– Puede usarlo siempre que quiera. Las dianas cuestan solo cincuenta centavos. El unico requisito es que compre aqui la municion. Y que no entre por la puerta con un arma cargada. Tiene que llevarla enfundada y con el cargador vacio. Llenarlo aqui, donde alguien pueda ver que hace. Luego podra disparar todo lo que quiera. Al llegar la primavera organizamos un curso de combate en el bosque. A lo mejor le interesa probarlo.

– Por supuesto -dijo Ricky.

– ?Quiere que le llame cuando llegue la licencia, senor Lazarus?

– ?Cuarenta y ocho horas? Ya me pasare por aqui. O telefoneare.

– Como quiera. -El hombre lo observo con atencion-. A veces las licencias de armas son rechazadas debido a algun problema tecnico. Igual hay algun que otro problema con los numeros que me dio, ?sabe? Aparece algo en algun ordenador, ya me entiende.

– Todo el mundo puede equivocarse, ?verdad? -dijo Ricky.

– Parece buena gente, senor Lazarus. Me daria rabia que le negaran la licencia por alguna metedura de pata burocratica. -El dependiente hablo despacio, casi con cautela. Ricky oyo su tono-.

Todo depende del funcionario que repasa la solicitud. Algunos se limitan a teclear los numeros sin apenas prestar atencion. Otros se toman su trabajo muy en serio.

– Al parecer hay que asegurarse de que la solicitud llegue a la persona adecuada.

– No tendriamos que saber quien hace las comprobaciones -asintio el dependiente-, pero tengo amigos que trabajan ahi.

Ricky saco la cartera y puso cien dolares en el mostrador.

– No es necesario -comento el hombre sonriendo de nuevo, pero cogio el dinero-. Me asegurare de que llegue al funcionario adecuado, uno que procesa las cosas con mucha rapidez y eficiencia.

– Es usted muy amable -aseguro Ricky-. Muy amable. Le debere una.

– No es nada. Queremos que nuestros clientes queden satisfechos. -Se guardo el billete en el bolsillo-. Oiga, ?le interesaria un rifle? Tenemos en oferta uno muy bueno del calibre 30 con mira telescopica para cazar ciervos. Y tambien escopetas…

– Tal vez -asintio Ricky-. Tengo que ver antes que necesito.

Cuando sepa que no hay problemas con la licencia, estudiare mis necesidades. Tienen una pinta impresionante.

Senalo la coleccion de armas de asalto.

– Una ametralladora Uzi o una Ingram del 45 o un AK-47 que puede ir muy bien para acabar con cualquier disputa a la que se este enfrentando -informo el hombre-. Suelen desalentar la disconformidad y favorecer la aceptacion.

– Lo recordare -contesto Ricky.

Ricky tenia cada vez mas destreza con el ordenador.

Con su nombre informatico hizo un par de busquedas electronicas sobre su arbol genealogico y, con rapidez desalentadora, descubrio lo facil que le habia sido a Rumplestiltskin obtener la lista de familiares que habia constituido la base de su amenaza inicial. Los aproximadamente cincuenta miembros de la familia del doctor Frederick Starks surgieron a traves de Internet en solo un par de horas de busqueda. Una vez obtenidos los nombres, no se tardaba demasiado en conseguir direcciones. Las direcciones se convertian en profesiones. No costaba imaginar como Rumplestiltskin (que tenia todo el tiempo y la energia necesarios) habia logrado informacion sobre esas personas y encontrado a varios miembros vulnerables del extenso grupo.

Ricky estaba sentado frente al ordenador, algo perplejo.

Cuando su nombre aparecio y el segundo programa de arboles genealogicos le mostro como recientemente fallecido, se puso tenso en la silla, sorprendido, aunque no deberia haberlo estado; fue como el susto que se tiene cuando por la noche un animal cruza la carretera frente a un coche y desaparece entre los matorrales. Un instante de miedo que remite al instante.

Habia trabajado decadas en un mundo de privacidad donde los secretos permanecian ocultos bajo nieblas emocionales y capas de dudas, encerrados en la memoria, oscurecidos por anos de negaciones y depresiones. Si el analisis, en el mejor de los casos, consiste en ir desprendiendose de frustraciones para dejar verdades al descubierto, el ordenador le parecio el equivalente clinico del bisturi. Los detalles y los datos simplemente se iluminaban en la pantalla, arrancados al instante con unas meras pulsaciones en el teclado. Lo detestaba y le apasionaba a la vez.

Tambien se dio cuenta de lo desfasada que parecia su profesion.

Y tambien comprendio las pocas posibilidades que habia tenido de ganar el juego de Rumplestiltskin. Cuando recordaba los quince dias entre la carta y su pseudomuerte, veia lo facil que le habia sido a su perseguidor anticiparse a cada paso que el daba.

La previsibilidad de su reaccion ante cada situacion era de lo mas evidente.

Reflexiono sobre otro aspecto del juego. Cada momento habia sido pensado por anticipado, cada momento lo habia lanzado en direcciones que estaban claramente previstas. Rumplestiltskin lo habia sabido tan bien como el mismo ahora. Virgil y Merlin habian sido el senuelo usado para distraerlo y evitar que pusiera las cosas en perspectiva. Le habian impuesto un ritmo vertiginoso, llenado sus ultimos dias de exigencias y convertido en real y palpable cada amenaza.

Cada escena de la obra figuraba en el guion. Desde la muerte de Zimmerman en el metro hasta la visita al doctor Lewis en Rhinebeck, pasando por el empleado del hospital donde tiempo atras habia atendido a Claire Tyson.

«?Que hace un psicoanalista? -se pregunto-. Establece normas muy sencillas pero inviolables.»

Una vez al dia, cinco dias a la semana, sus pacientes se presentaban a su puerta y tocaban el timbre de una forma muy concreta. A partir de eso, el caos de su vida cobraba forma. Y con ello, la capacidad de hacerse con el control.

Para Ricky, la leccion era simple: no podia seguir siendo previsible.

Aunque eso no era del todo cierto, penso. Richard Lively podia ser tan normal como fuera necesario, tan normal como el quisiera. Un hombre corriente. Pero Frederick Lazarus seria alguien diferente.

«Un hombre sin pasado puede forjar cualquier futuro», penso.

Frederick Lazarus obtuvo un carne en la biblioteca y se sumergio en la cultura de la venganza. Cada pagina que leia rezumaba violencia. Leyo historias, obras de teatro, poemas y ensayos sobre el genero del crimen veridico. Devoro novelas, desde narraciones de suspense escritas el ano anterior hasta obras terrorificas del siglo XIX. Profundizo en el teatro y casi se aprendio de memoria Otelo, y despues todavia mas La Orestiada. Recupero fragmentos de su memoria y releyo partes que recordaba de sus dias de universitario. Absorbio la escena en que Ulises cierra las puertas de golpe a los pretendientes y asesina a todos los hombres que le suponian muerto.

Ricky no sabia demasiado sobre el crimen y los criminales, pero pronto se convirtio en un experto; por lo menos en la medida en que la palabra impresa es capaz de educar. Aprendio de Thomas Harris y Robert Parker, asi como de Norman Mailer y Truman Capote. Mezclo Edgar Alian Poe y sir Arthur Conan Doyle con los manuales de formacion del FBI disponibles en las librerias a traves de Internet. Leyo La mascara de la cordura de Hervey Cleckley y termino conociendo mucho mejor la naturaleza de los psicopatas. Leyo libros como Por que asesinan y Enciclopedia de los asesinos en serie. Leyo sobre asesinatos en masa y con bombas, crimenes pasionales y asesinatos considerados perfectos. Nombres y crimenes llenaban su imaginacion, desde Jack el Destripador hasta Billy el Nino, John Wayne Gacy y el Asesino de la Zodiac. Del pasado al presente. Leyo sobre crimenes de guerra y francotiradores, sobre sicarios y rituales satanicos, sobre mafiosos y sobre adolescentes desconcertados que iban a clase con fusiles de asalto para vengarse de companeros que se habian burlado de ellos demasiado a menudo.

Le sorprendio descubrir que era capaz de compartimentar todo lo que leia. Cuando cerraba el libro que detallaba algunos de los actos mas truculentos que un hombre podia hacer a otro, dejaba a un lado a Frederick Lazarus y volvia a Richard Lively. El primero estudiaba como ejecutar con un garrote a una victima desprevenida y por que un cuchillo no servia como arma asesina, mientras que el segundo leia cuentos al nieto de cuatro anos de su casera y se aprendia de memoria En la granja de mi abuelo, que el nino no se cansaba de escuchar a cualquier hora del dia o la noche. Y mientras el primero estudiaba el impacto de las pruebas de ADN en la investigacion de un crimen, el segundo se pasaba una larga noche hablando con un estudiante con sobredosis hasta que el peligroso colocon remitia.

«Jekyll y Hyde», penso.

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