– Oiga, si son para un fueraborda tiene que dejar espacio para el aceite. Algunos van con una mezcla de cincuenta a uno, otros de cien a uno.
– No son para un fueraborda, gracias.
Ricky meneo la cabeza.
– Son depositos de fueraborda -insistio el muchacho.
– Si. Pero yo no tengo un fueraborda.
El chico se encogio de hombros. Debia de trabajar ahi todo el ano. Ricky supuso que seria un alumno local de secundaria que no imaginaba que los depositos pudieran usarse para otra cosa distinta que para la que estaban concebidos, y que le habia incluido en la categoria que los habitantes de Cape Cod reservaban a los veraneantes, consistente en un ligero desprecio y en el convencimiento de que nadie de Nueva York o Boston tenia la menor idea de lo que estaba haciendo en ningun instante. Ricky pago, puso los depositos llenos en el maletero, algo que incluso el comprendio que era muy peligroso, y se marcho a su casa.
Dejo los depositos de gasolina en el salon y fue a la cocina. Se sintio repentinamente agotado, como si hubiese gastado mucha energia, y se bebio con avidez una botella de agua que habia en el frigorifico. Su corazon parecia aumentar su ritmo a medida que las horas de su ultimo dia menguaban. Se obligo a conservar la calma.
Extendio los sobres y el bloc de papel en la mesa de la cocina, se sento y escribio la siguiente nota:
Al Departamento de Proteccion de la Naturaleza:
Les ruego acepten el donativo adjunto. No busquen mas porque no tengo nada mas que dar y. despues de esta noche, no estare aqui para darlo.
Atentamente, DOCTOR FREDFRICK STARKS Tomo un billete de cien dolares del fajo y lo metio junto con la carta en uno de los sobres con estampilla.
Despues redacto notas parecidas e incluyo una cantidad similar en los demas sobres, salvo uno. Hizo donativos a la Sociedad Americana contra el Cancer, al Sierra Club, a la Asociacion de Conservacion Costera, a la organizacion benefica CARE y al Comite Nacional Democrata. En cada caso se limito a escribir el nombre de la institucion en el sobre.
Cuando termino, miro el reloj y vio que se aproximaba la hora limite del Times para aceptar anuncios. Fue al telefono y por cuarta vez llamo a la seccion de clasificados.
Esta vez, sin embargo, el mensaje para el anuncio que dicto al empleado era distinto. Nada de rima, poemas o preguntas. Solo la sencilla frase:
Senor R: Usted gana. Lea el Cape Cod Times.
Ricky volvio a sentarse en la cocina y tomo el bloc. Mordisqueo la punta del boligrafo y luego se puso a redactar una ultima carta. Escribio con rapidez:
A quien pueda interesar:
He hecho esto porque estoy solo y no soporto el vacio de mi vida.
Me resultaria imposible causar mas dano a ninguna otra persona.
He sido acusado de cosas de las que soy inocente. Pero soy culpable de cometer errores con personas a las que amaba, y eso me ha llevado a dar este paso. Agradeceria que alguien enviara por correo los donativos que he dejado. Todos los bienes y fondos restantes de mi patrimonio deberian ser vendidos y lo recaudado entregado a las mismas organizaciones beneficas. Lo que quede de mi casa aqui, en Wellfleet, deberia convertirse en zona protegida.
A mis amigos, si los hay, espero que me perdoneis.
A mis familiares, espero que lo entendais.
Y al senor R, que me ayudo a llegar a esta situacion, espero que encuentre muy pronto su propio camino hacia el infierno, porque ahi le estare esperando.
Firmo esta carta con una rubrica, la metio en el ultimo sobre y la dirigio al Departamento de Policia de Wellfleet.
Con el tinte y la mochila en la mano, se dirigio hacia el bano del piso superior. Minutos despues, tenia un cabello casi negro azabache. Se echo un vistazo en el espejo, le parecio que ofrecia un aspecto algo tonto y se seco con una toalla. Eligio ropas viejas y raidas de verano que guardaba en la comoda y las metio, junto con una cazadora gastada, en la mochila. Tomo una muda mas, doblada con cuidado, y la puso encima. Despues volvio a ponerse la ropa que habia llevado ese dia. En un bolsillo exterior de la mochila metio la fotografia de su difunta esposa. En otro bolsillo metio el ultimo mensaje de Rumplestiltskin, los pocos documentos que revelaban la causa de lo ocurrido y los documentos sobre la muerte de la madre de Rumplestiltskin.
Llevo la mochila y la muda de ropa, las muletas de aluminio y el monton de cartas al coche y los dejo en el asiento del pasajero junto a las gafas de sol y las zapatillas de deporte. Volvio dentro y se sento tranquilamente en la cocina a esperar que pasaran las horas que quedaban de la noche. Estaba inquieto y un poco intrigado, y de vez en cuando le asaltaba el miedo. Intento no pensar en nada y tarareo para si mismo para dejar la mente en blanco. Sin resultado, por supuesto sabia que no podia causar la muerte de otra persona, ni siquiera de alguien a quien no conocia y con quien solo estaba relacionado a traves de lazos de sangre y matrimonio. En eso Rumplestiltskin habia tenido razon desde el primer dia. Nada en su vida, en su pasado, en todos los pequenos momentos que lo habian convertido en quien era, en quien se habia transformado, en quien podria aun llegar a ser, valla algo frente a esta amenaza. Sacudio la cabeza al pensar que R le conocia mejor que el mismo. Lo habia calado desde el principio.
Ignoraba a quien podria estar salvando, pero sabia que se trataba de alguien.
«Piensa en eso», se dijo.
Poco despues de medianoche, se levanto y se permitio un ultimo recorrido por la casa para recordar cuanto amaba cada rincon y cada crujido de las tablas del suelo.
Le temblo un poco la mano cuando llevo un deposito de gasolina al primer piso, donde lo vertio abundantemente por el suelo.
Rocio la ropa de cama.
Utilizo el otro de la misma forma en la planta baja.
En la cocina abrio todas las llaves de la vieja cocina de gas, de modo que la habitacion se lleno al instante del olor caracteristico a huevos podridos mientras la cocina siseaba. Se mezclo con el hedor a gasolina que ya le habia impregnado la ropa.
Tomo la pistola de bengalas y se dirigio al viejo Honda. Lo puso en marcha y lo alejo de la casa, orientado hacia la carretera con el motor en marcha.
Despues se situo frente a las ventanas del salon. El olor a gasolina que rezumaba la casa se mezclaba con el que tenia en las manos y la ropa. Penso en lo incongruentes que resultaban esos olores fuertes, en contraste con el calor del verano, la madreselva y las flores silvestres mas un ligerisimo toque salobre del mar que impregnaban la brisa que se deslizaba inocentemente entre los arboles. Inspiro hondo una sola vez, procuro no pensar en lo que estaba haciendo, apunto con la pistola, la amartillo y disparo a la ventana central. La bengala formo un arco en medio de la noche y dejo una estela de luz blanca en la oscuridad entre su posicion y la casa para atravesar la ventana con un tintineo de cristales rotos. Esperaba una explosion, pero en su lugar oyo un ruido sordo y apagado, seguido de un brillante chisporroteo. En unos segundos vio las primeras llamas danzando por el suelo y propagandose por el salon.
Corrio hacia el Honda. Para cuando habia subido al coche, toda la planta baja estaba en llamas. Mientras bajaba por el sendero de entrada, oyo la explosion cuando el fuego alcanzo el gas de la cocina.
Decidio no mirar atras y acelero hacia la noche cada vez mas oscura.
Condujo con cuidado y sin pausa hasta un lugar que conocia desde hacia anos, Hawthorne Beach. Estaba a unos cuantos kilometros por un angosto y solitario camino asfaltado, alejado de toda urbanizacion, aparte de un par de casas viejas parecidas a la suya.
Al pasar frente a cualquier casa que pudiera estar habitada, apagaba las luces. En la zona de Wellfleet habia varias playas que habrian servido para su proposito, pero esta era la mas aislada y en la que tenia menos probabilidades de encontrar algun grupo de adolescentes de juerga. Habia un pequeno estacionamiento a la entrada de la playa, donde solia operar el Trustees of Reservations, la asociacion ecologica de Massachusetts dedicada a proteger los lugares naturales del estado. El aparcamiento tenia capacidad para unos veinte coches y a las nueve y media de la manana solia estar lleno porque la playa era espectacular: una amplia extension de arena a los pies de un acantilado de unos quince metros recubierto de matas de costera verde, con algunas de las olas
