– ?Que va a hacer? -pregunto Tyson.
Su voz era un suspiro horrorizado, con jadeos y resuellos provocados por la enfermedad que le carcomia los pulmones.
– Encontrar a esos ninos.
– ?Por que quiere hacer eso?
– Porque uno de ellos tambien me mato a mi -le espeto Ricky mientras se volvia para irse.
Justo antes de la hora de cenar, Ricky llamo a la puerta de una casa en buen estado, de dos habitaciones, en una calle tranquila bordeada de palmeras. Todavia llevaba la indumentaria sacerdotal, lo que le daba un poco mas de seguridad, como si el alzacuellos le proporcionara un anonimato que desalentaria a cualquiera que pudiera hacer preguntas. Espero hasta que la puerta se entreabrio y vio a una mujer mayor. La puerta se abrio un poco mas cuando la mujer vio el traje clerical, pero no salio de detras de la mosquitera.
– ?Si? -pregunto.
– Hola -contesto Ricky con tono afable-. Estoy intentando averiguar el paradero de un joven llamado Daniel Collins.
La mujer solto un grito ahogado y se llevo la mano a la boca para ocultar su sorpresa. Ricky guardo silencio mientras observaba como la mujer se esforzaba en recobrar la compostura. Trato de interpretar los cambios que experimento su rostro, desde la impresion inicial hasta una dureza que contenia una terrible frialdad.
Por fin su cara compuso una expresion rigida y su voz, cuando pudo usarla, parecio utilizar palabras arrancadas al invierno.
– Lo damos por perdido -dijo.
Unas lagrimas pugnaban por asomarle a los ojos y contradecian la fortaleza de su voz.
– Lo siento -comento Ricky todavia en un tono jovial que escondia su repentina curiosidad-. No entiendo a que se refiere con «perdido».
La mujer sacudio la cabeza sin contestar de modo directo.
Miro su ropa de sacerdote y pregunto:
– ?Por que busca a mi hijo, padre?
Ricky saco la carta falsa y supuso que la mujer no la leeria con tanta atencion como para cuestionarla.
Cuando ella fue a ojear el documento, el empezo a hablar para que no pudiera concentrarse en lo que leia. Distraerla para que no le hiciera preguntas no parecia una tarea dificil.
– Vera, senora… Collins, ?correcto? La parroquia esta intentando encontrar a alguien que pueda ser donante de medula para esta joven que es pariente lejana suya. ?Ve el problema? Le pedi312.
ria que se hiciera un analisis de sangre pero supongo que supera la edad limite para la donacion de medula. Tiene mas de sesenta anos, ?verdad?
Ricky no tenia idea de si la medula osea dejaba de ser viable a ninguna edad. Asi que hizo una pregunta ficticia para una respuesta que era evidente. La mujer alzo los ojos de la carta para responder y Ricky aprovecho para arrebatarsela de las manos.
– Esta carta incluye mucha terminologia medica -comento-. Se lo puedo explicar, si lo prefiere. ?Podriamos sentarnos?
La mujer asintio a reganadientes y abrio del todo la puerta.
Ricky entro en una casa que parecia tan fragil como su anciana ocupante. Estaba llena de objetos y figuritas de porcelana, jarrones vacios y adornos, y el olor a cerrado superaba el aire viciado del aparato de aire acondicionado que funcionaba con un golpeteo que le hizo suponer que tendria alguna pieza suelta. Encima de la moqueta habia alfombrillas de pasillo de plastico y en el sofa una funda tambien de plastico, como si la mujer temiera ensuciar algo. Daba la impresion de que todo tenia su lugar en aquella casa, y de que la mujer que vivia en ella notaria al instante cualquier objeto fuera de su sitio, aunque solo fuese unos milimetros.
El sofa chirrio cuando el se sento.
– ?Podria localizar a su hijo? Vera, podria ser compatible -dijo Ricky, que cada vez mentia con mayor facilidad.
– Esta muerto -indico la mujer con mas frialdad.
– ?Muerto? Pero ?como…?
– Muerto para todos nosotros. -La senora Collins sacudio la cabeza-. Muerto para mi. Muerto y despreciado. Solo nos ha causado sufrimiento, padre. Lo siento.
– ?Como ocurrio?
– Todavia no ha ocurrido -aclaro la mujer, sacudiendo de nuevo la cabeza-. Pero sera muy pronto, creo.
Ricky se recosto, lo que provoco el mismo chirrido.
– Me parece que no acabo de entenderla -dijo.
La mujer se agacho y tomo un album de recortes de un estante bajo la mesilla de centro. Lo abrio y volvio unas paginas. Ricky pudo atisbar articulos periodisticos sobre deportes y recordo que Daniel Collins era deportista en el instituto. Habia una fotografia de su graduacion, seguida de una pagina en blanco. La mujer se detuvo en ella y le paso el album.
– Vuelva esa pagina -dijo con amargura.
Centrado en una sola hoja del album figuraba un unico articulo del Tampa Tribune. El titular rezaba:
HOMBRE DETENIDO TRAS UNA MUERTE EN UN BAR Habia pocos detalles, aparte de que habian detenido a Daniel Collins hacia poco mas de un ano, acusado de homicidio despues de una pelea en un bar. En la pagina adyacente, otro titular:
EL ESTADO PEDIRA LA PENA DE MUERTE PARA EL HOMICIDA DEL BAR Este articulo, recortado y pegado en el centro de otra pagina iba acompanado de una fotografia de un Daniel Collins de mediana edad mientras era conducido esposado a un juzgado. Ricky echo un vistazo al articulo del periodico. Los hechos del caso parecian bastante simples. Dos borrachos se habian peleado. Uno de ellos habia salido a la calle y esperado a que el otro hiciera lo mismo. Empunando un cuchillo, segun la fiscalia. El asesino, Daniel Collins, habia sido detenido en la escena del crimen, inconsciente, borracho, con el cuchillo ensangrentado cerca de la mano y la victima a unos metros de distancia. El periodico insinuaba que la victima habia sido eviscerada con particular crueldad antes de robarla. Al parecer, despues de haberle asesinado y robado el dinero, Collins se habia tomado otra botella de whisky, y al final se habia caido inconsciente en la misma escena del crimen. Un caso clarisimo.
Leyo articulos mas breves sobre un juicio y una sentencia. Collins habia afirmado que no era consciente del crimen porque habia bebido mucho esa noche. No era una coartada demasiado buena y no habia convencido al jurado. Sus miembros solo deliberaron noventa minutos. Tardaron un par de horas mas en recomendar la pena de muerte, despues de que la misma justificacion se presentara como atenuante y fuera denegada. Una muerte oficial, clara, envuelta y servida del modo menos desagradable.
Ricky alzo los ojos. La anciana sacudia la cabeza.
– Mi querido muchacho -se lamento-. Lo perdi primero por culpa de esa zorra, despues por culpa de la bebida, y ahora esta en el corredor de la muerte.
– ;Han fijado la fecha?
– No -respondio la anciana-. Su abogado dice que pueden apelar. Lo va a intentar en un juzgado y en otro. No lo entiendo demasiado bien. Lo unico que se es que mi muchacho dice que el no lo hizo, pero eso no sirvio de nada. -Dirigio una mirada llena de dureza al alzacuellos que llevaba Ricky-. En este estado, todos amamos a Jesus, y la mayoria de la gente va a la iglesia los domingos.
Pero cuando la Biblia dice «No mataras», no parece aplicarse a nuestros tribunales. Ni a los nuestros ni a los de Georgia o Texas.
Son un mal sitio para cometer un delito en el que muera alguien, padre. Me gustaria que mi chico lo hubiera tenido en cuenta antes de coger ese cuchillo y meterse en esa pelea.
– ?Y el dice que es inocente?
– Si. Dice que no recuerda nada de la pelea. Dice que se desperto cubierto de sangre y con ese cuchillo al lado cuando un policia lo toco con la porra. Supongo que no recordar no es una defensa muy buena.
Ricky volvio la pagina, pero no habia nada.
– Supongo que tengo que guardar una pagina -comento la mujer-. Para un ultimo articulo. Espero haber muerto antes de que llegue ese dia porque no quiero verlo. -Sacudio la cabeza y anadio-: ?Sabe una cosa, padre?
– ?Que?
