– Muy bien -dijo el hombre, despues de un momento-. Tambien la viole.

Martinez nego con la cabeza.

– ?Por que llamaste al periodico, Joey?

– Queria contarselo. Queria que todos se enterasen.

– ?Porque?

– Para que supieran que soy importante.

– ?Matar te hace sentir importante, Joey?

– Asi es.

– ?Te sientes importante ahora?

El hombre vacilo y se froto la nariz con fuerza.

– Claro -respondio.

Sonrio a los detectives. Vi que Martinez hacia una senal a su colega con la cabeza. De pronto, este estallo; levanto el brazo y descargo un golpe en la mesa, a pocos centimetros de las manos de Joey. La palmada resono en la pequena habitacion.

– ?Mentiroso! -grito el detective-. ?Maldito mentiroso! ?Nos haces perder el tiempo!

Joey se echo hacia atras en la silla, levantando las manos para protegerse el rostro.

– ?No! -grito-. Es verdad. Lo juro.

– ?Mentiroso! -repitio el detective.

Martinez se habia retirado al fondo de la habitacion y estaba recostado contra la pared, encendiendo un cigarrillo, como si alli no sucediera nada. El otro detective se puso de pie y rodeo la mesa hasta llegar junto a Joey. Se inclino hacia este, que se encogio, atemorizado.

– ?Solo has venido a contarnos una sarta de gilipolleces! ?Eso es lo que son! ?Gilipolleces! -El detective alzo la mano-. Deberia darte una…

Luego se detuvo. Se impuso el silencio en la habitacion, excepto por la respiracion agitada de Joey. El detective se situo detras de el y el joven giro sobre su silla, tratando de no perderlo de vista. De pronto, el detective se agacho hasta que su boca quedo a apenas unos centimetros del oido de Joey.

– ?Maldito mentiroso! -grito.

Joey se estremecio, como si lo hubiesen golpeado. El detective aferro el respaldo de la silla y le dio una fuerte sacudida; el hombre estuvo a punto de caer al suelo. Vi que Martinez daba una larga calada a su cigarrillo y hacia un gesto con la mano al otro detective, que asintio, volvio a inclinarse, grito «?Jodido mentiroso!» al oido de Joey y luego salio de su campo de vision.

– Bien, Joey -dijo Martinez muy despacio-, ?por que no volvemos a intentarlo?

Joey rompio a llorar y Martinez espero con paciencia a que los sollozos cesaran.

– Lo siento -dijo Joey-. Todo era mentira.

Martinez se puso en pie y se desperezo. Tomo otro cigarrillo, lo encendio y se lo alargo al hombre.

– ?Aun puedo pasar la noche en la carcel? -pregunto Joey, fumando agradecido.

Martinez se echo a reir y, segundos despues, se oyeron tambien las carcajadas del otro detective.

Finalmente, tambien se rio el joven, pero su risa era vacilante y el no dejaba de volverse con nerviosismo, buscando al detective con la mirada.

Wilson me toco el brazo.

– Vamonos.

Nos encontramos con Martinez en el corredor.

– Todo un espectaculo -le comente.

Sonrio.

– Ha sido facil, no era ningun desafio. Pero esto se esta volviendo muy molesto. Este es el quinto que ha venido esta semana. Se presentan y dicen que son el asesino y que quieren descargar la conciencia. A veces tardamos una hora, dos, tres, en hacerle cambiar de idea, aunque desde el principio sabemos que no es el. No tienen la informacion ni la personalidad que lo acreditarian como el asesino. Y, lo que es mas importante, no cuentan con la prueba principal: el arma.

Los detectives me acompanaron a la puerta. Despues de estar en la pequena habitacion, fue un alivio para mi mirar el cielo oscuro. Les pregunte si habian avanzado en la investigacion de los registros.

– No disponemos de ordenadores -dijo Martinez-. Tienen que revisar a mano cada dossier. Es un trabajo duro y lento.

Wilson me miro.

– ?No ha vuelto a llamar?

– Aun no -respondi-. ?Que otros datos necesitais?

– ?Que te parecen las fechas en que se alisto y en que se licencio, el rango que alcanzo? Eso serviria de mucho.

– Lo intentare -dije.

Ultimamente hacia esa promesa muy a menudo. Los dos detectives regresaron al edificio, y yo a la oficina. Mi descripcion de la falsa confesion se convirtio en un articulo mas. A Nolan le gusto, y tambien a los de la redaccion. La publicaron en un rincon de la primera pagina.

Christine solo estaba dispuesta a hacer el amor con el telefono descolgado. Me explico que no soportaba la idea de que el asesino llamase mientras estabamos, como decia ella, ocupados. Yo me encogia de hombros y accedia a sus deseos, pero despues me levantaba de la cama y volvia a colocar el auricular en su lugar, preguntandome si en ese lapso habria perdido alguna oportunidad de contacto.

– ?Es que no puedes pensar en otra cosa? -pregunto.

– Tu no entiendes -replique-. Una historia como esta lo es todo. No puedo dejarlo de lado ahora, en la fase en que se encuentra. No soy el unico. Cualquier periodista haria lo mismo.

Christine sacudio la cabeza.

– No lo creo -repuso.

Me dirigi a una ventana y dirigi la vista al exterior. Se formo una imagen en mi mente: yo, a los once anos, mirando por la ventana del primer piso de mi casa. Estaba observando a los demas, mi padre, mi madre y mis hermanos en el patio, sentados cerca de una mesa de picnic. Mi hermano y mi padre se pusieron de pie y empezaron a arrojarse una pelota mientras mi hermana se sento mas cerca de mi madre. Entonces las cosas se sucedieron en etapas. Mi mano se cerro; oi el crujido del cristal al romperse. El dorso de mi mano sangraba, y en el marco quedaban trozos de vidrio. Me volvi con un grito de nino y corri al bano. Sumergi la mano en agua y me fije en que el borde del lavabo se tenia de rosa y luego de rojo a causa de la sangre. Al cabo de un momento el dolor remitio un poco y me enrolle una toalla en la mano. Poco despues, dejo de sangrar y vi que tenia un corte irregular sobre los nudillos y otro mas profundo en el dedo indice. Con la mano bien envuelta en la toalla, regrese a mi habitacion. No me asome para ver si habian oido el estrepito. Tampoco levante la mirada cuando, una hora despues, mi padre asomo la cabeza por la puerta, echo un vistazo a la ventana y se sento al borde de la cama. Recorde la sensacion de su mano apoyada en mi frente, fresca, como una compresa fria.

Christine reparo en mi expresion, se levanto de la cama y me abrazo. Apoyo la cabeza en mi hombro y senti que me acariciaba la nuca, casi como si me hubiese convertido de nuevo en aquel nino.

Anochecia cuando, una semana despues del cuarto asesinato, Wilson me llamo. Oi voces al fondo y el tintineo de una caja registradora.

– Wilson al habla -anuncio-. Sabemos quien es ella.

– ?Quien? -pregunte, mientras buscaba papel y lapiz.

– Si quieres saberlo, reunete conmigo aqui. Si no, espera a que se emita el comunicado de prensa esta noche.

Se encontraba en un bar llamado The Alibi, en un hotel que se alzaba frente a los tribunales del condado. Yo ya habia estado antes en ese lugar, oscuro como la mayor parte de los bares, y con una decoracion muy austera, excepto por las botellas de licor alineadas detras de una barra de imitacion caoba. Habia reservados donde se podia conversar en voz baja, atendidos por mujeres de falda corta y medias negras de red. Era un sitio frecuentado por detectives, abogados defensores y fiscales, un lugar donde se prescindia de las formalidades, donde se cerraban tratos y se intercambiaban insultos. Siempre estaba lleno y siempre reinaba d bullicio. Aviste a Wilson en un reservado, en un rincon. Martinez estaba con el, con la cabeza echada hacia atras y las piernas estiradas.

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