metalica y vio que lo que habia ido a buscar, la caja que contenia el ordenador de su mujer, no estaba alli. Se adentro mas en el trastero. Su cuerpo tapaba en parte la luz, asi que solo unas franjas afiladas de iluminacion horadaban el espacio. Echo un vistazo alrededor y vio que faltaba otra cosa: un archivador de plastico donde guardaba sus ejemplares de las declaraciones de la renta.
El resto de las cosas parecia intacto, si eso servia de algo.
Practicamente paralizado por una sensacion abrumadora de derrota, regreso al ascensor. De vuelta a la luz del dia y al aire mas puro, y fuera de la suciedad y el polvo de los recuerdos almacenados abajo, empezo a pensar en el impacto que podrian tener el ordenador y las declaraciones de renta desaparecidos.
«?Que me han robado?», se pregunto. Y se estremecio al responderse: «Es probable que todo».
Las declaraciones de la renta desaparecidas le provocaron una sensacion horrible. No era extrano que Merlin supiera tanto sobre sus activos; seguramente lo sabia todo sobre sus modestas finanzas. Una declaracion de la renta es como un mapa de carreteras que abarca desde la identidad hasta las donaciones beneficas. Muestra todas las rutas recorridas en la existencia de uno, sin la historia. Como un mapa, indica a alguien como ir de aqui alla en la vida de otra persona, donde estan las autopistas y donde empiezan las carreteras secundarias. Lo unico que le falta es color y descripcion.
El ordenador desaparecido tambien le preocupaba. No tenia idea de lo que quedaba en el disco duro, pero sabia que habia algo. Intento recordar las horas que su mujer habia pasado ante esa maquina antes de que la enfermedad le robara incluso las fuerzas para teclear. Desconocia que cantidad de su dolor, recuerdos, ideas y recorridos electronicos habria en el. Lo unico que sabia era que un informatico cualificado podia recuperar todo tipo de trayectos a partir de la memoria del ordenador. Supuso que Rumplestiltskin tenia la habilidad necesaria para extraer de la maquina lo que esta contuviera.
Ricky se desplomo al llegar a su casa. Se sentia como si lo hubiesen cortado con una hoja de afeitar caliente. Miro alrededor y supo que todo lo que creia tan seguro y privado en su vida era vulnerable.
Nada era secreto.
De haber sido un nino, se habria echado a llorar en ese mismo instante.
Esa noche sus suenos estuvieron poblados de imagenes sombrias y violentas. En uno, se vio intentando avanzar por una habitacion mal iluminada, sabiendo todo el rato que si tropezaba y se caia, seria engullido por la penumbra del olvido, pero aun asi cruzaba la estancia con paso vacilante, agarrandose a paredes vaporosas con dedos entumecidos, en un recorrido que parecia imposible.
Desperto en medio de la negrura de su habitacion, lleno de ese panico momentaneo que se tiene al pasar de la inconsciencia a la conciencia, con la chaqueta del pijama manchada de sudor, la respiracion ahogada y la garganta seca, como si llevara horas gritando desesperado. Por un instante no estuvo seguro de haber dejado atras la pesadilla, y hasta que encendio la lampara de la mesilla y vio el conocido espacio de su habitacion, su corazon no empezo a recuperar su ritmo normal. Dejo caer la cabeza de nuevo sobre la almohada, necesitado de reposo y a sabiendas de que no lo obtendria. No le costo interpretar sus suenos. Eran tan malignos como estaba empezando a serlo su vida.
El anuncio aparecio esa manana en la portada del Times, en la parte inferior, como Rumplestiltskin habia especificado. Lo leyo varias veces y penso que, por lo menos, daria a su torturador algo en que pensar. No sabia cuanto tiempo tardaria en contestarle, pero esperaba alguna clase de respuesta con rapidez, tal vez en el periodico de la manana siguiente. Mientras tanto, decidio que lo mejor seria seguir trabajando en el rompecabezas.
Con la publicacion del anuncio, tuvo un sentimiento momentaneo e ilusorio de triunfo, como animado por haber dado un paso adelante. La desesperacion abrumadora del dia anterior al descubrir la falta del ordenador y el robo de las declaraciones de la renta quedaba, si no del todo olvidada, por lo menos aparcada.
El anuncio dio a Ricky la sensacion de que por lo menos ese dia no era una victima. Se encontro concentrado, capaz de centrarse, con una memoria mas aguda y precisa. El dia le paso volando, tan deprisa como lo habria hecho uno normal con pacientes, mientras recuperaba recuerdos y viajaba por su propio paisaje interior.
Al final de la manana, habia elaborado dos listas de trabajo independientes. Limitandose aun al periodo que empezaba en 1975 y acababa en 1985, en la primera lista identifico unas setenta y tres personas a las que habia proporcionado tratamiento. Este variaba desde un maximo de siete anos para un hombre muy perturbado hasta tres meses para una mujer que pasaba por una crisis matrimonial. Como promedio, la mayoria de sus pacientes se situaba en la gama de tres a cinco anos. En casi todos los casos se trataba de tradicionales analisis freudianos, de cuatro a cinco sesiones semanales, con el uso del divan y las diversas tecnicas de la profesion. En unos pocos no era asi; se trataba de encuentros cara a cara, sesiones mas sencillas de conversacion en los que habia actuado menos como analista y mas como un terapeuta corriente, con opiniones y consejos, que son precisamente las cosas que un analista mas se esfuerza en evitar. A mediados de los anos ochenta habia ido dejando esta clase de pacientes para limitarse exclusivamente a la experiencia exhaustiva del psicoanalisis sabia que tambien habia varios pacientes, tal vez dos docenas en esos diez anos, que habian empezado tratamientos y los habian interrumpido. Los motivos para abandonar la terapia eran diversos: algunos no disponian del dinero o el seguro medico necesarios para pagar las sesiones; otros se habian visto obligados a mudarse debido a exigencias profesionales o escolares. Unos pocos habian decidido que no recibian suficiente ayuda o que esta no era lo bastante rapida, o estaban demasiado enfadados con el mundo como para continuar. Eran pocos, pero existian.
Integraban su segunda lista, mucho mas dificil de elaborar.
Se dio cuenta enseguida de que se trataba de una lista mas peligrosa. Incluia personas que podian haber transformado su rabia en una obsesion por Ricky, y haber transmitido esta despues.
Coloco ambas listas en la mesa, frente a el, y penso que deberia empezar el rastreo de nombres. Cuando tuviera la respuesta de Rumplestiltskin, podria eliminar a varias personas de cada una de ellas y seguir adelante.
Toda la manana habia esperado que sonara el telefono, con una respuesta de su agente de bolsa. Le sorprendia un poco no tener noticias de el, porque en el pasado habia manejado siempre el dinero de Ricky con diligencia y seriedad. Marco el numero otra vez y volvio a salirle la secretaria.
Parecio algo nerviosa al oir su voz.
– Oh, doctor Starks, el senor Williams estaba a punto de llamarle. Ha habido cierta confusion con su cuenta - aseguro.
– ?Confusion? -A Ricky se le hizo un nudo en el estomago-.
?Como puede confundirse el dinero? Las personas pueden confundirse. Los perros pueden confundirse. El dinero no.
– Le pasare con el senor Williams -dijo la secretaria.
Tras un breve silencio se oyo en la linea la no exactamente conocida pero tampoco irreconocible voz del corredor. Todas las inversiones de Ricky eran conservadoras, fondos mutuos y bonos.
Nada arriesgado ni agresivo, solo un crecimiento modesto y regular. Tampoco eran demasiado considerables. De todos los profesionales relacionados con el ambito de la medicina, los psicoanalistas figuraban entre los mas limitados en cuanto a lo que podian cobrar y a la cantidad de pacientes que podian atender. No eran como los radiologos, que tenian tres pacientes a la misma hora en salas distintas, ni como los anestesistas, que iban de una operacion a otra como si de una cadena de montaje se tratara. Los psicoanalistas no solian hacerse ricos, y Ricky no era la excepcion. La casa de Cape Cod y el piso eran de propiedad, pero eso era todo. Ningun Mercedes. Ningun yate fondeado en Long Island Sound. Solo algunas inversiones prudentes destinadas a proporcionarle suficiente dinero para jubilarse, si alguna vez decidia reducir el volumen de pacientes. Ricky hablaba con su corredor una o dos veces al ano, nada mas. Siempre habia supuesto que era uno de los peces mas pequenos de la firma.
– ?Doctor Starks? -El agente de bolsa se dejo oir con brusquedad y hablando deprisa-. Disculpe que le haya hecho esperar, pero estabamos intentando resolver un problema…
– ?Que clase de problema?
Ricky parecia tener el estomago contraido.
– Bueno, ?ha abierto usted una cuenta bursatil con uno de esos nuevos corredores de bolsa
– No, no lo he hecho. En realidad, no se de que me esta hablando.
– Bueno, eso es lo extrano. Al parecer ha habido muchas operaciones de un dia en su cuenta.
