarme a toda prisa. Oi un golpe en la puerta tan leve que practicamente lo absorbio el vapor. Christine abrio la puerta, tenia los ojos muy abiertos.
– Es el -dijo-. Estoy segura. Ha vacilado por un momento cuando he contestado y luego ha preguntado por ti. Esta esperando.
Me puse una bata y me frote ligeramente la cabeza con la toalla. Cuando levante el auricular, aun me notaba la espalda mojada.
– Esa debe de ser su novia -dijo la voz-. Parece muy simpatica.
– ?Donde ha estado? Han pasado casi dos semanas.
– Aqui y alla -respondio-. En el centro, en los suburbios, por toda la ciudad.
»Digale a la policia que siga revisando esos registros; seguramente hallaran algo. Conocen el dato de los ojos grises; ?que mas? Ah, si, lo de la buena punteria, la medalla que obtuve. Digales que investiguen eso; asi reduciran un poco el campo de busqueda. La diligencia tiene su recompensa; recuerdeles eso. -Titubeo de nuevo-. Pero eso no les servira de nada. -Una pausa-. Jamas me atraparan. Por mas que yo les ayude. -Otro silencio-. Usted debe de estar ansioso por poner manos a la obra -dijo el asesino-. Bien, aqui tiene un trabajo: Numero
