– Toda mi carrera -dijo la mujer-. Pero aparte de dejarle ver el anuario de 1967, no creo que pueda proporcionarle gran ayuda.

Como le he dicho, los expedientes son confidenciales.

– Bueno, en realidad no necesito su expediente academico -indico Ricky, que se saco la carta del falso centro para el tratamiento del cancer y se la entrego-. Lo que estoy buscando es alguien que pueda conocer a un familiar.

La mujer leyo la carta con rapidez. Su expresion se suavizo.

– Oh -exclamo a modo de disculpa-. Lo siento mucho. No sabia…

– Descuide. Es una posibilidad muy remota. Pero cuando tienes una sobrina tan enferma, estas dispuesto a aferrarte a cualquier posibilidad, por remota que sea.

– Por supuesto -dijo la mujer con rapidez-. Por supuesto que si. Pero no creo que quede ningun Tyson de la familia de Claire por aqui. Por lo menos que yo recuerde, y recuerdo a casi todo el mundo que cruza esas puertas.

– Me sorprende que recuerde a Claire -comento Ricky.

– Dejaba huella, en mas de un sentido. Por aquel entonces yo era su tutora de orientacion profesional. He ido subiendo de categoria.

– Es evidente -dijo Ricky-. Pero recordarla, en especial despues de tantos anos…

La mujer hizo un leve gesto, como para interrumpir su pregunta. Se levanto y se dirigio a una estanteria para coger un viejo anuario encuadernado en imitacion piel correspondiente a 1967.

Se lo dio a Ricky.

Era un anuario de lo mas tipico. Paginas y paginas de candidas instantaneas de alumnos en actividades o juegos diversos, reforzadas con algo de prosa entusiasta. El grueso del anuario lo formaban los retratos formales de la ultima clase. Eran retratos de estudio de gente joven que intentaba parecer mayor y mas seria de lo que era. Ricky repaso las imagenes hasta que llego a Claire Tyson. Le costo un poco identificar a la mujer a la que habia visto una decada despues con la muchacha del anuario. Llevaba el cabello mas largo, que le caia ondulado sobre el hombro. Esbozaba una leve sonrisa, un poco menos forzada que la mayoria de sus companeros de clase, con el tipo de expresion que adoptaria alguien que sabe un secreto. Leyo el texto junto a su foto. Relacionaba sus actividades extraescolares (frances, ciencias, el club de Futuras Amas de Casa y la sociedad teatral) y los deportes que practicaba, voleibol y beisbol universitarios. Tambien figuraban sus meritos academicos, que incluian ocho semestres en el cuadro de honor y una distincion del programa de becas al merito escolar. Habia una cita, de cariz humoristico, pero que para Ricky tenia un tono algo premonitorio: «Haz a los demas antes de que los demas tengan ocasion de hacerte a ti». Una prediccion, «Quiere vivir a tope», y un vistazo a la bola de cristal adolescente: «De aqui a diez anos estara en Broadway o bajo el».

La directora miraba por encima de su hombro.

– No tenia ninguna posibilidad -aseguro.

– ?Perdone? -replico Ricky, y la palabra formo una pregunta.

– Era la hija unica de una pareja… bueno, dificil. Vivian en el limite de la pobreza. El padre era un tirano. Quiza peor aun…

– Quiere decir…

– Mostraba muchos signos clasicos de abusos sexuales. Hable con ella a menudo cuando tenia sus ataques incontrolables de depresion. Lloraba y se ponia histerica. Despues se quedaba tranquila, fria, casi ida, como si estuviera en otra parte, aunque estaba sentada conmigo en el despacho. Habria llamado a la policia si hubiera tenido alguna prueba, pero ella jamas admitio ante mi ningun abuso. En mi posicion hay que ser prudente. Y entonces no sabiamos tanto sobre estas cosas como ahora.

– Por supuesto.

– Y, claro, sabia que huiria a la primera ocasion. Ese chico…

– ?Un novio?

– Si. Estoy casi segura de que ya estaba embarazada cuando termino aquella primavera.

– ?Como se llamaba? ?Vive todavia por aqui? Seria fundamental encontrarlo, ?sabe? Con eso del acervo genetico… No entiendo la jerga de los medicos, pero…

– Hubo un hijo. Pero no se que paso. No echaron raices aqui, eso seguro. El chico pensaba alistarse en la Marina, aunque no se si llego a hacerlo, y ella se marcho a la universidad local. No creo que se casaran. Me la encontre una vez por la calle. Se paro para saludarme, pero nada mas. Era como si ya no pudiera hablar sobre nada. Claire pasaba de sentirse avergonzada por una cosa a sentirse avergonzada por otra. Sin embargo era brillante, maravillosa en un escenario. Podia interpretar cualquier papel, desde Shakespeare a Ellos y ellas, y hacerlo muy bien. Tenia verdadero talento para la interpretacion. Su problema era la realidad.

– Comprendo.

– Era una de esas personas a las que te gustaria ayudar pero no puedes. Su empeno era encontrar a alguien que cuidara de ella, pero siempre encontraba a la persona equivocada. Sin excepcion.

– ?Y el chico?

– ?Daniel Collins? -La directora tomo el anuario y hojeo unas paginas hacia atras antes de devolverselo a Ricky-. Guapo, ?eh? Volvia locas a las chicas. Jugaba a futbol y a baloncesto, aunque no era ninguna estrella. Bastante listo, pero no se esforzaba en clase. El tipo de chico que siempre sabe donde es la fiesta, donde se obtiene alcohol o hierba o lo que sea, y al que no pillan nunca. Uno de esos muchachos que salia de una para meterse en otra. Tenia a todas las chicas en el bolsillo, pero sobre todo a Claire. Era una de esas relaciones que sabes que solo pueden acabar mal pero no puedes hacer nada.

– Veo que no le gustaba demasiado ese chico.

– ?Por que iba a gustarme? Era una especie de depredador.

Y sin duda era bastante egoista, solo miraba por el mismo.

– ?Tiene la direccion de su familia?

La directora se sento al ordenador y tecleo un nombre. Luego anoto un numero en un trozo de papel que entrego a Ricky. El asintio a modo de respuesta.

– ?Piensa que la abandono?

– Seguro, despues de haberla utilizado. Eso era lo que se le daba bien: utilizar a la gente y deshacerse de ella despues. Si tardo un ano o diez, no lo se. Cuando te dedicas a este trabajo, llegas a pronosticar muy bien lo que ocurrira a los chicos. Algunos te pueden sorprender, en un sentido u otro, pero no muchos. -Senalo la prediccion del anuario. «En Broadway o bajo el.» Ricky sabia cual de esas dos alternativas se habia hecho realidad-. Los chicos siempre bromean cuando predicen. Pero la vida no suele ser tan divertida, ?verdad?

Antes de dirigirse al hospital para veteranos del ejercito, Ricky paso por el motel para ponerse el traje negro. Tambien recogio el objeto que habia tomado prestado del departamento de teatro en la Universidad de New Hampshire, se lo coloco en el cuello y se contemplo en el espejo.

El edificio del hospital tenia el mismo aspecto impersonal que el instituto. Era de ladrillo blanqueado, de dos plantas, como si lo hubieran dejado caer en un espacio abierto entre por lo menos seis iglesias distintas, segun el computo de Ricky. Pentecostal, baptista, catolica, congregacionalista, unitaria y metodista episcopal africana, todas ellas con esos esperanzadores tableros de anuncios en el jardin de entrada que proclamaban una felicidad infinita ante la llegada inminente de Jesus, o como minimo, el consuelo en las palabras de la Biblia, pronunciadas con fervor en un oficio diario y en dos los domingos. A Ricky, que habia adquirido una saludable falta de respeto por la religion en su ejercicio profesional, le gusto bastante la yuxtaposicion del hospital para veteranos del ejercito y las iglesias: era como si la dura realidad de los abandonados, representada por el hospital, sirviera para equilibrar en cierta medida todo el optimismo que circulaba sin control en las iglesias. Se pregunto si Claire Tyson habria asistido con regularidad a la iglesia. Sospechaba que si, dado el ambiente en que habia crecido. Todo el mundo iba a la iglesia. El problema era que eso no impedia que los feligreses maltrataran a sus mujeres o a sus hijos los demas dias de la semana; algo que estaba seguro de que Jesus desaprobaba, si es que opinaba al respecto.

El hospital para veteranos del ejercito tenia dos mastiles con la bandera de Estados Unidos y la del estado de Florida, una junto a otra, colgando languidamente en aquel calor impropio de finales de la primavera. Habia unos arbustos plantados sin ton ni son junto a la entrada, y Ricky vio unos cuantos ancianos con batas andrajosas y en sillas de ruedas, sentados solos en un pequeno porche lateral bajo el sol de la tarde. No estaban en grupo, ni siquiera en parejas. Cada uno parecia funcionar en una orbita exclusiva, definida por la edad y la enfermedad. Avanzo y cruzo la entrada. El interior estaba en penumbra. Se estremecio. Los hospitales a los que habia llevado a

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