– Cuenteme lo que sepa sobre la familia Tyson -pidio el-. ?Vivia aqui antes de que llegaran ustedes?

– Si. No se demasiado sobre esa gente. Solo se algo del viejo.

Vivia aqui solo. ?Le interesa ese viejo?

Ricky tomo la cartera y mostro a la joven el carne de conducir falso a nombre de Rick Tyson.

– Es un pariente lejano y puede haber recibido una pequena suma en herencia -mintio-. La familia me ha mandado para intentar localizarlo.

– No creo que necesite dinero donde esta -solto Charlene.

– ?Donde esta?

– En el asilo de veteranos del ejercito que hay en Midway Road. Si todavia vive.

– ?Y su mujer?

– Murio hace mas de dos anos. Estaba delicada del corazon, o eso dijeron.

– ?Los llego a conocer?

– Lo unico que se es lo que me contaron los vecinos -comento Charlene, y meneo la cabeza.

– ?Y que le contaron?

– Que el viejo y la vieja vivian aqui solos.

– Creia que tenian una hija.

– Eso parece, pero dicen que murio. Hace mucho.

– Ya. Continue.

– Vivian de la Seguridad Social. Puede que cobraran algo de retiro, no lo se. La vieja se puso enferma del corazon. No tenia seguro de enfermedad, solo la sanidad publica. Las facturas se acumulaban. La vieja murio y dejo al viejo con un monton de facturas. Sin seguro. Era un hombre desagradable que no caia demasiado bien a ningun vecino, sin amigos y sin familia, que se supiera. Tenia solo lo mismo que yo: facturas, gente que queria cobrar su dinero. Un dia se retraso con la hipoteca de la casa y descubrio que el banco ya no era el propietario de la deuda como el creia, porque alguien se la habia comprado. No hizo ese pago, puede que tampoco otros, y los alguaciles vinieron con una orden de desalojo. Lo pusieron de patitas en la calle. Y ahora esta en el asilo de veteranos del ejercito. No creo que vaya a salir nunca de alli, a no ser con los pies por delante.

– ?Ustedes se instalaron aqui inmediatamente despues del desalojo? -pregunto Ricky tras reflexionar un minuto.

– Exacto. -Charlene suspiro y meneo la cabeza-. Toda esta manzana era mucho mas bonita hace un par de anos. No habia tanta basura, ni bebida, ni peleas. Creia que seria un buen lugar para empezar de cero, pero ahora no tenemos dinero para mudarnos. En todo caso, los vecinos de aqui enfrente fueron quienes me contaron la historia del viejo. Ya no estan aqui. Seguramente ya no queda ninguno de los que conocian al viejo. Pero no parecia que hubiese tenido muchos amigos. El viejo tenia un pitbull encadenado donde ahora esta nuestro perro. El nuestro solo ladra, arma escandalo, como cuando usted se acerco. Si lo suelto lo mas probable es que le lama la cara en lugar de morderlo. El pitbull de Tyson no era asi. Cuando ese hombre era mas joven, le gustaba que peleara, ya sabe, en peleas con apuestas. En esos sitios hay muchos hombres blancos sudorosos que apuestan lo que no tienen, beben, blasfeman y arman jaleo. Esa es la parte de Florida no apta para turistas. Es como Alabama o Misisipi. La mentalidad cerrada de Florida. La mentalidad cerrada y los pitbulls.

– Entiendo -dijo Ricky.

– En este barrio hay muchos ninos. Los perros como ese pueden morder a alguno. Puede que hubiera otras razones por las que no cayera muy bien a la gente de por aqui.

– ?Que otras razones?

– He oido historias.

– ?Que clase de historias?

– Historias perversas. De cosas horribles, llenas de maldad. No se si seran ciertas y, como mis padres me dicen que no repita cosas que no sepa seguro, quiza deberia preguntar a alguien que no sea tan temeroso de Dios como yo. Pero no se quien. Ya no quedan personas de esa epoca.

– ?Tiene el nombre o la direccion del hombre al que usted paga el alquiler? -pregunto Ricky tras reflexionar otro momento.

Charlene parecio sorprendida pero asintio.

– Claro. Hago el cheque a nombre de un abogado del centro y se lo mando a un hombre del banco. Cuando tengo el dinero. -Recogio un lapiz del suelo y anoto un nombre y una direccion en el dorso de un sobre de una casa de alquiler de muebles. El sobre llevaba estampado en rojo SEGUNDO AVISO-. Espero que esto le sirva de algo.

Ricky saco dos billetes mas de veinte dolares y se los entrego.

Ella asintio para darle las gracias. Despues de dudar un momento, el saco un tercer billete.

– Para el nino -dijo.

– Es muy amable.

Se protegio los ojos del sol con la mano al salir a la calle. No habia una sola nube en el cielo y el calor se habia intensificado.

Recordo los dias veraniegos de Nueva York y como el huia hacia el clima mas fresco de Cape Cod.

«Eso se acabo», penso.

Miro hacia donde tenia aparcado el coche y trato de imaginarse a un anciano sentado entre sus escasas pertenencias en la acera.

Sin amigos y desalojado de la casa donde habia vivido una vida dificil, pero por lo menos suya propia, durante muchos anos. Expulsado con rapidez y sin consideracion. Abandonado a la vejez, la enfermedad y la soledad. Ricky se guardo el papel con el nombre y la direccion del abogado en el bolsillo. sabia quien habia desalojado al anciano. Sin embargo, se pregunto si aquel hombre mayor sentado en la acera sabia que el hombre que lo habia echado a la calle era el hijo de su hija, a quien muchos anos antes Ricky habia dado la espalda.

A menos de siete manzanas de la casa de donde Claire Tyson habia huido habia un gran instituto de secundaria. Ricky aparco en la zona de estacionamiento y contemplo el edificio mientras intentaba imaginar como un adolescente podria encontrar individualidad, y mucho menos educacion, entre aquellas paredes. Era un edificio enorme de color arena, con un campo de futbol y una pista circular a un lado, tras una valla de tres metros de altura. Ricky tuvo la impresion de que quienquiera que hubiese disenado aquella estructura se habia limitado a dibujar un rectangulo inmenso y a anadir despues un segundo rectangulo para crear un conjunto en forma de T y dar asi por finalizada su obra. En la pared de ladrillo del edificio habia un enorme mural de un antiguo barco griego junto con la leyenda: HOGAR DE LOS ESPARTANOS DEL SUR en una fluida y apagada letra roja. Todo el lugar estaba cocido como una crep en una sarten bajo el cielo despejado y el sol abrasador.

En la puerta principal habia un control de seguridad, donde un guarda con camisa azul, pantalones negros y cinturon y zapatos de charol negro que, si bien no le conferian la categoria de policia, si por lo menos el mismo aspecto, manejaba un detector de metales. El guarda dijo a Ricky como llegar a las oficinas administrativas y luego le hizo pasar entre los postes paralelos. Los zapatos de Ricky repiquetearon en el suelo de linoleo del vestibulo. Era horario de clase, de modo que avanzo casi en solitario entre hileras de taquillas de color gris. Solo algun que otro alumno paso apresurado a su lado.

Al otro lado de la puerta que indicaba ADMINISTRACION habia una secretaria sentada a una mesa. Una vez le explico el motivo de su visita, ella lo condujo a la oficina de la directora. Espero fuera mientras la secretaria entraba y luego aparecia en la puerta para hacerle pasar. Una mujer de mediana edad con una camisa blanca abrochada hasta la barbilla alzo los ojos del ordenador por encima de las gafas para dirigirle una mirada de maestra de escuela, casi reganona.

Parecia un poco desconcertada por su presencia, y le senalo una silla mientras se desplazaba para situarse detras de una mesa abarrotada de papeles. Ricky se sento y penso que aquel asiento habria sido utilizado sobre todo por alumnos atribulados, pillados en alguna fechoria, o por padres consternados a los que se informaba de ello.

– ?En que puedo ayudarlo exactamente? -pregunto la directora sin rodeos.

– Estoy buscando informacion -asintio Ricky-. Necesito detalles de una joven que estudio en este instituto a finales de los anos sesenta. Su nombre era Claire Tyson.

– Los expedientes academicos son confidenciales -replico la directora-. Pero recuerdo a la joven.

– ?Lleva aqui mucho tiempo?

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