Riggins hizo una anotacion en el bloc. Ricky no pudo ver que escribia.

– ?Seria «desesperacion» una palabra demasiado fuerte para describir su estado?

– Si -respondio Ricky, irritado.

– ?Aunque esa sea la primera palabra que uso su madre, con quien vivia? ?Y la misma que dijeron sus companeros de trabajo?

– Si -insistio Ricky.

– Asi pues, ?no cree que fuera suicida?

– Ya se lo dije, detective. No presentaba ninguna sintomatologia clasica. De lo contrario yo habria adoptado medidas…

– ?Que clase de medidas?

– Habria intentado concentrar de modo mas especifico las sesiones. Tal vez medicacion, si hubiese creido que el peligro era real…

– No me ha dicho que no le gusta recetar pastillas?

– Ya, pero…

– No se va de vacaciones muy pronto?

– Si. Manana, por lo menos eso tengo previsto, pero ?que tiene eso que…?

– Asi pues, a partir de manana su cabo de salvamento terapeutico se iba de vacaciones.

– Si, pero no alcanzo a ver…

– Palabras interesantes para que las diga un psiquiatra -sonrio la detective.

– ?Que palabras? -pregunto Ricky, levemente exasperado.

– «No alcanzo a ver…» -repitio ella-. ?No se acerca mucho eso a lo que se llama desliz freudiano?

– No.

– ?No cree que se suicidara?

– No. Solo…

– ?Se habia suicidado antes algun paciente suyo?

– Si, por desgracia. Pero en ese caso los signos eran claros. Mis esfuerzos, sin embargo, no fueron suficientes para aliviar la profunda depresion de ese paciente.

– ?Ese fracaso le persiguio algun tiempo, doctor?

– Si -contesto Ricky con frialdad.

– Seria malo para su consulta y muy malo para su reputacion que otro de sus pacientes habituales decidiera tener un cara a cara con el expreso de la Octava Avenida, ?verdad?

Ricky se recosto en la silla con el entrecejo fruncido.

– No me gusta lo que insinua con esa pregunta, detective.

– Bueno, sigamos adelante. -Riggins sonrio y meneo la cabeza-. Si no cree que se suicidara, la alternativa es que alguien lo empujo. ?Le hablo alguna vez el senor Zimmerman de alguien que lo odiara, o que le guardara rencor, o que pudiera tener algun motivo para matarlo? Hablaba con usted cada dia, de modo que cabe suponer que, si lo hubiera amenazado algun desconocido, se lo habria mencionado. ?Lo hizo?

– No. Jamas menciono a nadie que encajara en las categorias que usted menciona.

– ?No dijo nunca: «Fulano de tal quiere verme muerto…?».

– No.

– ?Y lo recordaria si lo hubiese dicho?

– Por supuesto.

– De acuerdo. En principio, al parecer nadie intentaba acabar con el. Pero ?y un socio? ?Una antigua amante? ?Un marido cornudo? Usted cree que alguien pudo empujarle a la via del tren.

– Pero ?por que? ?Por simple diversion? ?Alguna otra razon misteriosa?

Ricky vacilo. Era su oportunidad de contar a la policia lo de la carta, la visita de Virgil, el juego en que se le exigia participar.

Lo unico que tenia que hacer era decir que se habia cometido un crimen y que Zimmerman era una victima de un acto que no tenia nada que ver con el salvo su muerte. Empezo a abrir la boca para revelar todos estos detalles, para dejarlos fluir con libertad, pero lo que vio fue una detective aburrida y cansada que deseaba acabar una jornada absolutamente desagradable con un formulario mecanografiado que no disponia de ninguna casilla para la informacion que iba a proporcionarle.

En ese instante decidio abstenerse. Era su personalidad de psicoanalista, que no le dejaba compartir especulaciones u opiniones con facilidad.

– Quiza -dijo-. ?Que sabe de esa otra mujer, la que dio diez dolares a Lu Anne?

Riggins arrugo el entrecejo al parecer confusa.

– ?Que pasa con ella?

– ?No le resulta sospechoso su comportamiento? ?No parece que haya puesto palabras en la boca de Lu Anne?

– No lo se -contesto la detective encogiendose de hombros-.

Una mujer y un hombre ven que uno de los ciudadanos menos afortunados de nuestra gran ciudad podria ser un testigo importante de un hecho y se aseguran de que el pobre testigo reciba alguna compensacion por ofrecer su ayuda a la policia. Seria mas civismo que algo sospechoso, porque Lu Anne se ha presentado y nos ha ayudado gracias, por lo menos en parte, a la intervencion de esa pareja.

– ?Ha averiguado quienes eran? -quiso saber Ricky tras dudar un momento.

– Lo siento. -La mujer movio la cabeza-. Llevaron a Lu Anne a uno de los primeros policias en llegar al anden y se marcharon despues de informarle de que ellos no habian visto que habia pasado exactamente. Y no, no tengo el nombre de ninguno de los dos porque no eran testigos. ?Por que lo pregunta?

Ricky no sabia si queria contestar esa pregunta. En parte, pensaba que deberia contarlo todo, pero ignoraba lo peligroso que eso podia ser. Intentaba calcular, adivinar, valorar y examinar, pero de repente le parecio como si todos los acontecimientos que lo rodeaban fueran borrosos e indescifrables, confusos y escurridizos. Sacudio la cabeza, como si asi pudiera lograr que sus emociones adquirieran alguna definicion.

– Dudo mucho que el senor Zimmerman quisiera suicidarse. Su estado no parecia tan grave -aseguro Ricky-. Anote eso, detective, y pongalo en su informe.

Riggins se encogio de hombros y sonrio con una fatiga mal disimulada y tenida de sarcasmo.

– Lo hare, doctor. Su opinion, en la medida de lo que vale, esta anotada para que conste.

– ?Hubo algun otro testigo? ?Alguien que quiza viera a Zimmerman separarse de la multitud en el anden? ?Alguien que lo viera moverse sin ser empujado?

– Solo Lu Anne, doctor. Los demas solo vieron parte del hecho.

Nadie vio que no lo empujaran. Dos chicos vieron que estaba solo, separado del resto de la gente que esperaba el metro. El perfil de los hechos, por cierro, es bastante habitual en este tipo de casos. La gente suele tener la mirada fija en el tunel por donde llegara el tren. Es tipico que quienes se lanzan a la via se situen detras de la gente, no delante. Quieren acabar con su vida por los motivos que sea, no dar un espectaculo a la multitud del anden.

Asi que noventa y nueve de cada cien veces, se separan de la gente, hacia atras. Tal como el senor Zimmerman hizo. -La detective sonrio y prosiguio-: Apuesto lo que quiera a que encontrare una nota entre sus pertenencias, en alguna parte. O puede que usted reciba una carta por correo esta semana. Si es asi, mandeme una copia para mi informe. Claro que, como se va de vacaciones, a lo mejor no la recibe hasta su regreso. Aun asi, resultaria util.

Ricky queria replicar, pero contuvo el enojo que sentia.

– ?Podria darme su tarjeta, detective? Por si necesitara ponerme en contacto con usted -pidio con frialdad.

– Por supuesto. Llameme cuando quiera -contesto con un tono despectivo que daba a entender justo lo contrario.

Le entrego una tarjeta con una leve floritura.

Ricky se la guardo en el bolsillo sin mirarla y se levanto para marcharse. Cruzo deprisa la oficina y no miro atras hasta cruzar la puerta. Entonces vio a la detective Riggins encorvada sobre una maquina de escribir anticuada, empezando su informe sobre la muerte al parecer intrascendente de Roger Zimmerman.

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