Y lo que le gustaba era la sensacion de que, entre las olas siempre cambiantes, el guia sabia en que parte habia peces, incluso aunque se escondieran en las aguas profundas. Lanzar un cebo a traves de tanto espacio frio con tantas variables como la marea y la corriente, la temperatura y la luz y saber encontrar el objetivo era algo que Ricky, el psicoanalista, habia admirado y encontrado siempre fascinante.

Al reflexionar en su apartamento de Nueva York, penso que se habia embarcado en un proceso muy parecido. El cebo estaba en el agua. Ahora tenia que lograr que la presa tragara el anzuelo. No creia que tuviera mas de una oportunidad con Rumplestiltskin.

Despues de enfrentarse a sus hermanos pequenos se le habia ocurrido que podia huir, pero no le serviria de nada. Se pasaria todo lo que le quedaba de vida sobresaltandose con cada ruido en la oscuridad, nervioso al escuchar cualquier cosa detras de el, temeroso de cada desconocido que entrara en su campo de vision.

Una vida terrible, siempre escapando de algo y de alguien imposible de percibir, siempre con el rondando cada paso que diera.

Sabia con toda certeza que tenia que vencer a Rumplestiltskin en esta fase final. Era el unico modo de recuperar el control sobre algo parecido a la vida que esperaba vivir.

Penso que lo conseguiria. Los primeros pasos de su plan ya habian tenido lugar. Podia imaginarse la conversacion que estarian manteniendo los hermanos en ese mismo instante, mientras el permanecia en aquel apartamento de alquiler. No seria por telefono.

Tendrian que reunirse, porque querrian verse para asegurarse de que estaban a salvo. Habria voces levantadas. Tambien unas cuantas lagrimas y un enfado considerable, quizas incluso insultos y acusaciones. Todo les habia ido sobre ruedas al cobrarse su venganza contra todos los objetivos de su pasado. Solo uno habia salido mal, y ese uno era ahora origen de una ansiedad importante. Podia oir la frase «?Tu nos metiste en esto!» gritada en la habitacion hacia el psicopata que tanto significaba para ellos. Ricky penso, con cierta satisfaccion, que esa acusacion contendria panico, porque habia conseguido abrir una brecha en los vinculos que unian al trio. Por muy persuasiva que hubiese sido la necesidad de venganza, por muy astuta que hubiese sido la conspiracion contra Ricky y todos los demas, habia un elemento que Rumplestiltskin no habia previsto: a pesar de su compulsion a secundario, los dos hermanos menores seguian aspirando a llevar una vida convencional, normal a su propio modo. Una vida en el escenario y una vida en los tribunales, siguiendo ciertas reglas y restricciones reconocibles. Rumplestiltskin era el unico de los tres que estaba dispuesto a vivir fuera de todo limite. Pero los otros no, y eso los volvia vulnerables.

Ricky habia descubierto esa diferencia. Y sabia que era su mejor baza.

Sabia que se dirian palabras duras. A pesar de lo cruel y sanguinario que habia sido el juego, en realidad los empujones, disparos y asesinatos habian quedado a cargo de uno solo de ellos.

Arruinar una reputacion o destrozar unas cuentas de inversiones eran trabajos bastante desagradables, pero en ellos no se vertia sangre. Habia habido una separacion de las maldades, y las mas oscuras habian quedado en unas unicas manos.

Estos trabajos habian recaido en el senor R. Del mismo modo que habia soportado el peso de las palizas y la crueldad cuando crecian, la violencia en si era cosa suya. Los demas solo le habian ayudado y cosechado con ello la satisfaccion psicologica que proporciona la venganza. Era la diferencia entre quien facilita las cosas y quien las lleva a cabo. Pero ahora se daban cuenta de que su complicidad se habia vuelto en su contra. “Creian que les habia salido bien, pero no ha sido asi», penso Ricky. Sonrio para sus adentros. Decidio que no habia nada tan devastador como darse cuenta de que ahora eres el perseguido cuando estas acostumbrado a ser el perseguidor. Y esa era la trampa que habia preparado, porque ni siquiera aquel psicopata dejaria de intentar recuperar la posicion de superioridad que tan natural le es a un depredador. La amenaza a Virgil y a Merlin lo empujaria en esa direccion. Los pocos jirones de normalidad que conservaba el senor R eran los que lo conectaban con sus hermanos. Si en lo mas profundo de su mundo psicopatologico quedaba algun vinculo con la humanidad, procedia de su relacion con ellos. Estaria desesperado por protegerlos. Ricky se dijo que, de hecho, era sencillo. Habia que asegurarse de que el cazador creyera que esta cazando, acercandose a la presa, cuando en realidad estaba siendo conducido hacia una emboscada.

«Una emboscada basada en el amor», penso con cierta ironia.

Encontro un papel y se esforzo un rato con un poema. Cuando le quedo como queria, llamo a la seccion de anuncios del Village Voice. De nuevo, como antes, se encontro hablando con un empleado. Le dio algo de conversacion, como habia hecho en otras ocasiones. Pero esta vez procuro hacerle unas preguntas clave y proporcionarle informacion vital:

– Perdone, pero si estoy fuera de la ciudad, ?puedo llamar y recibir igualmente las respuestas?

– Por supuesto -dijo el empleado-. Solo tiene que marcar el codigo de acceso. Puede llamar desde cualquier sitio.

– Fantastico -contesto Ricky-. Vera, es que este fin de semana tengo que atender unos asuntos en Cape Cod, asi que me voy alli unos dias y quiero seguir recibiendo las respuestas.

– No sera ningun problema -aseguro el empleado.

– Espero que haga buen tiempo. Han pronosticado lluvia. ?Ha estado alguna vez en Cape Cod?

– En Provincetown. Hay mucha marcha el fin de semana despues del Cuatro de Julio.

– Ni que lo diga -corroboro Ricky-. Yo siempre voy a Wellfleet. O por lo menos eso hacia antes. Tuve que vender la casa. Liquidacion total por incendio. Ahora voy a ir para arreglar unas cuestiones pendientes, y despues de vuelta a la ciudad y a toda esta rutina.

– Ya. Ojala tuviera yo una casa en Cape Cod.

– Es un sitio especial. -Ricky hablaba con cuidado, pronunciando despacio cada palabra-. Solo vas en verano, tal vez un poco en otono y primavera, pero cada estacion te acaba calando a su modo. Se convierte en tu hogar. Mas que un hogar, en realidad. Un lugar para empezar y terminar. Cuando muera, quiero que me entierren alli.

– Yo solo puedo desearlo -aseguro el empleado, algo envidioso.

– Quizas algun dia -respondio Ricky, y se aclaro la garganta para decir el mensaje que deseaba publicar en la seccion de clasificados. Lo habia incluido bajo un discreto titular: BUSCANDO AL SR. R.

– ?No querra decir senor Regio? -pregunto el hombre.

– No -contesto Ricky-. Senor R esta bien.

A continuacion pronuncio lo que esperaba fuera el ultimo poema que tuviera que componer nunca:

– ?Esta aqui? ?Esta alla? Vete a saber.

En cualquier parte puede aparecer.

Puede que a Ricky le guste vagar, puede que haya vuelto a su hogar.

O quiza Ricky se quiera ocultar para que no lo puedan encontrar.

Un viejo lugar o un nuevo lugar, Ricky siempre lograra escapar.

Y aunque lo busque con apuro, el senor R nunca sabra seguro cuando Ricky pueda estar presente, no como amigo sino como oponente, para sembrar la muerte y el mal, y provocar de alguien el final.

– Vaya -dijo el empleado con un silbido largo y lento-. ?Y dice usted que se trata de un juego?

– Si -respondio Ricky-. Pero no habria mucha gente dispuesta a jugarlo.

El anuncio se iba a publicar el viernes siguiente, lo que dejaba a Ricky poco tiempo. Sabia lo que pasaria: el periodico llegaria a los quioscos la noche anterior, y seria entonces cuando los tres hermanos leerian el mensaje. Pero esta vez no contestarian en el periodico. Ricky supuso que seria Merlin, con sus tonos bruscos y exigentes de abogado y unos modales indirectamente amenazadores. Merlin llamaria al supervisor de los anuncios y descenderia con rapidez por la jerarquia del periodico hasta encontrar al empleado que habia recibido el poema por telefono. Y le preguntaria a fondo sobre el hombre que llamo. Y el empleado recordaria enseguida la conversacion sobre Cape Cod. Ricky imagino que a lo mejor el hombre incluso recordaria su comentario de que le gustaria que algun dia lo enterraran ahi; un pequeno deseo, en cierto sentido, pero que tendria mucho significado para Merlin. Despues de obtener la informacion, la transmitiria a su hermano. Luego los tres volverian a discutir. Los dos hermanos pequenos estaban asustados, probablemente como nunca desde que eran ninos y su madre los abandono al suicidarse. Querrian acompanar al senor R en su busqueda, sintiendose responsables del peligro y tambien culpables de que tuviera que cuidar de ellos una vez mas. Pero no seria verdad, y el hermano mayor tampoco querria aceptar. Esta muerte querria infligirla solo.

«Y, por lo tanto, actuara solo», penso Ricky.

Solo y con la esperanza de terminar de una vez para siempre lo que le habian hecho creer que ya habia

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