– Yo tambien -dijo.
Le dio las gracias y colgo.
Volvio a concentrarse en el monton de notas y expedientes.
«Delimita y elimina -penso-. Se sistematico y meticuloso. Descarta a los hombres o descarta a las mujeres. Descarta a los viejos, concentrate en los jovenes. Encuentra la secuencia temporal adecuada. Encuentra la relacion correcta. Eso te dara un nombre. Un nombre llevara a otro.»
Respiraba con fuerza. Se habia pasado la vida intentando ayudar a la gente a conocer las fuerzas emocionales que motivaban su comportamiento. Lo que hace un analista es aislar la culpa e intentar traducirla en algo manejable, porque la necesidad de venganza es tan incapacitante como cualquier neurosis. El analista busca que el paciente encuentre un modo de superar esa necesidad y esa colera. No es inusual que un paciente empiece una terapia manifestando una furia que parece exigir una actuacion.
Se elabora un tratamiento destinado a eliminar ese impulso, de modo que pueda seguir con su vida sin la necesidad compulsiva de vengarse.
Vengarse, en su mundo, era una debilidad. Quizas hasta una enfermedad.
Ricky meneo la cabeza.
Mientras procuraba revisar lo que sabia y como aplicarlo a su situacion, sono el telefono del escritorio. Lo sobresalto y dudo antes de cogerlo, pensando que podia ser Virgil.
No lo era. Se trataba de la mujer de los anuncios del Times.
– ?El doctor Starks?
– Si.
– Lamento tener que llamarle, pero hemos tenido un problema.
– ?Un problema? ?Que clase de problema?
La mujer vacilo, como si le costara hablar.
– La tarjeta Visa que me dio esta cancelada. ?Esta seguro de haberme dado bien el numero?
– ?Cancelada? -Ricky se sonrojo y afirmo, indignado-: Eso es imposible.
– Bueno, a lo mejor lo anote mal.
Ricky saco la tarjeta para volver a leer los numeros, pero esta vez despacio.
– Pues es el numero para el que pedi autorizacion -dijo la mujer-. Me lo devolvieron diciendo que la tarjeta habia sido cancelada recientemente.
– No lo entiendo -repuso Ricky con frustracion creciente-. Yo no he cancelado nada. Y pago todo el saldo cada mes…
– Las companias de tarjetas de credito cometen muchos errores -comento la mujer, apenada-. ?Tiene otra tarjeta? ?O prefiere que le mande una factura para pagar con un talon?
Ricky empezo a sacar otra tarjeta de la cartera pero se detuvo.
Trago saliva con fuerza.
– Lamento las molestias -dijo despacio, y de repente le costaba mucho contenerse-. Llamare a los de Visa. Mientras tanto, mandeme la factura, por favor.
La mujer accedio y comprobo su direccion.
– Suele pasar -anadio-. ?Perdio la cartera? A veces los ladrones obtienen el numero en extractos viejos que se han tirado. O compramos algo y el dependiente vende el numero a un sinverguenza.
Hay millones de maneras de falsificar las tarjetas, doctor. Pero sera mejor que llame a Visa y lo solucione. O acabara recibiendo cargos que no son suyos. En cualquier caso, seguramente le mandaran una tarjeta nueva en un par de dias.
– Descuide -dijo Ricky, y colgo.
Despacio, extrajo todas sus tarjetas de credito. «No sirven de nada -se dijo-. Las han cancelado todas.» No sabia como pero sabia quien.
Empezo el tedioso proceso de llamar para averiguar lo que ya sabia. El servicio de atencion al cliente de las distintas companias fue agradable pero no demasiado servicial. Cuando intentaba explicar que el no habia cancelado las tarjetas, le informaban que silo habia hecho. Era lo que aparecia en el ordenador, y lo que ponia el ordenador tenia que ser cierto. Pregunto a cada compania como habia sido cancelada la tarjeta y cada vez le contestaron que la peticion se habia hecho electronicamente a traves de Internet. Le indicaron, diligentes, que esas operaciones sencillas podian hacerse con unos cuantos golpes de teclado, que era un servicio que el banco ofrecia para facilitar la situacion financiera de sus clientes, aunque Ricky, en su situacion actual, podria haber discutido ese punto. Todos le ofrecieron abrirle nuevas cuentas.
Dijo a cada compania que ya la llamaria. Luego, tomo unas tijeras y corto los inservibles plasticos por la mitad. No se le escapaba que eso era precisamente lo que algunos pacientes se habian visto obligados a hacer cuando habian superado su credito e incurrido en gravosas deudas.
Ricky no sabia hasta que punto habria logrado Rumplestiltskin penetrar en sus finanzas. Ni como.
«“Deuda” es un concepto proximo a su juego -penso-. Cree que le debo algo que no puede pagarse con un talon o una tarjeta de credito.»
Por la manana tendria que hacer una visita a la sucursal de su banco. Tambien telefoneo al hombre que se encargaba de su modesta cartera de inversiones y le dejo un mensaje pidiendo que el corredor le devolviera la llamada lo antes posible. Despues se recosto un momento e intento imaginar como Rumplestiltskin habria accedido a esa parte de su vida.
Ricky no sabia nada de informatica. Sus conocimientos de Internet, paginas web, chats y ciberespacio se limitaban a estar vagamente familiarizado con las palabras, pero no con la realidad. Sus pacientes hablaban a menudo de una vida conectada a Internet y, de ese modo, se habia hecho alguna idea de lo que un ordenador podia hacer, pero mas aun de lo que un ordenador les hacia a ellos.
Jamas habia tenido interes en aprender nada de eso. Efectuaba sus anotaciones con boligrafo en libretas. Si tenia que redactar una carta, usaba una antigua maquina de escribir electrica que tema mas de veinte anos y que guardaba en un armario. Pero tenia ordenador. Su mujer habia comprado uno el ano en que habia enfermado y lo habia actualizado un ano antes de morir. Sabia que ella lo utilizaba para conectarse con grupos de apoyo a los enfermos de cancer y para hablar con otras victimas de la enfermedad en ese mundo curiosamente impersonal de Internet. No habia participado con ella en esas cosas, pensando que respetaba su intimidad al no inmiscuirse, aunque tambien podria haber pensado que no mostraba suficiente interes. Poco despues de su muerte habia quitado la maquina de la mesa del rincon del dormitorio que su mujer ocupaba cuando conseguia reunir energia suficiente para levantarse de la cama y la habia guardado en los trasteros del sotano del edificio. Tenia intencion de tirarlo o de donarlo a una escuela o biblioteca, pero aun no lo habia hecho. Penso que ahora lo necesitaria.
Porque sospechaba que Rumplestiltskin sabia usar muy bien un ordenador.
Se levanto del asiento, decidido a recuperar el ordenador de su difunta esposa. En el cajon superior derecho de la mesa guardaba la llave de un candado, y la cogio.
Se aseguro de cerrar con llave la puerta de su casa y bajo en ascensor hasta el sotano. Hacia meses que no iba a los trasteros y arrugo la nariz al oler su aire mohoso y viciado. Tenia un matiz rancio y nauseabundo, que el calor diario incrementaba. Salir del ascensor le produjo una opresion en el pecho. Se pregunto por que la direccion del edificio no limpiaba nunca esa zona. Pulso el interruptor de la luz y se encendio una bombilla pelada que daba escasa luz al sotano. Dondequiera que se dirigia, proyectaba sombras y cruzaba oscuridad y humedad. Cada uno de los seis pisos del edificio tenia un trastero delimitado por tela metalica clavada a unas estructuras baratas de madera con el numero del piso. Era un lugar de sillas rotas y cajas de papeles viejos, bicicletas oxidadas, esquies, baules y maletas innecesarias. La mayoria de las cosas estaba cubierta de polvo y telaranas, y casi todo se incluia en la categoria de algo un pelin valioso para tirar pero no tanto como para tenerlo a mano cada dia. Cosas reunidas con el tiempo que habian descendido a la categoria de «mejor guardarlo porque algun dia podriamos necesitarlo», aunque eso es dificil.
Ricky se agacho un poco a pesar de que no tocaba el techo, impulsado por el ambiente cerrado. Se acerco a su trastero con la llave en la mano.
El candado estaba abierto. Colgaba del cerrojo como un adorno olvidado en un arbol de Navidad. Lo observo mas de cerca y vio que lo habian reventado.
Retrocedio un paso, sorprendido, como si una rata hubiera pasado corriendo frente a el.
Su primer impulso fue dar media vuelta y correr; el segundo, avanzar. Fue lo que hizo. Abrio la puerta de tela
