– Johnson estaba relacionado con una antigua paciente mia, hace unos veinte anos. Estoy intentando ponerme en contacto con sus familiares y esperaba que el pudiera guiarme en la direccion adecuada.
– Lo dudo, doctor, a no ser que estuviera dispuesto a pagarle.
– Rafi habria hecho cualquier cosa por cualquiera, siempre que hubiera dinero de por medio.
– ?Conocia a Johnson?
– Bueno, digamos que era uno de los puntos de interes de unos cuantos policias de la zona. Era una especie de indeseable. Le costara mucho encontrar a alguien por aqui que dijera algo bueno de el. Traficante. Maton a sueldo. Allanamientos de morada, robos, agresiones sexuales. Mas o menos el tipico hijoputa de mierda.
Y acabo como cabia esperar y, para serle sincero, doctor, no creo que se derramaran muchas lagrimas en su entierro.
– ?Sabe quien lo mato?
– Esa es la pregunta del millon, doctor. Pero tenemos una idea bastante clara.
El corazon le dio un vuelco a Ricky.
– ?De veras? -pregunto-. ?Han detenido a alguien?
– No. Y no es probable que lo hagamos. Por lo menos, no demasiado pronto.
Con la misma rapidez con que se habia llenado de esperanza, volvio a poner los pies en la tierra.
– ?Y eso por que?
– Bueno, el caso es que no hay demasiadas pruebas forenses.
Ni siquiera encontramos restos de sangre del agresor porque al parecer Rafi estaba muy bien amarrado cuando lo apalearon y su verdugo llevaba guantes. Asi que lo que esperamos es sacarle un nombre a uno de sus colegas y preparar el caso pasando de un tio a otro hasta llegar al asesino.
– Entiendo.
– Pero nadie quiere delatar a quien creemos que mato a Rafael Johnson.
– ?Por que no?
– Ah, lealtad entre la escoria. El codigo de Sing Sing. Pensamos en un hombre con quien Rafael tuvo problemas mientras compartian celda. Parece que se trato de un verdadero problema. Probablemente discutieron sobre quien poseia que parte del mercado de drogas carcelario, e intentaron matarse mutuamente. Con cuchillos caseros. Una forma muy desagradable de morir, segun dicen.
Parece que los dos se llevaron la mala sangre a la calle. Puede que sea una de las historias mas viejas del mundo. Tendremos al tipo que se cargo a Rafi cuando detengamos por algo serio a alguno de sus colegas. Tarde o temprano uno de ellos caera y entonces haremos un trato. Necesitamos poder apretar las clavijas, ?sabe?
– ?Asi que creen que el asesino fue alguien que Johnson conocio en la carcel?
– Con toda seguridad. Un tipo llamado Rogers. ?Conoce a alguien con ese nombre? Un mal bicho. Tan malo como Rafael Johnson, y puede que incluso algo peor porque todavia sigue suelto mientras que Johnson esta criando malvas en Staten Island.
– ?Por que estan tan seguros de que fue el?
– No deberia decirselo…
– Comprendo que no quiera darme detalles… -dijo Ricky.
– Bueno, fue poco corriente -prosiguio el policia-. Mire, no pasa nada porque usted lo sepa, siempre que no se lo cuente a nadie. Rogers dejo una tarjeta de visita. Al parecer queria que todos los colegas de Johnson supieran quien se lo habia cargado de una Forma tan brutal. Un mensaje para los que seguian en la trena, me imagino. Mentalidad de preso. En cualquier caso, tras atizar a Johnson, dejarle la cara hecha un mapa, romperle ambas piernas, seis dedos, y antes de colgarlo por el cuello, el cabron dedico un momento a grabar su inicial en el pecho de Johnson. Una R enorme y sangrienta abierta en la carne. Muy desagradable, pero el mensaje sera efectivo, sin duda.
– ?La letra R?
– Exacto. Menuda tarjeta de visita, ?eh?
«Lo es -penso Ricky-. Y la persona a quien iba dirigida acaba de recibirla.»
Ricky prefirio no imaginarse los instantes finales de Rafael Johnson. Se pregunto si el ex convicto y maton habria tenido la menor idea de quien le estaba dando muerte. Cada golpe que Johnson habia infligido a la desdichada Claire Tyson veinte anos antes le habia sido devuelto con intereses. Ricky se dijo que no deberia dar demasiadas vueltas a lo que habia averiguado, pero habia algo evidente: Rumplestiltskin habia concebido su venganza con considerable atencion y cuidado. Y el alcance de esa venganza era mucho mayor de lo que Ricky habia imaginado.
Por tercera vez, marco el numero de la seccion de anuncios del New York Times para hacer su ultima pregunta. Todavia estaba en la cabina del vestibulo del Palacio de Justicia y tenia que taparse una oreja con un dedo para mitigar el ruido de la gente que salia del trabajo. Al empleado del periodico parecio molestarle que Ricky hubiera llamado un minuto antes de las seis, la hora limite para poner un anuncio.
– Muy bien, doctor. ?Que quiere que diga el anuncio?
Su voz fue cortante, directa.
Ricky penso y dijo:
?Es quien busco uno de tres?
?Huerfano de nino, rico despues, busca a quienes fueron crueles?
El empleado le leyo las frases sin hacer ningun comentario, como si fuera inmune a la curiosidad. Tomo deprisa la informacion para enviarle la factura y con la misma rapidez colgo. Ricky no consiguio imaginar que COSA tan interesante podria esperarle en casa para que su extrano anuncio no le suscitara el menor comentario, pero se sintio agradecido por ello.
Salio a la calle y fue a parar un taxi pero, curiosamente, penso que preferia ir en metro. Las calles estaban abarrotadas del trafico de la hora punta y un flujo regular de gente se adentraba en las entranas de Manhattan para tomar un tren hasta casa. Se unio a el y encontro un refugio extrano entre la multitud. El metro iba lleno y no encontro asiento, asi que viajo al norte aferrado a una barra de metal, sacudido y empujado por el vaiven del tren y la masa humana. Era casi un lujo ser engullido por tanto anonimato.
Procuro no pensar que por la manana solo le quedarian cuarenta y ocho horas. Aunque habia hecho la pregunta en el periodico, seguramente ya sabia la respuesta, lo que le daba dos dias para averiguar los nombres de los hijos huerfanos de Claire Tyson. Ignoraba silo lograria pero, por lo menos, era algo en lo que podia concentrarse, una informacion concreta que podria obtener o no, un hecho puro y simple que existia en algun lugar del mundo documental y judicial. No era un mundo en el que se sintiera comodo, como habia quedado demostrado esa tarde. Pero, como minimo, era un mundo reconocible, y eso le daba alguna esperanza. Escarbo en su memoria, a sabiendas de que su difunta esposa habia tenido amistad con varios jueces, y penso que a lo mejor uno de ellos podria firmarle una orden para registrar los archivos de adopciones. Sonrio al pensar que eso seria una maniobra que Rumplestiltskin no habia previsto.
El vagon, que se balanceaba y sacudia, redujo la marcha, lo que le obligo a aferrarse con mas fuerza a la barra de metal. Era dificil conservar el equilibrio y choco contra un joven de pelo largo y mochila, que ignoro el repentino contacto fisico.
La parada de metro estaba a dos manzanas de su casa, y Ricky salio de la estacion, agradecido de volver al aire libre. Se detuvo, inspiro el aire caliente de la calle y avanzo con rapidez. No se sentia precisamente seguro, solo lleno de resolucion. Decidio que buscaria la libreta de direcciones de su mujer en el trastero del sotano y que esa noche empezaria a llamar a los jueces que ella conocia. Alguno estaria dispuesto a ayudarlo. No era un gran plan pero, por lo menos, era algo. Mientras caminaba con rapidez, se pregunto si habia llegado hasta ese punto porque asi lo queria Rumplestiltskin o porque habia sido inteligente. Y, de forma extrana, la idea de que Rumplestiltskin se hubiera vengado de modo tan terrible de Rafael Johnson, el hombre que habia atormentado a su madre, le animo de repente. Penso que tenia que haber una gran diferencia entre la pequena negligencia que el habia cometido, debida en realidad a las deficiencias burocraticas, y los malos tratos fisicos que Johnson habia infligido. Se permitio la idea optimista de que tal vez todo lo que le habia pasado a el, a su carrera, a sus cuentas bancarias y a sus pacientes, y todos los trastornos y la confusion que habia sufrido su vida podrian terminar ahi, con un nombre y algun tipo de disculpa, y que despues podria dedicarse a reorganizar su vida.
No se permitio reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la venganza, algo con lo que no estaba familiarizado en absoluto.
Tampoco penso en la amenaza a uno de sus familiares que todavia lo acechaba en segundo plano.
