Lleno, en cambio, de pensamientos si no del todo positivos, por lo menos con cierto viso de normalidad, y con la creencia de que podria tener una oportunidad de ganar el juego, doblo en la esquina de su calle y se detuvo en seco.

Delante de su edificio de piedra rojiza habia tres coches de policia con las luces parpadeando, un camion de bomberos y dos vehiculos amarillos de obras publicas. Las luces de emergencia se fundian con el tenue atardecer.

Ricky se tambaleo hacia atras, como un hombre borracho o uno que acaba de recibir un punetazo en la cara. Cerca de los peldanos de entrada varios policias charlaban con obreros que llevaban cascos y petos manchados de sudor. Habia un par de bomberos junto al grupo, pero, cuando el se acerco, se separaron y subieron al camion. Con un rugido de motor mezclado con la estridencia de una sirena, el vehiculo se marcho calle abajo.

Ricky avanzo a grandes zancadas, consciente solo a nivel subliminal de que aquellos hombres no tenian prisa. Llego al portal de su casa casi sin aliento. Uno de los policias se volvio para mirarlo.

– Pare, hombre -dijo.

– Es mi casa -contesto Ricky con ansiedad-. ?Que ha pasado?

– ?Vive aqui? -pregunto el policia, aunque ya habia oido la respuesta a esta pregunta.

– Si. ?Que ha pasado?

– Vaya. -El policia no contesto de forma directa-. Sera mejor que hable con el caballero del traje -indico.

Ricky dirigio la mirada hacia otro grupo de hombres. Uno de sus vecinos, un corredor de bolsa que vivia dos pisos mas arriba y que presidia la asociacion de vecinos discutia y gesticulaba con un hombre de Obras Publicas que llevaba un casco amarillo. Habia otros dos hombres cerca. Ricky vio que uno de ellos era el supervisor del edificio y el otro, el encargado de mantenimiento.

El hombre de Obras Publicas hablaba fuerte y, cuando Ricky se acerco al grupo, le oyo decir:

– Me da lo mismo lo que digan sobre las molestias. Yo soy quien decide la habitabilidad, y ya les digo que ni hablar.

El corredor de bolsa se volvio frustrado hacia Ricky. Lo saludo con la mano y se dirigio hacia el mientras los demas seguian discutiendo.

– Doctor Starks -dijo a la vez que le tendia la mano-. Creia que ya se habia ido de vacaciones.

– ?Que ha pasado? -pregunto Ricky.

– Un desastre. Un desastre terrible.

– ?El que?

– ?No se lo ha dicho la policia?

– No. ?Que ha pasado?

– Al parecer ha habido un problema serio con la instalacion de agua en el tercer piso -explico el corredor tras suspirar y encogerse de hombros-. Varias canerias han reventado a la vez porque habian acumulado presion. Explotaron como bombas. El agua ha inundado los dos primeros pisos y los del tercero y el cuarto no tienen ningun servicio. Luz, gas, agua, telefono… Nada funciona.

El corredor debio de advertir el asombro de Ricky porque siguio con solicitud.

– Lo siento -anadio-. Se que su piso fue uno de los mas afectados. No lo he visto, pero…

– ?Mi piso…?

– Si. Y ahora este idiota del Departamento de Obras Publicas quiere que evacuemos el edificio hasta que lo compruebe un equipo de ingenieros y contratistas.

– Pero mis cosas…

– Alguien de Obras Publicas lo acompanara para que recoja lo que necesite. Dicen que todo el edificio corre peligro. Espero que tenga a quien acudir. Un lugar adonde ir. ?No solia pasar el agosto en Cape Cod? Creia que estaria alli.

– Pero ?como…?

– No lo saben. El problema empezo en el piso que esta justo encima del suyo. Y los Wolfson estan veraneando en los Adirondacks. Mierda, tengo que llamarles. Espero que figuren en la guia.

?Conoce algun buen contratista general? ?Alguien que se encargue de techos, suelos y todo lo que hay en medio? Y sera mejor que llame a su compania de seguros, aunque no creo que se alegren mucho. Tendran que venir enseguida para hacer un peritaje, aunque ya hay un par de hombres dentro sacando fotos.

– Todavia no lo entiendo.

– El hombre dijo que las canerias explotaron sin mas. Tal vez debido a una obstruccion. Pasaran semanas antes de que lo sepamos. Puede haber sido una acumulacion de gas. En todo caso, basto para provocar una explosion. Fue como una bomba.

Ricky retrocedio y alzo los ojos hacia lo que habia sido su hogar durante un cuarto de siglo. Era un poco como enterarse de la muerte de alguien viejo y conocido, importante y cercano. Tuvo la sensacion de que tenia que verlo de primera mano, examinarlo, tocar para creer. Como aquella vez que habia acariciado la mejilla de su mujer y tenia el tacto de la porcelana fria; y de pronto comprendio lo que habia ocurrido por fin. Hizo un gesto hacia el encargado de mantenimiento.

– Lleveme dentro -pidio-. Ensenemelo.

– No le gustara -asintio el hombre con tristeza-. No, senor. Y se le van a arruinar los zapatos.

Y le entrego un casco plateado, surcado de aranazos.

Cuando Ricky entro en el edificio, todavia habia agua que goteaba del techo, se deslizaba por las paredes del vestibulo y desconchaba la pintura. La humedad era palpable; el ambiente de repente humedo y mohoso, como en la selva. Se notaba un ligero hedor a excrementos humanos en el aire, y en el suelo de marmol se habian formado charcos, volviendolo resbaladizo, como la superficie helada de un lago en invierno. El encargado de mantenimiento caminaba unos pasos delante y observaba con cuidado donde ponia los pies.

– ?Nota ese olor? No querra pillar algun tipo de infeccion, ?verdad? -solto por encima del hombro.

Subieron despacio las escaleras zigzagueando entre el agua estancada, aunque los zapatos de Ricky ya emitian ruidos fangosos a cada paso y notaba que la humedad se iba filtrando hasta sus pies. En el segundo piso, dos hombres jovenes con peto, botas de caucho, guantes de latex, mascarillas y unas fregonas enormes, intentaban recoger las aguas residuales. Las fregonas hacian un ruido como de manotazos cuando las pasaban por el estropicio. Los hombres trabajaban despacio y a conciencia. Un tercer hombre, tambien con botas de caucho y mascarilla, pero con un traje marron barato y la corbata floja, estaba de pie a un lado. Sujetaba una camara Polaroid y sacaba una instantanea tras otra de la destruccion. Los destellos de los flashes semejaban pequenas explosiones, y Ricky vio una bolsa enorme en el techo, como un furunculo gigantesco a punto de reventar, donde el agua se habia acumulado y amenazaba con descargar sobre el hombre que sacaba fotografias.

La puerta del piso de Ricky estaba abierta de par en par.

– Lo siento, tuvimos que abrirla -se disculpo el encargado de mantenimiento-. Estabamos intentando encontrar la causa del problema… -Se detuvo, como si no fuera necesaria mas explicacion, pero anadio una palabra-: Mierda.

Eso tampoco necesitaba explicaciones.

Ricky entro a su casa pero se detuvo en seco.

Era como si un huracan hubiera arrasado su hogar. El agua lo cubria todo un par de centimetros. Las bombillas se habian fundido y olia a cable quemado. Las alfombras estaban empapadas y la mayor parte de los muebles estropeados por el agua. Grandes secciones del techo estaban arqueadas y combadas, otras se habian desplomado y habia polvo de yeso esparcido por todas partes. En mas sitios de los que podia contar seguia goteando una nociva agua amarronada. Al adentrarse en el piso, el hedor a excrementos que se habia insinuado en el vestibulo aumento y se volvio casi insoportable.

Habia destrozos por todas partes. Sus cosas estaban anegadas o esparcidas, como si una ola gigante hubiese golpeado su casa.

Llego con precaucion hasta su consulta sin pasar del umbral. Una enorme placa de mamposteria habia caido sobre el divan y la mesa. En el techo habia por lo menos tres agujeros, todos goteando y con canerias destrozadas que colgaban al descubierto como estalactitas en una cueva. El agua cubria el suelo. Algunos cuadros, sus diplomas y el retrato de Freud habian caido, de modo que habia trozos de cristal en mas de un lugar.

– Parece un ataque terrorista, ?verdad? -comento el encargado de mantenimiento. Cuando Ricky avanzo, le

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