apenas podia moverse, como si de repente todas sus articulaciones se hubiesen paralizado y no estuvieran dispuestas a obedecer ordenes.
No tenia idea de cuanto rato habia permanecido sentado asi antes de fijar la mirada en el Times que seguia donde lo habia tirado. Ni tampoco cuanto tiempo habia contemplado el revoltijo de paginas antes de fijarse en una raya roja que asomaba bajo el monton. Y entonces, tras captar esta anomalia ‹despues de todo, en el pasado no se llamaba al Times la Dama Gris por nada), de relacionarla con el. Observo la raya y, por fin, se dijo: «El Times no utiliza tinta roja. Suele ser de un sobrio blanco y negro dispuesto en un formato de siete columnas y dos secciones con una regularidad absoluta. Incluso las fotografias en color del presidente o las modelos que exhiben la ultima moda de Paris parecen adoptar automaticamente el tinte monotono y apagado del periodico».
Se levanto de la silla y se agacho sobre el revoltijo del periodico. Alargo la mano hacia la salpicadura de color y tiro de ella.
Era la pagina 216. Las necrologicas.
Pero escrito en una tinta roja fluorescente sobre las imagenes, articulos y esquelas, leyo lo siguiente:
Y sera mejor que termine esta rima, o el tiempo se te echara encima.
Bajo el poema habia una gran R roja y, debajo, en tinta negra, un rectangulo dibujado alrededor de una necrologica, con una gran flecha que senalaba la cara y la resena del fallecido, y las palabras: «Aqui encajaras a la perfeccion».
Estudio el poema durante un momento que se convirtio en minutos y, por ultimo, se acerco a la hora, mientras digeria cada palabra del modo que un
«Si desea suscribirse, por favor, pulse uno. Si tiene alguna queja sobre el reparto o si no ha recibido su periodico, por favor, pulse dos. Para obtener informacion sobre su cuenta, por favor, pulse tres».
Ninguna de estas opciones le parecio adecuada, pero sospecho que una queja podria arrancarle una respuesta humana, asi que probo el dos. Eso provoco un timbre de llamada, seguido de una voz de mujer:
– ?Cual es su direccion, por favor? -dijo sin mas.
Ricky dudo pero se la dio.
– Todos los repartos a esa direccion aparecen como efectuados -afirmo la mujer.
– Si, recibi mi periodico, pero quiero saber quien lo repartio.
– ?Cual es el problema, senor? ?Necesita un segundo reparto?
– No.
– Este numero es para las personas que no han recibido el periodico.
– Ya lo se -replico el, empezando a exasperarse-. Pero hubo un problema en el reparto.
– ?No fue a tiempo?
– Si fue a tiempo.
– ?Hizo demasiado ruido el repartidor?
– No.
– Este numero es para quejas del reparto.
– Si, ya me lo ha dicho. O no exactamente eso, y lo entiendo.
– ?Cual es su problema, senor?
Ricky vacilo mientras buscaba palabras corrientes para hablar con la joven.
– Mi periodico estaba pintarrajeado -solto al fin.
– ?Quiere decir que estaba roto, mojado o ilegible?
– Quiero decir que alguien lo habia alterado.
– A veces los periodicos salen de prensa con errores en la paginacion o el doblado. ?Se trata de esa clase de problema?
– No -respondio Ricky-. Lo que quiero decir es que alguien escribio cosas ofensivas en mi periodico.
– Esta es nueva -comento la mujer tras una pausa. Su reaccion casi la convirtio en una persona real en lugar de la tipica voz incorporea-. Nunca la habia oido antes. ?Que clase de cosas ofensivas?
Ricky decidio mostrarse vago. Hablo deprisa y con agresividad.
– ?Es usted judia, senorita? ?Sabe como seria recibir un periodico en el que alguien hubiera dibujado una esvastica? ?O puertorriquena? ?Como le sentaria que alguien le hubiera puesto «Vuelvete a San Juan»? ?Es afroamericana? Conoce la palabra que %genera odio, ?verdad?
– ?Alguien le dibujo una esvastica en el periodico? -pregunto la chica, a quien parecia costarle seguirle el ritmo.
– Algo asi. Por eso necesito hablar con la persona encargada del reparto.
– Creo que sera mejor que hable con mi supervisor.
– De acuerdo. Pero antes quiero el nombre y el telefono de la persona que efectua los repartos en mi edificio.
La mujer vacilo, y Ricky pudo oir como revolvia unos papeles. Luego hubo una serie de repiqueteos de teclas de fondo. Cuando ella volvio a hablar fue para leer el nombre de un supervisor de ruta, un conductor, sus numeros de telefono y sus direcciones.
– Me gustaria que hablara con mi supervisor -dijo tras darle la informacion.
– Pidale que me llame -respondio Ricky antes de colgar.
En unos segundos estaba llamando al numero que acababan de darle. Le contesto otra mujer.
– Reparto de Prensa.
– Con el senor Ortiz, por favor -pidio con educacion.
– Ortiz esta en la zona de carga. ?De que se trata?
– Un problema con el reparto.
– ?Ha llamado a Envios?
– Si. Es como consegui este numero. Y su nombre.
– ?De que clase de problema se trata?
– ?Que le parece si comento eso con el senor Ortiz?
– A lo mejor no vuelve hasta manana -repuso la mujer tras un momento de duda.
– ?Por que no lo comprueba? -sugirio Ricky con frialdad-. De este modo podemos evitar una situacion tan innecesaria como desagradable.
– ?Que clase de situacion desagradable? -pregunto la mujer, a la defensiva.
– Pues que me presentara ahi acompanado de un policia y tal vez de mi abogado.
Ricky se marco un farol con su mejor tono patricio de «soy un varon blanco rico y el mundo me pertenece».
La mujer hizo una pausa.
– Espere un momento -dijo despues-. Avisare a Ortiz.
Unos segundos mas tarde, un hombre con acento hispano cogio el telefono.
– Soy Ortiz. ?Que ocurre?
– Hacia las cinco y media de esta manana dejaron un ejemplar del Times en la puerta de mi casa, como todos los dias -explico Ricky-. La unica diferencia es que hoy alguien me ha puesto un mensaje dentro del periodico. Por eso llamo.
– No se nada sobre…
– Senor Ortiz, no ha infringido ninguna ley y no es usted quien me interesa. Pero si no coopera conmigo,
