administrativo era que el, y todos los funcionarios de todas las oficinas que recorrio, sabian que en alguna parte habia algun archivo sobre los ninos. Encontrarlo entre los registros informaticos inadecuados y las salas llenas de archivadores resulto imposible, por lo menos en principio. Era evidente que iba a ser una indagacion larga y persistente. Ricky deseo haber sido un periodista de investigacion o un detective privado, el tipo de personalidad con paciencia para pasar interminables horas con viejos registros.

El no la tenia. Y tampoco tiempo.

«Hay tres personas en este mundo unidas a mi a traves de este fragil hilo y podria costarme la vida», se dijo mientras se enfrentaba a otro funcionario de otra oficina. La idea le confirio una urgencia extrema.

Estaba de pie frente a una mujer corpulenta y agradable de origen hispano en el registro del tribunal de menores. Tenia una mata enorme de cabello negro que se apartaba con brusquedad de la cara para que unas gafas de montura plateada extranamente modernas dominaran su aspecto.

– No es mucho para empezar, doctor -dijo.

– Es lo unico que tengo -contesto el.

– Si estos tres ninos fueron adoptados, seguramente los registros fueron sellados. Pueden abrirse, pero solo con orden judicial.

No es imposible de obtener, pero si dificil, ya me entiende. Lo que tenemos, en su mayoria, son ninos que han crecido y buscan a sus padres biologicos. Existe un procedimiento para estos casos, pero lo que usted pide es distinto.

– Lo entiendo. Y tengo ciertas limitaciones de tiempo.

– Todo el mundo tiene prisa. Siempre vamos con prisas. ?Que es tan urgente despues de veinte anos?

– Es una emergencia medica.

– Hombre, pues seguro que un juez le escuchara. Aporte documentos y consiga una orden judicial. Entonces podriamos ayudarle en su busqueda.

– Tardaria dias en conseguir una orden judicial.

– Cierto. Los asuntos de palacio van despacio. A no ser que conozca a algun juez. Vaya a verlo y que le firme algo deprisa.

– El tiempo es importante.

– Lo es para la mayoria de la gente. Lo siento. Pero ?sabe como podria irle mejor?

– ?Como?

– Podria lograr mas informacion sobre estas personas que busca si se instala uno de esos fantasticos programas de busqueda en 2.15 su ordenador. Puede que lo consiga. Se que algunos huerfanos que investigaban su pasado lo han hecho. Va muy bien. Si contrata a un investigador privado, es lo primero que hara despues de meterse su dinero en el bolsillo.

– No uso demasiado el ordenador.

– ?No? Es el mundo moderno, doctor. Mi hijo de trece anos puede encontrar cosas que ni se creeria. De hecho, localizo a mi prima Violetta, de la que no sabia nada desde hacia diez anos.

Trabajaba en un hospital de Los Angeles, pero la encontro. Y no le llevo mas de un par de dias. Deberia intentarlo.

– Lo tendre presente -contesto Ricky.

– Iria muy bien que consiguiera el numero de la Seguridad Social o algo asi -comento la funcionaria.

Su voz con acento era melodiosa, y resultaba evidente que hablar con Ricky suponia para ella una pausa interesante en su rutina diaria. Era casi como si, aunque le estaba diciendo que no podia ayudarlo, fuera reacia a dejarle partir. Era ultima hora de la tarde y Ricky penso que ella tal vez se iria a casa despues de atenderle a el, de modo que prolongaba la conversacion. Penso que deberia marcharse, pero no estaba seguro de cual podria ser su siguiente paso.

– ?Que clase de medico es usted? -quiso saber la mujer.

– Psicoanalista -dijo Ricky, y vio como la respuesta le hacia entornar los ojos.

– ?Puede leer la mente de la gente, doctor?

– No se trata de eso.

– No, tal vez no. Eso le convertiria en una especie de brujo, ?no? -Solto una risita-. Pero seguro que se le da bien adivinar que va a hacer la gente a continuacion.

– Un poco. No tanto como se imagina.

– Bueno, en este mundo, si tienes un poco de informacion y sabes tocar las teclas adecuadas, puedes hacer buenas suposiciones -sonrio la mujer-. Asi es como funciona.

Senalo con la cabeza el teclado y la pantalla que tenia delante.

– Supongo que si.

Ricky vacilo y bajo los ojos hacia las hojas del expediente del hospital. Miro el informe policial y vio algo que podria ayudarle.

Los agentes que habian interrogado a Rafael Johnson, el companero violento de la difunta, habian anotado su numero de la Seguridad Social.

– Oiga -dijo de repente-, si le doy un nombre y un numero de la Seguridad Social, ?ese ordenador suyo me encontraria a alguien?

– ?Vive aun aqui? ?Vota? ?Lo han detenido, tal vez?

– Puede que las tres cosas. O por lo menos dos de ellas. No se si vota.

– Podria. ?Que nombre es?

Ricky le mostro el nombre y el numero que figuraban en el informe policial. La mujer echo un vistazo rapido alrededor para comprobar que nadie la estaba observando.

– No deberia hacer algo asi -murmuro-. Pero como usted es medico y todo eso, bueno, vamos a ver.

Movio unas unas pintadas de rojo por el teclado.

El ordenador emitio unos ruidos y unos pitidos electronicos.

Ricky vio que aparecia una entrada en la pantalla. La mujer arqueo las cejas, sorprendida.

– Se trata de un chico muy malo, doctor. ?Seguro que quiere encontrarlo?

– ?Que ha salido?

– Tiene un robo, otro robo, una agresion, sospechoso de una red de robo de automoviles, cumplio seis anos en Sing Sing por agresion con agravantes. Eso son palabras mayores. Son antecedentes bastante feos.

La mujer siguio leyendo.

– ?Oh! -exclamo de repente.

– ?Que?

– No podra ayudarlo, doctor.

– ?Por que?

– Alguien debio de atraparlo.

– ?Y?

– Ha muerto. Hace seis meses.

– ?Muerto?

– Si. Aqui pone «fallecido», y una fecha. Seis meses. Diria que nos libramos de un buen elemento, la verdad. Hay un informe con la entrada. Lleva el nombre de un inspector de la comisaria 41, del Bronx. El caso sigue abierto. Parece que alguien apaleo a Rafael Johnson hasta la muerte. Oh, feo, muy feo.

– ?Que pone?

– Parece que despues de la paliza, alguien lo colgo de una caneria con su propio cinturon. Eso es feo. Muy feo.

La mujer sacudio la cabeza pero con una sonrisita. No sentia compasion por Rafael Johnson, un hombre que seguramente habria visitado su oficina demasiado a menudo.

Ricky dio un respingo. No le costo adivinar quien habia encontrado a Rafael Johnson. Y por que.

Desde el telefono del vestibulo pudo localizar al inspector que habia efectuado el informe de la investigacion sobre la muerte de Rafael Johnson. No sabia si la llamada daria grandes resultados, pero penso que, de todos modos, debia hacerla. El inspector mostro una actitud eficiente y energica por telefono, y despues de que Ricky se identificara, parecio sentir curiosidad por el motivo de su llamada.

– No recibo demasiadas llamadas de medicos del centro. No suelen moverse en los mismos circulos que el difunto y poco llorado Rafael Johnson. ?Por que le interesa este caso, doctor Starks?

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