mas fuertes del cabo. La combinacion gustaba tanto a las familias que disfrutaban del paisaje como a los surfistas que gozaban con las olas y la fuerza de la marea, de modo que su deporte incluia siempre algo de riesgo. Al final del estacionamiento habia un cartel de advertencia: CORRIENTES FUERTES Y RESACA PELIGROSA.

NO NADAR SIN LA PRESENCIA DEL SALVAVIDAS. ATENCION A LAS CONDICIONES AMENAZADORAS.

Ricky aparco junto al cartel. Dejo las llaves puestas. Coloco los sobres con los donativos en el salpicadero y dejo el sobre con la carta dirigida a la policia de Wellfleet en el asiento del conductor.

Tomo las muletas, la mochila, las zapatillas de deporte y la muda, y se alejo del coche. Puso esas cosas en lo alto del acantilado, a unos metros de la valla de madera que senalaba el angosto sendero que bajaba a la playa, despues de sacar la fotografia de su mujer del bolsillo exterior de la mochila y ponersela en el bolsillo de los pantalones. Oia el batir de las olas y noto una leve brisa del sureste. Eso le alegro, porque le indicaba que el oleaje habia aumentado en las horas posteriores al atardecer y golpeaba la costa como un luchador frustrado.

Habia luna llena y su resplandor se extendia por la playa. Eso facilito su recorrido lleno de resbalones y tropezones desde el acantilado hasta la orilla.

Como habia previsto, el oleaje rugia como un hombre enloquecido y rompia lanzando una lluvia de espuma blanca a la arena.

Un ligero frio, llegado con un soplo de viento, le golpeo el pecho y le hizo vacilar e inspirar hondo.

Despues se desnudo, doblo la ropa y la dejo en un monton ordenado, que situo con cuidado en la arena lejos de la marca que la marea alta de la tarde habia dejado, donde lo veria la primera persona que se asomara en lo alto del acantilado por la manana.

Tomo el frasco de pastillas, se lo vacio en la mano y dejo el recipiente de plastico con la ropa.

“Nueve mil miligramos de Elavil -penso-. Tomados de golpe, dejarian a una persona inconsciente en cuatro o cinco minutos.”

Lo ultimo que hizo fue colocar la fotografia de su mujer en lo alto del monton, sujeto por la punta de un zapato.

«Hiciste mucho por mi cuando estabas viva -penso-. Hazme este ultimo favor.»

Levanto la cabeza y observo el inmenso oceano negro frente a el. Las estrellas salpicaban el cielo, como si estuviesen encargadas de senalar la linea de demarcacion entre el oleaje y el firmamento.

«Una noche bastante bonita para morir», se dijo.

Y entonces, desnudo como el amanecer que estaba solo a unas horas, camino despacio hacia el agua embravecida.

SEGUNDA PARTE. EL HOMBRE QUE NUNCA EXISTIO

21

Dos semanas despues de la noche en que murio, Ricky estaba en una habitacion de motel, sentado a los pies de una cama llena de bultos que crujia cada vez que cambiaba de postura, escuchando el ruido del trafico distante que se mezclaba con el sonido del televisor de una habitacion contigua. Estaban viendo un partido de beisbol con el volumen alto. Se concentro un momento en el sonido y supuso que los Red Sox jugaban en Fenway y la temporada estaba acabando, lo que significaba que estaban cerca del primer puesto pero no lo bastante. Se planteo encender el televisor de su habitacion, pero decidio no hacerlo. Se dijo que perderian y no queria experimentar ninguna perdida, ni siquiera la pasajera que le proporcionaria el siempre frustrado equipo de beisbol. En lugar de eso, se volvio hacia la ventana y contemplo la noche. No habia cerrado las persianas y veia como las luces bajaban por la cercana carretera interestatal. Junto al camino de entrada del motel habia un cartel de neon rojo que informaba sobre las tarifas diarias, semanales y mensuales, ademas de ofrecer habitaciones con cocina como la que el ocupaba, aunque Ricky no concebia que nadie quisiera permanecer en ese sitio mas de una noche.

«Nadie excepto yo», penso con tristeza.

Se dirigio al pequeno cuarto de bano. Examino su aspecto en el espejo del lavabo. El tinte negro desaparecia deprisa del cabello, que empezaba a recuperar su gris habitual. Penso que era algo ironico, porque si alguna vez volviera a parecerse al hombre que era antes, jamas seria en realidad esa persona.

Durante dos semanas apenas habia salido de la habitacion del motel. Al principio se habia sumido en una especie de shock autoprovocado, como un yonqui viviendo una abstinencia obligada, temblando, sudando y retorciendose de dolor. Luego, esta fase inicial fue sustituida por una indignacion abrumadora, una furia atroz, candente, que le hizo pasearse enfurecido por la reducida habitacion con los dientes apretados y el cuerpo casi contorsionado de rabia. Mas de una vez habia dado, frustrado, un punetazo a la pared. En una ocasion, habia sujetado un vaso del cuarto de bano con tanta fuerza que lo rompio y se corto. Se habia inclinado sobre el retrete y visto como la sangre goteaba en el agua de la taza mientras deseaba vaciarse hasta de la ultima gota que tuviera en su interior. Pero el dolor que sentia en la mano lastimada le recordo que seguia vivo y acabo conduciendole a otra fase en que el temor y la rabia por fin remitieron, como el viento despues de una tormenta. Esta nueva fase le parecia fria, como el tacto del metal pulido una manana de invierno.

En esta fase empezo a urdir planes.

La habitacion del motel era un lugar destartalado, decrepito, que hospedaba a camioneros, viajantes y adolescentes del lugar que necesitaban unas horas de intimidad lejos de las miradas indiscretas de los adultos. Estaba situado en las afueras de Durham, New Hampshire, un sitio que Ricky habia elegido al azar porque era una ciudad universitaria y, por ello, albergaba a una poblacion discola.

Habia creido que el ambiente academico le garantizaria el acceso a los periodicos nacionales que necesitara y le proporcionaria un entorno transitorio que le permitiria esconderse. Esto habia resultado cierto hasta el momento.

A finales de su segunda semana de fallecido, empezo a hacer salidas al mundo exterior. En una de las primeras ocasiones se limito a la distancia que lo llevaron los pies. No hablo con nadie, evito el contacto visual, se mantuvo en calles poco frecuentadas y barrios tranquilos, temiendo ser reconocido o, peor aun, oir a su espalda los tonos burlones de Virgil o Merlin. Pero su anonimato permanecio intacto y su confianza crecio. Amplio con rapidez su horizonte tras encontrar un autobus que recorria la ciudad y del que se bajaba en puntos aleatorios para explorar el mundo en que se habia introducido.

En uno de esos trayectos habia descubierto una tienda de ropa de segunda mano donde consiguio una chaqueta azul barata que le iba muy bien, unos pantalones raidos y camisas. Habia encontrado una cartera de piel en una tienda de consignacion cercana.

Cambio las gafas por unas lentillas, que compro en una optica. Estos elementos, junto con una corbata, te daban el aspecto de un profesor respetable pero no importante. Penso que no desentonaba nada, y agradecio su invisibilidad.

En la mesa de la cocina de su habitacion tenia ejemplares del Cape Cod Times y del New York Times de los dias inmediatamente posteriores a su muerte. El periodico de Cape Cod habia publicado la historia en la parte inferior de la portada, con el titular:

SUICIDIO DE UN DESTACADO PSICOANALISTA; ANTIGUA CASA DE VERANEO CONSUMIDA POR EL FUEGO El periodista habia logrado obtener la mayoria de los detalles dispuestos por Ricky, desde la gasolina comprada esa manana en recipientes recien adquiridos hasta la nota de suicidio y los donativos a organizaciones beneficas. Tambien habia conseguido averiguar que recientemente se habia presentado una «acusacion por una accion inmoral» contra Ricky, aunque el reportero ignoraba lo esencial: que era una invencion planeada por Rumplestiltskin y llevada a cabo por Virgil de modo muy eficaz. El articulo tambien mencionaba el fallecimiento de su mujer tres anos atras y sugeria que Ricky habia sufrido hacia poco «reveses financieros» que podrian haber contribuido a su suicidio. A Ricky le parecio un texto excelente, bien documentado y lleno de detalles convincentes, tal como habia esperado. La nota necrologica del New York Times, que aparecio un dia despues, habia sido

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