razonable.
Se dirigio con cautela hacia el centro de la habitacion, de nuevo con las manos extendidas delante, igual que un ciego. Estaba a mitad de camino cuando sono el telefono de la mesa.
El ruido lo paralizo.
Se volvio tambaleante hacia el escritorio y se inclino sobre el.
Con la mano tumbo un cubilete de boligrafos y lapices. Agarro el telefono justo antes del sexto timbrazo, que habria puesto en marcha el contestador automatico.
– ?Diga? ?Diga?
No hubo respuesta.
– ?Diga? ?Quien llama?
La comunicacion se corto de golpe.
Ricky sostuvo el auricular en la oscuridad y maldijo, en silencio primero y no tan silenciosamente despues.
– ?Por todos los demonios! -exclamo-. Maldita sea. Maldita sea. Maldita sea.
Colgo y apoyo las manos en la superficie de la mesa, como si estuviera cansado y necesitara recuperar el aliento. Maldijo otra vez, aunque en voz mas baja.
El telefono volvio a sonar.
Dio un respingo, sorprendido, antes de alargar la mano para buscar a tientas el auricular, que golpeo el escritorio. Se lo llevo a la oreja.
– No tiene gracia -dijo.
– Doctor Ricky -susurro la voz profunda, aunque juguetona, de Virgil-. Nadie ha sugerido en ningun momento que se tratara de una broma. De hecho, el senor R no tiene demasiado sentido del humor, o eso me han dicho.
Ricky contuvo la sarta de improperios que le subio por la garganta y dejo que, en su lugar, el silencio hablara por el.
Pasados unos segundos, Virgil solto una carcajada. El sonido resulto terrible a traves de la linea telefonica.
– Todavia estas a oscuras, ?verdad, Ricky?
– Si -contesto-. Seguro que has estado aqui. Tu o alguien como tu entro mientras yo estaba fuera y…
– Tu eres el analista, Ricky -susurro Virgil, casi seductora-.
Cuando estas a oscuras respecto a algo, en especial algo sencillo, ?que haces?
No respondio. Virgil rio de nuevo.
– Vamos, Ricky. ?Y tu te consideras un maestro del simbolismo y de la interpretacion de todo tipo de misterios? ?Como arrojas luz sobre algo cuando solo hay oscuridad? Vamos, es tu trabajo, ?no?
No le permitio contestar.
– Sigue el camino mas facil hacia la respuesta.
– ?Como?
– Veo que vas a necesitar que te ayude mucho los proximos dias si quieres esforzarte corno es debido para salvar tu propia vida. ?O prefieres quedarte sentado a oscuras hasta que llegue el dia en que tengas que suicidarte?
Se sintio confundido.
– No entiendo -admitio.
– Lo haras muy pronto -aseguro Virgil y colgo, dejandolo agarrado al auricular con impotencia.
Pasaron unos segundos antes de que lo devolviera al soporte. La penumbra que reinaba en la habitacion parecia envolverlo, cubriendolo de desesperacion. Repaso las palabras de Virgil, que le parecian obtusas, cripticas e incomprensibles. Quiso gritar que no tenia idea de su significado, frustrado tanto por la oscuridad que lo rodeaba como por la sensacion de que su espacio privado habia sido perturbado y violado. Apreto los dientes, aferrando el borde de la mesa y grunendo de rabia. Queria coger algo y romperlo.
– ?Un camino facil! -casi grito-. ?En la vida no hay caminos faciles!
El sonido de sus propias palabras extinguiendose en la habitacion oscura tuvo el efecto inmediato de acallarlo. Le hervia la sangre, al borde de la furia.
– Facil, facil… -mascullo.
Y entonces tuvo una idea. Le sorprendio que hubiera logrado superar su creciente colera.
– No puede ser… -dijo mientras alargaba la mano izquierda hacia la lampara de sobremesa.
Palpo la base y encontro el cable. Lo sostuvo entre los dedos y lo siguio hacia abajo, hacia donde estaba empalmado a un alargo que recorria la pared hasta el enchufe. Se arrodillo en el suelo y encontro el extremo. Estaba desconectado. Tuvo que palpar unos segundos mas para encontrar el final del alargo, pero lo logro. Lo conecto al cable y, de golpe, la habitacion se ilumino. Se incorporo y se volvio hacia la lampara situada tras el divan y vio que tambien estaba desenchufada. Alzo los ojos hacia la lampara que colgaba del techo y supuso que simplemente habrian aflojado la bombilla del portalamparas.
En el escritorio, el telefono sono por tercera vez.
– ?Como conseguiste entrar? -pregunto al descolgar.
– ?Crees que el senor R no puede permitirse un buen cerrajero? -repuso Virgil con coqueteria-. ?O un atracador profesional? ?Alguien experto en los cerrojos antiguos y pasados de moda que tienes en la puerta principal, Ricky? ?No has pensado nunca en algo mas moderno? ?Sistemas de cerradura electricos con detectores de movimientos por infrarrojos y laser? ?Tecnologia dactilar o incluso esos sistemas de reconocimiento de retina que usan en las instalaciones del gobierno? Ya sabes que la gente puede conseguir bajo cuerda ese tipo de cosas a traves de contactos turbios. ?No has sentido nunca la necesidad de modernizar un poco tu seguridad personal? La luz solo da una apariencia de seguridad.
– Nunca he necesitado esas tonterias -gruno Ricky pomposamente.
– ?No te han entrado nunca en casa? ?Nunca te han robado? ?En todos los anos que llevas en Manhattan?
– No.
– Bueno -dijo Virgil con petulancia-, supongo que nadie ha pensado que tengas nada valioso. Pero ya no es asi, ?verdad, doctor? Mi jefe lo cree, y parece mas que dispuesto a conseguir su objetivo.
Ricky no contesto. Levanto los ojos de golpe para mirar por la ventana.
– Puedes verme -dijo, agitado-. Me estas viendo ahora mismo, ?no? ?Como, si no, ibas a saber que he conseguido dar la luz?
– Muy bien, Ricky -ironizo Virgil-. Estas haciendo algun progreso si puedes por fin afirmar lo evidente.
– ?Donde estas?
– Cerca -respondio Virgil tras una pausa-. Detras de ti, Ricky. Soy tu sombra. ?De que te serviria tener un guia hacia el infierno si no estuviera ahi cuando lo necesitaras?
Ricky no respondio.
– Bueno -prosiguio Virgil, y su voz volvio a adoptar el tono cantarin que Ricky empezaba a encontrar irritante-, te dare una pista, doctor. El senor R tiene un sano espiritu deportivo. Despues de toda la planificacion necesaria para su venganza, ?crees que querria jugar con normas que no puedas percibir? ?Que has averiguado esta noche, Ricky?
– Que tu y tu jefe sois unas personas enfermas y asquerosas. No quiero tener nada que ver con vosotros.
La risa de Virgil sono gelida y monocorde a traves de la linea telefonica.
– ?Eso es lo que has averiguado? ?Y como has llegado a tal conclusion? Fijate que no te lo estoy negando. Pero me interesaria saber con que teoria psicoanalitica o medica has llegado a este diagnostico cuando, segun mi modesta opinion, no nos conoces en absoluto. Por Dios, si tu y yo solo tuvimos una sesion. Y todavia no tienes idea de quien es Rumplestiltskin. Pero estas dispuesto a sacar toda clase de conclusiones apresuradas. Mira, Ricky, me parece que eso es peligroso para ti, dada la precariedad de tu situacion. Deberias intentar mantener una actitud mas abierta.
– Zimmerman… -empezo el con una mezcla de frialdad y furia-. ?Que le paso a Zimmerman? Tu estabas ahi. ?Lo empujaste a la via? ?Le diste un golpecito para que perdiera el equilibrio?
– ?Crees que puedes quedar impune de un asesinato?
