– No, no lo siente. Y ellos, tampoco…
Me disponia a replicar, pero el levanto la mano en un movimiento que delataba una ligera embriaguez.
– No lo tome a mal -dijo-. En realidad, ?por que habria de importarle? ?Por que habria de importarle a nadie? -Adverti que se le empanaban los ojos-. ?Sabe?, lo mas gracioso es que hace dos meses, cuando tramitamos el divorcio, nos gritabamos todo el tiempo. Por el bebe, por la casa, el coche, por todas esas tonterias. Debo de haber deseado su muerte una docena, cientos de veces. Y ahora esta muerta. -Me miro por un instante, con los ojos llorosos. Luego, muy despacio, se volvio hacia los policias-. Solo un cadaver mas. Seguro que han visto un monton, ?verdad?
– Senor Kemp… -protesto Martinez, pero el hombre lo interrumpio con el mismo gesto de la mano.
– Oh, no se enfaden por mi actitud -dijo el hombre, sacudiendo la cabeza torpemente-. Ella no era nada especial. No fue una perdida terrible. Solo otra victima de asesinato. Oigan, si les queda un poco de tiempo libre, tal vez encuentren a ese tipo. Se que tienen mejores cosas que hacer. -Se puso en pie de pronto y su silla cayo hacia atras con un estrepito que provoco el silencio en el bar e hizo que todos los ojos se volvieran en nuestra direccion-. ?No, no se levanten! -exclamo al ver que Martinez comenzaba a ponerse de pie-. No se esfuercen demasiado. Sigan con su pequena investigacion, y usted siga escribiendo sus articulitos… -Me miro-. No significa nada. Nada significa nada. -Dio media vuelta, con movimientos inseguros, y se dirigio a los hombres que lo miraban desde otras mesas-. Que os jodan a todos.
Nadie se movio. Sus palabras quedaron flotando en el aire durante unos segundos. El hombre cerro el puno y lo blandio hacia los demas. Luego se detuvo, echo un vistazo alrededor y, con la cabeza escondida entre las manos, huyo del lugar.
En la semi oscuridad, me apresure a garabatear las palabras y notas sobre la actitud, para tenerlo todo en mi libreta. Wilson me observaba.
– ?Lo has anotado todo? -pregunto, con sarcasmo. Alce los ojos hacia el y no respondi de inmediato.
– De eso se trata -dije.
Me levante para marcharme y Wilson me siguio con la vista. Por un momento, nuestras miradas se encontraron y me parecio que el daba vueltas a algo en la cabeza. Finalmente, hablo.
– Tiendele una trampa -dijo. Martinez tambien me miro.
– Hazlo -dijo-. Tiendele una trampa.
– Lo pensare -respondi.
Les di la espalda y los deje en el bar. Sali al atardecer, bajo un cielo negro azulado sin nubes. Aspire profundamente, llenandome los pulmones con el calor residual del dia, que desplazo el aire estancado del bar. Senti un subito mareo al recordar las palabras de los detectives. Estas se confundieron con las de mi padre y las de Christine. Vi al marido de la mujer asesinada, tambaleandose de dolor, amenazando al vacio en el bar, confundido por su propia impotencia.
12
Esa noche regrese tarde a la oficina. Al entrar en la redaccion, percibi la vibracion de las rotativas en el suelo, mientras los ejemplares de la primera edicion atravesaban la red de catacumbas de maquinas clasificadoras y montadoras. El temblor continuo ascendia por mis piernas y mi cuerpo; al sentarme frente a mi maquina de escribir, senti que formaba parte de una enorme maquinaria.
Mas temprano, Porter y yo habiamos estado en el apartamento de la mujer asesinada. Llamamos a otras puertas, hablamos con los vecinos. Parecian resignados; habia cierta tristeza en sus rostros y voces. Ese mismo dia, habian visto a los agentes de policia; habian hablado con los detectives, que les habian formulado muchas de las mismas preguntas que yo les hice entonces. Sabian que la mujer habia muerto a manos del Asesino de los Numeros e intentaban no sucumbir al temor despues de lo que habia ocurrido tan cerca de ellos.
Era una mujer dulce, amable, decian. Siempre tenia una sonrisa a flor de labios, siempre saludaba amigablemente. Sin embargo, era una mujer que, en general, se ocupaba de si misma y de su hija. No encontre a nadie en el complejo que fuera su amigo. ?Recibia visitas?, pregunte. Ninguna, respondio la vecina de al lado, una mujer de mediana edad, con el cabello peinado hacia atras y recogido con un panuelo blanco. Su esposo estaba detras de ella y ambos ocupaban el vano de la puerta, reacios a salir al rellano, como si no quisieran abandonar su santuario. Era callada, dijo el hombre; hablaba poco.
Transcribi sus palabras, decidido a citarlas en la entradilla. Me sentia como si participara en una danza muy refinada, una pieza isabelina llena de saludos, reverencias y floreos. Llamaba a las puertas, anotaba las respuestas. Sabia que dirian los vecinos; podria haber adivinado sus palabras de antemano. Sin embargo, eso formaba parte del ritual periodistico de la muerte. Los reporteros deben interrogar a los vecinos, que siempre aseguran que las victimas eran calladas y no hablaban mucho con ellos. Entonces los periodistas incluyen este dato en sus articulos.
Detras de mi, Porter tomaba fotografias, maldiciendo la iluminacion del lugar; el flash resplandecia una y otra vez, otro paso de la danza. No tardamos mucho en localizar al encargado del edificio. Era un hombre mayor; caminaba con lentitud y parsimonia, pasandose la mano por la cabeza para apartar de sus ojos los mechones grises. Me informo de que la mujer pagaba el alquiler con puntualidad, que rara vez se quejaba. El le habia reparado una vez un inodoro obstruido, y ella le habia mostrado fotos de su familia, que vivia en la Costa Oeste. El tampoco habia visto nunca que ella recibiese a amigas ni a hombres.
Al principio, se resistio a dejarnos entrar en el apartamento (propiedad privada, decia), pero insisti, intente engatusarlo y, finalmente, descubri que lo mas eficaz era un billete de veinte dolares.
– Cinco minutos, nada mas. Como maximo -nos advirtio mientras se guardaba el dinero en el bolsillo de la camisa-. Lo justo para que echen un vistazo, eso es todo. Y no toquen nada.
Abrio la puerta despues de asegurarse de que no hubiese algun vecino en el pasillo. Pareciamos ladrones, ansiosos por robar algunos detalles, un poco de sustancia, para que la mujer pudiera revivir en la manana, en las columnas impresas del periodico. No bien habiamos entrado, oi el chasquido de la camara de Porter.
En una pared habia una hilera de fotos; la mujer y su hija, bajo un arbol, sobre una extension de cesped. Vi otras, mas pequenas: imagenes de la nina desnuda, gateando; la madre, meciendola en sus brazos. Habia un retrato de la familia: reconoci al esposo y supuse que los demas serian parientes. Todos miraban a la camara, sonrientes.
Me aparte y examine el interior del apartamento. Habia dos dormitorios pequenos, ambos inmaculados, decorados con encajes y colorines. Un hogar femenino, pense. Sobre la cuna de la nina colgaba un movil de animalitos de plastico, leones y elefantes. Junto a la cama de la mujer, habia un best seller abierto, un libro de autoayuda. Anote el titulo, tome e! libro y lei la maxima: «Vive cada dia como si fuese un nuevo reto.» Tambien escribi esta frase.
El anciano comenzaba a impacientarse. Me dirigi a la cocina. Habia potitos y bandejas de comida preparada dentro de la nevera. Pegado a la puerta de esta, habia un papel con un plan de dieta. En la sala vi una cadena de musica, cintas y discos. Les eche una ojeada rapida; databan de finales de los sesenta: el sonido de California, rock and roll. Todo estaba ordenado, cada cosa en su lugar. Los muebles eran modernos pero no llamativos, de los que se compran en los almacenes que venden a precio de fabrica. Habia dos posters en las paredes, Con marcos de metal: uno de la activista Carita Kent con el mensaje «Tratad a los demas…» y una reproduccion del famoso cuadro de Sacco y Vanzetti pintado por Ben Shahn. Me pregunte si ella sabria quienes eran.
El encargado estaba en la entrada, haciendonos senas con las manos para que saliesemos del apartamento. Asenti y cruce la puerta. Porter salio tras el.
– Ha sido dificil -me dijo-, pero he tomado fotos de los retratos de las paredes y de los dos dormitorios. Creo que saldran bien.
El encargado nos pregunto si deseabamos algo mas. Parecia irritado. Le respondi que su noche no habia hecho mas que comenzar, que pronto seria emitido el comunicado de prensa y que probablemente la gente de television invadiria el lugar tratando de llegar antes del plazo de las once de la noche a fin de conseguir material para el ultimo noticiario. Mientras se lo decia, vi que la primera furgoneta de la television entraba en el aparcamiento.
Nos marchamos. Sin embargo, antes de subir a nuestros coches, Porter se volvio hacia mi y sacudio la
