concluido. Iba a tener prisa por dirigirse hacia otra muerte.
Se fue del apartamento tras comprobar que no dejaba ningun rastro de su existencia. Luego, antes de salir de la ciudad, efectuo otra serie de tareas. Cerro sus cuentas bancarias en las sucursales de Nueva York y fue a una oficina del centro para buscar un banco con agencias en el Caribe, donde abrio una simple cuenta corriente y de ahorros a nombre de Richard Lively. Cuando hubo terminado el papeleo y depositado una cantidad modesta del efectivo que le quedaba, salio del banco y camino dos manzanas por la avenida Madison hasta la sucursal del Credit Suisse frente a la que tantas veces habia pasado en los dias en que era un neoyorquino mas.
Una empleada estuvo mas que dispuesta a abrir una cuenta al senor Lively. Era una mera cuenta de ahorros tradicional, pero con una caracteristica interesante. Un dia al ano, el banco transferiria el noventa por ciento de los fondos acumulados directamente al numero de cuenta que Ricky dio del banco caribeno. Sus comisiones se deducirian del resto. Eligio la fecha para esta transferencia con una especie de aleatoriedad cuidada. Al principio penso en usar el dia de su cumpleanos y luego el de su mujer. Despues se planteo usar el dia en que habia fingido su muerte. Tambien considero usar el cumpleanos de Richard Lively. Pero por fin pregunto a la agradable joven, que se habia esmerado en asegurarle la confidencialidad total y la inviolabilidad de las regulaciones bancarias suizas, cuando era su cumpleanos. Como habia esperado, no guardaba relacion con ninguna fecha que pudiera recordar. Un dia de finales de marzo. Eso le gusto. Marzo era el mes que marcaba el final del invierno y anunciaba la primavera, pero estaba lleno de falsas promesas y de vientos enganosos. Un mes variable. Le dio las gracias a la joven y le dijo que ese era el dia que elegia para las transferencias.
Una vez terminados sus asuntos, Ricky volvio al coche. Mientras recorria las calles hacia la Henry Hudson Parkway en direccion al norte, no miro hacia atras ni una sola vez. Tenia muchas cosas que hacer y poco tiempo.
Devolvio el coche de alquiler y se paso el dia acabando con Frederick Lazarus. Cerro, cancelo o liquido cada carne, tarjeta de credito y cuenta telefonica, todo lo relacionado con ese personaje. Incluso fue a la armeria donde habia aprendido a disparar, se compro una caja de balas y se paso una hora productiva en el local de tiro disparando a una diana con la silueta negra de un hombre que el atribuia con facilidad a su implacable perseguidor. Despues charlo un poco con el dependiente de la armeria y le dejo caer que se iba de la zona por varios meses. El hombre se encogio de hombros, pero Ricky pudo ver que, aun asi, tomaba nota de su marcha.
Asi pues, Frederick Lazarus se desvanecio. Por lo menos sobre el papel y los documentos. Dejo tambien las pocas relaciones que ese personaje tenia. Para cuando hubo terminado, lo unico que quedaba de aquel individuo eran las posibles venas asesinas que el mismo hubiera absorbido. Por lo menos creia que eso seguiria pesando en su interior.
Richard Lively no seria tan facil, porque Richard Lively era un poco mas humano que Lazarus. Y era Richard Lively quien tenia que vivir. Pero tambien necesitaba desaparecer de su vida en Durham, New Hampshire, con el minimo de fanfarria y en muy corto plazo. Tenia que dejarlo todo atras, pero no parecer que lo hacia, por si acaso alguien, algun dia, aparecia haciendo preguntas y relacionaba la desaparicion con ese fin de semana concreto.
Considero este dilema y penso que el mejor modo de desaparecer es dar a entender lo contrario. Hacer creer a la gente que tu marcha es solo temporal. La cuenta bancaria de Richard Lively permanecio intacta, con un deposito minimo. No cancelo ninguna tarjeta de credito ni carne de biblioteca. Dijo al supervisor del departamento de mantenimiento de la universidad que un problema familiar en la Costa Oeste requeria su presencia alli por unas semanas. El jefe lo comprendio pero le comento que no podia prometerle que el trabajo le esperaria, aunque haria todo lo posible para que no lo ocupara nadie. Tuvo una conversacion parecida con sus caseras, a las que explico que no estaba seguro del tiempo que estaria fuera. Pago el alquiler de un mes extra por adelantado. Se habian acostumbrado a sus idas y venidas y no dijeron demasiado, aunque Ricky sospecho que la mujer mayor sabia que no volveria nunca, sencillamente por la forma en que lo miro y asimilo todo lo que decia. Ricky admiraba esta cualidad. Le parecio que era una cualidad tipica de New Hampshire aceptar aparentemente lo que otra persona dice, mientras se comprende la verdad subyacente. Aun asi, para subrayar la impresion de que iba a regresar, aunque no le creyeran del todo, dejo todas las pertenencias que pudo. Ropa, libros, una radio despertador, las cosas modestas que habia reunido al reconstruir su vida. Solo se llevo un par de mudas y el arma. Lo que tenia que dejar atras eran indicios de que habia estado ahi y de que podria regresar, pero nada que indicara realmente quien era o donde podria haber ido.
Mientras bajaba por la calle sintio un arrepentimiento momentaneo. Si sobrevivia al fin de semana, algo de lo que solo tenia el cincuenta por ciento de probabilidades, sabia que no volveria nunca. Habia llegado a estar muy a gusto y familiarizado con aquel pequeno mundo y le entristecia abandonarlo. Pero reestructuro la emocion en su interior y procuro reconvertirla en una fortaleza que lo sostuviera durante lo que iba a suceder.
A mediodia tomo un autobus Trailways hacia Boston, con el que volvio a recorrer una ruta conocida. No paso mucho rato en la terminal de Boston, solo el suficiente para preguntarse si el verdadero Richard Lively seguiria vivo; tal vez fuese interesante ir a Charlestown para intentar localizarlo en alguno de los parques y callejones por donde lo habia seguido una vez con tanta diligencia. Sabia, por supuesto, que no tenia nada que decir al hombre, aparte de darle las gracias por proporcionarle una via hacia un futuro dudoso. En todo caso, no tenia tiempo. Tomo el autobus Bonanza del viernes por la tarde a Cape Cod y se apretujo en un asiento trasero con una agitacion creciente. «A esta hora ya habran leido el poema -penso-. Y Merlin habra interrogado al empleado de los anuncios. En este preciso momento los tres hermanos estaran hablando.» Podia imaginar como las palabras volaban de un lado a otro. Y no necesitaba oirlos porque sabia lo que harian. Miro la hora en su reloj.
«Pronto saldra -penso-. Conducira sin paradas, impulsado a concluir una historia que se ha escrito de modo distinto al que el esperaba.»
Sonrio, viendo la inmensa ventaja que tenia. Rumplestiltskin se movia en un mundo acostumbrado a las conclusiones. El de Ricky era justo lo contrario. Uno de los principios del psicoanalisis es que, a pesar de que las sesiones terminen y la terapia diaria finalice por fin, el proceso no se completa nunca. Lo que la terapia aporta es, en el mejor de los casos, una nueva forma de ver quien es uno, y permitir que esa nueva definicion de la vida de uno influya en las decisiones y las elecciones que conlleve el futuro. En el mejor de los casos esos momentos ya no se veran limitados por los acontecimientos del pasado, y las elecciones tomadas estaran liberadas de lo que todo el mundo debe al entorno en que ha crecido.
Tenia la sensacion de estar llegando a la misma clase de final inacabado.
Era el momento de morir o de proseguir. Y cual de los dos iba a ser se sabria en las proximas horas.
Acepto la frialdad de su situacion y contemplo el paisaje por la ventanilla. Observo que, a medida que el autobus zumbaba rumbo a Cape Cod, el tamano de los arboles y los arbustos parecia reducirse. Era como si la vida en la tierra arenosa cercana al oceano fuera mas dura y le costara crecer cuando los vientos marinos soplaban en invierno.
Una vez fuera de Provincetown, en la carretera 6, Ricky vio un motel que todavia no habia colgado el cartel de COMPLETO debido, lo mas seguro, a la poco optimista prevision meteorologica.
Pago en efectivo por el fin de semana y el recepcionista cogio el dinero con desinteres. Ricky supuso que lo tomaba por un confuso empresario de mediana edad de Boston que se habia rendido por fin a sus fantasias e iba a esa ciudad de alborotada vida nocturna en verano para unos dias de sexo y culpa. Ricky no hizo nada por contradecir tal suposicion y, de hecho, pregunto al recepcionista por los mejores clubes de la ciudad, la clase de sitios donde los solteros iban a buscar compania. El hombre le dio algunos nombres y no pregunto nada.
Ricky encontro una tienda de articulos de acampada y compro mas repelente de insectos, una linterna potente y un capote verde oliva mayor de lo normal. Tambien compro un sombrero de camuflaje de ala ancha que tenia un aspecto ridiculo pero que llevaba cosida al ala una mosquitera que cubria la cabeza y los hombros.
De nuevo, la prevision meteorologica para el fin de semana le era favorable: humedad, tormentas electricas, cielos grises y temperaturas calidas. Un fin de semana horrible. Ricky dijo al dependiente que aun asi iba a cuidar un poco del jardin, lo que en ese contexto confirio un sentido de normalidad a cada una de las compras.
Regreso fuera y vio como por el oeste crecia lo que supuso seria un gran frente de nubes de tormenta. Presto atencion para intentar oir el estruendo distante de los truenos y vio un cielo gris que parecia senalar la llegada de la noche. Percibia el sabor de la inminente lluvia y apresuro el paso para efectuar sus preparativos.
El dia se prolongo con una luz que no desaparecia, como si compitiera con las condiciones meteorologicas que avanzaban hacia el. Cuando llego a la carretera que conducia a su antigua casa, el cielo habia adoptado un extrano tono amarronado. El autobus que recorria la carretera 6 le habia dejado a unos tres kilometros y habia
