– Si, Ricky, lo creo -contesto Virgil con rotundidad tras una pausa-. Creo que hoy en dia la gente queda impune de todo tipo de delitos, incluso el asesinato. Pasa continuamente. Pero en el caso de tu infortunado paciente (?o deberia decir ex paciente?) las pruebas de que el se lanzo son irrefutables. ?Que te hace pensar que no se suicido mediante una tecnica barata y eficiente de uso habitual en Nueva York? Un metodo que pronto podrias verte obligado a plantearte tu mismo. Pensandolo bien, un modo no demasiado terrible de acabar con todo. Una sensacion momentanea de miedo y de duda, una decision, un unico paso valiente adelante en el anden, un chirrido, un destello y despues la bendita inconsciencia.

– Zimmerman no se habria suicidado nunca. No presentaba ninguno de los sintomas clasicos. Tu o alguien lo empujo delante de ese metro.

– Admiro tu seguridad, Ricky. Debe de proporcionar mucha felicidad estar tan seguro de todo.

– Voy a ir a la policia.

– Bueno, no hay inconveniente en que lo intentes otra vez si crees que te va a servir de algo. ?Los encontraste especialmente serviciales? ?Mostraron mucho interes en escuchar tu interpretacion analitica de unos hechos que no presenciaste?

Esta pregunta silencio a Ricky. Hizo una pausa antes de contestar.

– Muy bien -dijo por fin-. ?Y ahora que?

– Te hemos dejado un regalo. En el divan. ?Lo ves?

Ricky vio un sobre manila mediano donde sus pacientes solian recostar la cabeza.

– Lo veo -afirmo.

– Muy bien -dijo Virgil-. Esperare a que lo abras.

Antes de dejar el auricular en el escritorio, la oyo tararear una melodia que le sonaba, pero que no consiguio identificar. Si hubiese mirado mas la television, habria sabido que se trataba de la conocida musica del concurso televisivo Jeopardy.

Se levanto, cruzo la habitacion y agarro el sobre. Era delgado; lo abrio rapidamente y extrajo una hoja. Era la pagina de un calendario. La fecha de ese dia, primero de agosto, aparecia tachada con una gran equis roja. Los trece dias siguientes estaban en blanco. Un circulo rojo rodeaba el decimoquinto. El resto de los dias del mes estaban borrados.

A Ricky se le seco la boca. Miro en el sobre, pero no habia nada mas.

Regreso despacio a la mesa y cogio el auricular.

– Muy bien -comento-. No es dificil de entender.

– Un recordatorio, Ricky. -La voz de Virgil seguia fluida y casi dulce-. Nada mas. Algo para ayudarte a ponerte en marcha.

– Ricky, Ricky, ya te lo he preguntado: ?que has averiguado?

Esa pregunta le enfurecio y estuvo a punto de estallar de indignacion. Pero contuvo la furia acumulada y, con un ferreo control de sus emociones, contesto:

– He averiguado que no parece haber limites.

– Muy bien, Ricky, muy bien. Eso es un avance. ?Que mas?

– Que no debo subestimar lo que esta pasando.

– Excelente, Ricky. ?Algo mas?

– No. Hasta este momento.

Virgil chasqueo la lengua parodiando a una maestra de escuela.

– No es cierto, Ricky. Lo que has averiguado es que en este juego todo, incluido el probable resultado, se juega en un campo disenado especialmente para ti. Creo que mi jefe ha sido de lo mas generoso, si tenemos en cuenta sus opciones. Tienes una oportunidad, pequena por supuesto, de salvar la vida de otra persona y la tuya propia contestando a una sencilla pregunta: ?Quien es Rumplestiltskin? Y, como no quiere ser injusto, te ha dado una solucion alternativa, menos atractiva para ti, si, pero que dara a tu lamentable existencia algun significado en tus ultimos dias. No mucha gente tiene esa clase de oportunidad, Ricky, me refiero a irse a la tumba sabiendo que su sacrificio ha salvado a otra persona de algun horror desconocido. Es algo que raya en la santidad, Ricky. Y se te ofrece sin los encantadores tres milagros que la Iglesia catolica suele exigir, aunque creo que perdonan uno o dos cuando el candidato es encomiable. ?Como se hace para perdonar un milagro cuando es necesario para ser aceptado en el club? Bueno, esa es una pregunta fascinante que podremos debatir con detenimiento en otro momento. Ahora, Ricky, deberias volver a las pistas que has recibido y ponerte en marcha. Estas perdiendo tiempo y no te queda mucho. ?Has hecho alguna vez un analisis con una fecha limite, Ricky? Porque de eso se trata. Seguire en contacto contigo. Recuerda, Virgil nunca esta lejos. -Inspiro hondo y anadio-: ?Lo has entendido todo, Ricky? -Como el guardo silencio, lo repitio, esta vez en tono mas amenazador-. ?Lo has entendido todo, Ricky?

– Si -contesto el antes de colgar.

Pero por supuesto, no era asi.

7

El fantasma de Zimmerman parecia estar riendose de el.

Era por la manana, despues de una mala noche. No habia dormido demasiado, pero cuando lo habia hecho habia sonado vividamente con su difunta mujer sentada a su lado en un coche deportivo biplaza color rojo que no habia reconocido, pero que no obstante era suyo. Se habian detenido junto al mar, en una playa cercana a su casita de veraneo en Cape Cod. En el sueno, Ricky tenia la impresion de que las aguas grisaceas del Atlantico, color que adoptaban antes de una tormenta, se acercaban cada vez mas a el y amenazaban con cubrir el coche en pleamar, de modo que trato de abrir la puerta pero, cuando fue a accionar el tirador, habia visto de pie, fuera del coche, a un Zimmerman sonriente y manchado de sangre que mantenia la puerta cerrada para dejarlo atrapado en su interior. El coche no arrancaba y sabia que, de todos modos, las ruedas estaban hundidas en la arena. En el sueno, su difunta esposa parecia tranquila, atractiva, casi como si le diera la bienvenida. Le habia costado poco interpretarlo todo mientras estaba en la ducha y dejaba que el agua templada, ni demasiado caliente ni demasiado fria, le cayera sobre la cabeza en una cascada que resultaba un poco desagradable, pero que concordaba con su sombrio estado de animo.

Se puso unos pantalones caqui descoloridos y raidos que tenian las perneras deshilachadas y mostraban todos los signos de un prolongado uso por el que los adolescentes pagarian muchisimo en una tienda pero que, en su caso, eran consecuencia de haberlos usado anos durante las vacaciones de verano, la unica epoca en que los llevaba. Se calzo un par de nauticas igual de ajadas y se puso una camisa azul demasiado gastada para exhibirla en la calle. Se paso un peine por el cabello. Se contemplo en el espejo y penso que tenia todo el aspecto de un triunfador que se vestia de modo informal para empezar las vacaciones. Penso como durante anos se habia despertado el 1 de agosto y puesto, feliz, las ropas viejas y comodas que senalaban que el mes que empezaba iba a abandonar la personalidad cuidadosamente elaborada y estricta del psicoanalista del Upper East Side de Manhattan para transformarse en algo distinto. Para Ricky, las vacaciones se definian como un tiempo para ensuciarse las manos en el jardin de Wellfleet, para que se le metiera arena entre los dedos de los pies al dar largos paseos por la playa, para leer novelas populares de misterio o de amor y para beber de vez en cuando un brebaje asqueroso llamado Cape Codder, una mezcla desafortunada de zumo de arandano y vodka. Estas vacaciones no prometian tal vuelta a la rutina, incluso aunque, con lo que alguien podria haber calificado de terquedad, o acaso esperanza ilusa, iba vestido para el primer dia de las vacaciones.

Sacudio la cabeza y se arrastro hacia la cocina. Para desayunar se preparo una tostada y un poco de cafe solo que sabia amargo por mucho azucar que le pusiera. Mastico la tostada con una desgana que lo sorprendio. No tenia nada de apetito.

Llevo el cafe a la consulta, donde puso la carta de Rumplestiltskin en el escritorio, frente a el. De vez en cuando lanzaba una mirada hacia la ventana, como si esperase vislumbrar a Virgil, desnuda, merodeando en la calle o asomada a una ventana de uno de los pisos de enfrente. Sabia que estaba cerca o, por lo menos, asi lo creia conforme a lo que ella le habia dicho.

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