de la tarde. El interior era parecido a un pequeno almacen, con electrodomesticos como tostadoras y planchas para hacer gofres en un lado, e hileras de ropa donada en percheros que ocupaban el centro de la tienda. Algunos jovenes repasaban los percheros en busca de pantalones anchos de faena y otros articulos anodinos, y Ricky se deslizo tras ellos para inspeccionar el mismo monton de ropa. A primera vista le parecio que nadie donaba al Ejercito de Salvacion nada que no fuera marron o negro, lo que se ajustaba a su idea.

Encontro enseguida lo que buscaba: un abrigo largo y desgarrado de lana que le llegaba a los tobillos, un jersey gastado y unos pantalones dos tallas mas grandes que la suya. Todo era barato, pero eligio lo mas barato, casi lo mas estropeado e inadecuado para el final todavia calido del verano de Nueva Inglaterra.

El cajero era un voluntario mayor, con gafas gruesas y una camiseta incongruentemente roja que destacaba en el ambito sombrio de la ropa donada. El hombre se acerco el abrigo a la nariz y lo olisqueo.

– ?Esta seguro de que quiere este?

– Si -contesto Ricky.

– Huele como si hubiese estado en algun sitio desagradable -dijo el hombre-. A veces tenemos material que logra llegar a los percheros pero no deberia hacerlo. Hay cosas mas bonitas si busca un poco mas. Este apesta y se le tendria que haber remendado ese desgarron antes de ponerlo a la venta.

– Es justo lo que necesito -dijo Ricky.

El hombre se encogio de hombros, se ajusto las gafas y miro la etiqueta.

– Bueno, no pienso cobrarle los diez dolares que piden por el.

?Que le parece tres? Me parece mas justo. ?Que dice?

– Muy generoso por su parte -dijo Ricky.

– ?Para que quiere esta basura? -quiso saber el hombre, con una curiosidad nada malsana.

– Es para una produccion teatral -mintio Ricky.

– Espero que no sea para la estrella del espectaculo -asintio el -w dependiente-. Porque si huele este abrigo exigira que contraten a otro encargado de vestuario.

El hombre solto una carcajada ruidosa con la broma, y sus sonidos entrecortados sonaron mas fatigosos que divertidos. Ricky se le unio con una risa falsa.

– Bueno, el director me dijo que consiguiera algo raido, asi que supongo que la culpa sera suya -afirmo-. Yo solo soy el recadero.

Teatro local, ?sabe? El presupuesto es reducido.

– ?Quiere una bolsa?

Ricky asintio, pago y salio de la tienda con su compra bajo el brazo. Vio que un autobus llegaba a la parada del centro comercial y corrio para tomarlo. El esfuerzo le hizo sudar y, una vez se sento en el asiento trasero, saco el jersey viejo y se seco la frente y las axilas con el.

Antes de llegar a la habitacion del motel esa noche, Ricky llevo todas sus compras a un parque, donde se dedico a ensuciarias con algo de tierra junto a unos arboles.

Por la manana, metio la ropa vieja que habia comprado en una bolsa de papel marron. Todo lo demas (los pocos documentos que tenia sobre Rumplestiltskin, los periodicos y las otras prendas que habia comprado) fue a parar a la mochila. Pago la cuenta en la recepcion del motel y dijo al hombre que seguramente regresaria en unos dias, informacion que no hizo que este alzara los ojos de la seccion de deportes del periodico que lo mantenia absorto.

Habia un autobus de Trailways que salia para Boston a media manana y con el que Ricky ya estaba algo familiarizado. Como siempre, se sento en la parte posterior y evito el contacto visual con el pequeno grupo de pasajeros para mantener la soledad y el anonimato en cada paso. Se aseguro de ser el ultimo en bajar en Boston. Al inhalar la mezcla de gases de escape y de calor que parecia estar suspendida en la calle, tosio. Pero el interior de la terminal de autobuses tenia aire acondicionado, aunque incluso ese ambiente parecia sucio. Habia filas de asientos de plastico de color naranja y amarillo sujetos al suelo de linoleo, muchos de los cuales exhibian senales y marcas dejadas por personas aburridas que habian tenido que esperar horas a que llegara o saliera su autobus. Se notaba un fuerte olor a fritura, y a un lado de la terminal habia una hamburgueseria junto a una tienda de Donuts. Un quiosco ofrecia los periodicos del dia y revistas ademas de la pseudopornografia mas corriente. Ricky se pregunto cuantas personas comprarian en aquella terminal un ejemplar de U. S. News amp;

World Report y la revista pornografica Hustier a la vez.

Se sento lo mas cerca posible frente a los aseos de hombres y espero. En unos veinte minutos se convencio de que los aseos estaban vacios, en especial despues de que un policia con su camisa azul manchada de sudor hubiera entrado y salido poco despues quejandose en voz alta a su companero, de lo mas divertido, sobre el desagradable efecto de un perrito caliente ingerido hacia poco. Ricky entro deprisa en cuanto los dos policias se alejaron con un repiqueteo de tacones en el sucio suelo de la terminal.

Con movimientos rapidos, se encerro en un retrete y se quito la ropa normal que llevaba para cambiarla por las prendas compradas al Ejercito de Salvacion. Arrugo la nariz ante la dura combinacion de sudor y almizcle que le llego al ponerse el abrigo. Metio la ropa en la mochila, junto con todo lo demas, incluido el dinero en efectivo, salvo cien dolares en billetes de veinte, que hundio dentro de un desgarro del abrigo, de modo que si bien no estaban del todo seguros, por lo menos estaban resguardados. Tenia un poco de calderilla, que se metio en el bolsillo de los pantalones. Al salir del retrete se miro en el espejo del lavabo. No se habia afeitado en un par de dias y eso ayudaba.

Un grupo de taquillas de metal azul cubria una pared de la terminal. Metio la mochila en una, aunque conservo la bolsa de papel que habia usado para llevar las prendas viejas. Echo dos monedas de veinticinco y giro la llave. Cerrar los pocos objetos que tenia le hizo vacilar. Penso un instante que ahora estaba mas aislado que nunca. Ahora, salvo la llavecita de la consigna numero 569 que llevaba en la mano, no habia nada que lo vinculara a nada. No tenia identidad y ninguna relacion con nadie.

Inspiro hondo y se metio la llave en el bolsillo.

Se marcho deprisa de la terminal y solo se detuvo una vez, cuando creyo que nadie le observaba, para coger algo de tierra del suelo y restregarsela por el cabello y la cara.

Para cuando habia recorrido dos manzanas, las axilas y la frente habian empezado a sudarle, y se los seco con la manga del abrigo.

Antes de haber llegado a la tercera manzana, penso: «Ahora parezco lo que soy. Un sin techo”.

22

Durante dos dias Ricky camino por las calles, invisible para todo el mundo.

Su aspecto era el de un indigente, un alcoholico trastornado por las drogas o esquizofrenico, o incluso las tres cosas, aunque si alguien le hubiera mirado con atencion a los ojos, habria visto un proposito claro, lo que no es habitual en un vagabundo. Ricky se encontro observando a la gente de la calle, imaginando quien era y lo que hacia, casi envidioso del sencillo placer que la identidad proporciona a una persona. Una mujer de cabello plateado que avanzaba con prisas cargada con paquetes de compra de las tiendas de Newbury Street le sugirio una historia, mientras que el adolescente que llevaba unos vaqueros cortados, una mochila y una gorra de los Red Sox ladeada le apunto otra. Vio empresarios y taxistas, repartidores de electrodomesticos e informaticos. Habia corredores de bolsa, medicos, tecnicos y un hombre que pregonaba periodicos en un quiosco de una esquina. Todos, desde la loca mas indigente que murmuraba y oia voces hasta el ejecutivo con traje de Armani que se subia a una limusina, tenian una identidad definida por lo que eran. El no tenia ninguna.

En lo que el se habia convertido asustaba y era un lujo a la vez.

No pertenecer a ninguna parte era como ser invisible. A pesar del alivio que sentia de momento por estar a salvo del hombre que habia destruido su vida anterior, sabia que eso era algo fugaz. Su existencia estaba inextricablemente unida al hombre que solo conocia como Rumplestiltskin pero que habia sido el hijo de una mujer llamada Claire Tyson, a quien el habia fallado cuando lo necesitaba. Y ahora estaba solo debido a ese fallo.

Paso la noche solo bajo un puente sobre el rio Charles. Se envolvio con el abrigo, sudando aun debido al calor residual del dia, y se apoyo contra un muro para intentar robarle unas horas a la noche. Un calambre en el cuello lo desperto poco despues del alba, y todos los musculos de la espalda y las piernas se quejaron indignados. Se levanto y se desperezo lentamente, intentando recordar la ultima vez que habia dormido al aire libre y pensando

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