que no lo hacia desde la infancia. La rigidez de las articulaciones le indico que no era muy recomendable. Imagino su aspecto y penso que ni siquiera el mas dedicado actor de metodo lo habria hecho asi.

Una niebla se elevaba del rio Charles con masas grises y vaporosas suspendidas sobre las orillas. Ricky salio del paso inferior y avanzo hacia el carril de bicicletas que seguia la margen del rio.

De pie, penso que el agua tenia el aspecto sedoso de una anticuada cinta negra de maquina de escribir, en su serpenteo a traves de la ciudad. Lo contemplo y se dijo que el sol tendria que elevarse mucho mas antes de que el agua se volviera azul y reflejara los edificios majestuosos de la ribera. A esa primera hora de la manana, el rio ejercia un efecto casi hipnotico en el, y por unos instantes se quedo inmovil contemplando la vista que tenia delante.

Su ensueno se vio interrumpido por el sonido de pasos presurosos en el carril de bicicletas. Se volvio y vio a dos hombres que corrian juntos y se acercaban a el deprisa. Llevaban unos relucientes pantalones cortos y modernas zapatillas de deporte. Supuso que ambos tenian una edad parecida a la suya.

Uno de los hombres gesticulo con el brazo en direccion a Ricky.

– ?Apartate! -le grito.

Ricky dio un paso atras con brusquedad y los dos hombres pasaron por delante.

– ?Quitate de en medio, tio! -exclamo uno de los dos mientras se ladeaba para no rozar a Ricky.

– ?Muevete! -solto el otro hombre-. ?Joder!

Mientras se alejaban, uno de ellos grito:

– ?Vagabundo de mierda! ?Buscate un trabajo!

Su companero rio y comento algo, pero Ricky no distinguio las palabras. Dio un par de pasos tras los hombres, lleno de una colera repentina.

– ?Oigan! -grito-. ?Alto!

No le hicieron caso. Uno de ellos se volvio para mirarlo por encima del hombro antes de acelerar. Ricky los siguio unos metros mas.

– No soy… -empezo-. No soy lo que creen.

Pero entonces se dio cuenta de que podria muy bien serlo.

Regreso hacia el rio. En ese instante comprendio que estaba mas cerca de ser lo que parecia que de lo que habia sido. Inspiro hondo y admitio que se encontraba en la mas precaria de las situaciones psicologicas. Habia matado a quien habia sido para poder huir de un hombre dispuesto a arruinarlo. Si pasaba mucho mas tiempo sin ser alguien, ese anonimato terminaria por engullirlo.

Con la idea de que estaba tan en peligro en ese momento como cuando sentia el aliento de Rumplestiltskin en la nuca, avanzo decidido a poner en practica la primera y fundamental medida.

Se paso el dia yendo de un albergue a otro por toda la ciudad, buscando.

Fue un viaje por el mundo de los necesitados. Un desayuno temprano con huevos mal cocidos y tostadas frias servido en la cocina de una iglesia catolica de Dorchester. Luego una hora delante de una agencia de trabajo temporal, donde se reunio con hombres que buscaban trabajo para un dia rastrillando hojas o vaciando papeleras. De ahi se dirigio a un albergue estatal en Charlestown, donde el hombre de recepcion le dijo que no podia entrar sin algun documento oficial, lo que a Ricky le parecio una exigencia tan demencial como los delirios que sufrian los propios enfermos mentales. Salio enfadado a la calle, donde un par de prostitutas que buscaban clientes durante la hora del almuerzo se rieron de el cuando les pregunto por una direccion. Avanzo por la acera, pasando por delante de callejones y edificios abandonados.

A veces, cuando alguien se le acercaba demasiado, refunfunaba para si. El lenguaje es el aspecto brusco de la locura, y junto con su creciente hedor, una coraza muy buena frente al contacto con cualquiera que no fuese un indigente. Los musculos se le entumecieron y los pies empezaron a dolerle, pero siguio buscando. En una esquina, un policia lo observo con atencion y avanzo hacia el, pero al parecer se lo penso mejor y siguio su camino.

Ya bien entrada la tarde, con un sol que aun provocaba onduladas estrias de calor en las calles, Ricky detecto una posibilidad.

El hombre estaba hurgando en un cubo de basuras en la linde de un parque, cerca del rio. Era de una estatura y un peso parecidos a los suyos, con un pelo castano de incipiente calvicie.

Llevaba un gorro de lana, unos pantalones cortos hechos jirones y un abrigo de lana hasta los tobillos que casi le tapaba el calzado, compuesto por un mocasin marron y una bota de obrero.

Farfullaba en voz baja, absorto en el contenido del cubo de basuras. Ricky se acerco lo suficiente para ver sus lesiones en la cara y en el dorso de las manos. Mientras escarbaba, tosio varias veces, sin advertir la presencia de Ricky. A unos diez metros habia un banco, y Ricky se sento en el. Alguien habia dejado ahi parte del periodico del dia, y Ricky lo agarro y simulo leer mientras se dedicaba a observar al hombre. Vio que sacaba una lata de refresco del cubo y la echaba en un carrito de la compra del tipo de los que hay que tirar de ellos. El carrito estaba casi lleno de latas vacias.

Ricky contemplo al hombre y se dijo: «Hace solo unas semanas eras medico. Haz tu diagnostico».

El hombre parecio enfurecerse cuando saco de la basura una lata que no le gusto. La lanzo con brusquedad al suelo y la envio de un puntapie a un arbusto cercano.

«Bipolar -penso Ricky-. Y esquizofrenico. Oye voces y no recibe medicacion, o por lo menos una que este dispuesto a tomarse. Propenso a ataques repentinos de energia frenetica. Seguramente violento, ademas, pero mas una amenaza para el mismo que para los demas. Las lesiones podrian ser llagas abiertas por vivir en la calle o tambien sarcoma de Kaposi.»

El sida era una posibilidad evidente. Asi como la tuberculosis o el cancer de pulmon, dada la tos convulsiva del hombre. Tambien podia ser neumonia, aunque la estacion no era la adecuada.

Estaba tan cerca de la vida como de la muerte.

Pasados unos minutos, el hombre decidio que ya tenia todo lo que habia de valor en la basura y se dirigio al siguiente cubo.

Ricky permanecio sentado sin perderlo de vista. Tras unos momentos dedicados a hurgar en la basura, el hombre se marcho tirando del carrito. Ricky lo siguio.

No tardo mucho en llegar a una calle de Charlestown llena de tiendas mugrientas. Era un lugar para los necesitados de todo tipo. Una tienda de muebles de saldo que ofrecia en grandes letras escritas en los escaparates facilidades y creditos. Dos casas de empenos, una tienda de electrodomesticos, una tienda de modas cuyos maniquies parecian carecer todos de un brazo o tina pierna, como si hubieran quedado mutilados o marcados en algun accidente. Ricky observo como el hombre se dirigia directo hacia la mitad de la manzana, hacia un edificio cuadrado pintado de amarillo con un cartel prominente en la fachada: REFRESCOS Y LICORES DE AL. Debajo habia un segundo cartel, con las mismas letras, casi igual de grandes: CENTRO DE CANJE. Este cartel tenia una flecha que senalaba la parte posterior.

El hombre que tiraba del carrito lleno de latas doblo la esquina del edificio. Ricky lo siguio.

En la parte trasera de la tienda habia una puerta de postigo, con un cartel sobre el dintel: CANJEAR AQUI. El hombre toco un timbre que habia a un lado. Ricky se apreto contra la pared para no dejarse ver.

En unos segundos aparecio un joven. La transaccion solo llevo unos minutos. El vagabundo entrego la coleccion de latas, el muchacho las conto y despues tomo un par de billetes de un fajo que se saco del bolsillo. El hombre cogio el dinero, se metio la mano en un bolsillo del abrigo y saco una gruesa y vieja cartera de piel llena de papeles. Puso los billetes en ella y entrego otro al chico. El adolescente desaparecio y regreso instantes despues con una botella, que entrego al hombre.

Ricky se sento en el suelo del callejon y espero a que el hombre pasara por su lado. La botella, que Ricky supuso seria de vino barato, ya habia desaparecido entre los pliegues del abrigo. El hombre lanzo una mirada a Ricky, pero no pudo verle los ojos porque este agacho la cabeza. Ricky aguardo unos segundos y luego le siguio.

En Manhattan, Ricky habia servido de raton a los gatos Virgil, Merlin y Rumplestiltskin. Ahora estaba en el lado opuesto de la misma ecuacion. Aminoraba o aceleraba el paso para no perder de vista al vagabundo en ningun momento, lo bastante cerca para seguirlo, lo bastante alejado para no ser descubierto. Provisto ahora de una botella, el hombre caminaba con resolucion, como en una rapida marcha militar con un destino determinado. Giraba a menudo la cabeza para mirar en todas direcciones, sin duda temeroso de que le siguieran. Ricky penso que su comportamiento paranoico estaba bien fundado.

Cubrieron decenas de manzanas y se adentraron y se alejaron del trafico mientras el barrio se volvia cada vez mas sordido. El sol menguante del dia proyectaba sombras en la calzada, y la pintura desconchada y las fachadas

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