informe de un asistente social afirmaba que habia sido dificil colocar a los ninos; que salvo en su ultimo y no identificado hogar de acogida, se mostraban indisciplinados, ariscos y groseros en cada lugar. El asistente recomendaba terapia, en especial para el mayor. El informe estaba redactado en un lenguaje sencillo y burocratico con intencion de cubrirse las espaldas, sin la clase de detalles que podria haber indicado a Ricky algo sobre el nino que se habia convertido en el hombre que habia destruido su vida. Averiguo que la Diocesis Episcopal de Nueva York se habia encargado de la adopcion a traves de su ala benefica. No habia constancia de ningun intercambio de dinero, pero Ricky supuso que lo habia habido. Habia copias de documentos legales de renuncia a todo derecho sobre los ninos firmados por el viejo Tyson, y un documento firmado por Daniel Collins durante su estancia en la carcel, en Texas. Ricky observo la simetria de ese elemento: Daniel Collins habia rechazado a sus tres hijos cuando estaba en prision. Anos despues, habia vuelto a ella bajo la escabrosa batuta de Rumplestiltskin. Ricky penso que, fuera como fuese que el hombre que habia sido rechazado de nino lo hubiera conseguido, debia de haberle proporcionado una satisfaccion increible.

La pareja que habia adoptado a los tres ninos abandonados eran Howard y Martha Jackson, que vivian en West Windsor, una urbanizacion de clase media a unos kilometros de Princeton, pero no se ofrecia mas informacion sobre ellos. Habian adoptado a los tres ninos, lo que intereso a Ricky. Como habian logrado permanecer juntos suscitaba interrogantes tan poderosos como por que no los habian separado. Los ninos eran Luke, de doce anos; Matthew, de once, y Joanna, de nueve. Ricky reparo en que eran nombres biblicos. Dudaba que esos nombres hubieran seguido relacionados con los ninos.

Hizo algunas busquedas informaticas, pero no obtuvo resultados. Eso lo sorprendio. Le parecia que deberia haber alguna informacion disponible en Internet. Comprobo las paginas blancas electronicas y encontro muchos Jackson en Nueva Jersey, pero ninguno que encajara con los nombres que aparecian en los documentos.

Solo tenia la direccion que figuraba en ellos. Y eso significaba que habia una puerta a la que podia llamar. Era su unica opcion.

Se planteo usar el traje de sacerdote y aquella carta falsa sobre el cancer, pero decidio que ya habian cumplido su mision una vez y que era mejor reservarlos para otra ocasion. En lugar de eso, se dejo crecer una barba irregular. Compro en Internet una identificacion falsa de una agencia inexistente de detectives privados.

Otra visita nocturna al departamento de teatro le proporciono una barriga postiza, una especie de cojin que podia sujetarse bajo la camiseta y que le daba el aspecto de pesar unos veinte kilos mas de lo que su esbelta figura pesaba en realidad. Para su alivio, tambien encontro un traje marron que se ajustaba a su nueva silueta.

En las cajas de maquillaje consiguio un poco de ayuda adicional.

Metio todos los objetos en una bolsa de plastico y se los llevo a casa. Cuando llego a su habitacion, anadio a la bolsa la pistola semiautomatica y dos cargadores.

Alquilo un coche de cuatro anos en la agencia Rent-A-Wreck local, que solia trabajar con estudiantes; sin hacer preguntas, el empleado anoto los datos del carne de conducir falso que Ricky le mostro. El siguiente viernes por la noche, cuando termino su turno en el departamento de mantenimiento, Ricky condujo hacia el sur, hacia Nueva Jersey. Dejo que la noche lo envolviera, mientras los kilometros zumbaban bajo las ruedas del coche con rapidez y regularidad, siempre a diez kilometros por hora por encima del limite de velocidad. Cuando bajo la ventanilla, sintio un soplo de aire calido y penso que el verano volvia a acercarse con rapidez. Si hubiese estado en la ciudad, habria empezado a conducir a sus pacientes hacia alguna certeza a la que pudieran aferrarse cuando llegaran las vacaciones de agosto. Unas veces lo conseguia, otras no. Recordo sus paseos por la ciudad a finales de la primavera y principios del verano y como el estallido de vegetacion y flores parecia derrotar las torres de ladrillo y hormigon que constituian Manhattan. En su opinion, era la mejor epoca de la ciudad, pero efimera, ya que enseguida era sustituida por un calor y una humedad agobiantes. Duraba solo lo suficiente para ser fascinante.

Pasaba de la medianoche cuando bordeo la ciudad. Al cruzar el puente George Washington, lanzo una mirada hacia atras por encima del hombro. Incluso a altas horas de la madrugada, Nueva York parecia resplandecer. El Upper West Side se alejaba de el, y sabia que ahi mismo estaba el hospital Columbia Presbyterian y la clinica donde habia trabajado una temporada hacia tantos anos, ajeno a las consecuencias de su proceder. Mientras dejaba atras los peajes y llegaba a Nueva jersey lo embargo una curiosa mezcla de emociones. Era como si se encontrase atrapado en un sueno, en una de esas series de imagenes y acontecimientos inquietantes y tensos que ocupan el inconsciente y rayan en la pesadilla, y estuviera saliendo de el. Le parecio que la ciudad representaba todo lo que el era, el coche que vibraba mientras conducia por la autopista representaba aquello en lo que se habia convertido, y la oscuridad que tenia delante, lo que podria llegar a ser.

Un cartel de habitaciones libres en un motel Econo, en la carretera i, le llamo la atencion y se detuvo. El recepcionista de noche era un indio o paquistani de ojos tristes, con una pegatina que lo identificaba como Omar, que parecio un poco molesto cuando se vio interrumpido por la llegada de Ricky. Le dio un plano de la zona antes de volver a su silla, a unos libros de quimica y a un termo con algun liquido caliente.

Por la manana, Ricky paso un rato en el lavabo de la habitacion para pintarse con el maquillaje teatral un moraton y una cicatriz falsos junto al ojo izquierdo. Le anadio un tono rojo violaceo que seguro que atraeria la atencion de cualquiera con quien hablara.

«Psicologia bastante elemental», penso. Asi como en Pensacola la gente no recordaria quien era, sino lo que era, aqui sus ojos se dirigirian inexorablemente hacia la imperfeccion facial, sin fijarse en los detalles de su cara propiamente dichos. La barba rala contribuia tambien a ocultar sus facciones. La barriga postiza colocada bajo la camiseta se anadia al retrato. Deseo haber conseguido ademas unas alzas para los zapatos, pero penso que podria probar eso en el futuro. Tras ponerse el traje, se metio la pistola en el bolsillo, junto con el cargador de recambio.

La direccion a la que se dirigia suponia un paso importante hacia el hombre que habia querido su muerte. Por lo menos, eso esperaba.

La zona que recorrio en coche le parecio sometida a una especie de pugna. Era un paisaje basicamente llano, verde, entrecruzado por carreteras que seguramente habrian sido rurales y tranquilas tiempo atras, pero que ahora parecian soportar el peso del urbanismo a gran escala. Paso ante varios complejos de viviendas que comprendian desde casas de clase media de dos y tres habitaciones hasta mansiones lujosas, con porticos y columnas, con piscinas y garajes de tres coches para los inevitables BMW, Range Rover y Mercedes. «Viviendas de ejecutivos -penso-. Lugares impersonales para hombres y mujeres que ganan dinero y lo gastan con la mayor rapidez posible y que piensan que, de algun modo, eso tiene sentido.»

La mezcla de lo viejo y lo nuevo era desconcertante; como si esta parte del estado no pudiera decidir que era y que queria ser.

Supuso que los antiguos propietarios de granjas y los actuales empresarios y corredores no se llevarian demasiado bien.

La luz del sol llenaba el parabrisas, y bajo la ventanilla. Le parecio un dia perfecto: calido y repleto de augurios primaverales.

Notaba el peso de la pistola en el bolsillo de la chaqueta y penso que el, en cambio, se llenaria de frios pensamientos invernales.

Encontro un buzon junto a una carretera secundaria en medio de unos terrenos de labranza que concordaban con la direccion que tenia. Vacilo, sin saber que esperar. En el camino de entrada solo habia un cartel: CRIADERO DE PERROS «LA SEGURIDAD ES LO PRIMERO». ALOJAMIENTO, CEPILLADO Y ADIESTRAMIENTO. SISTEMAS DE SEGURIDAD «TOTALMENTE NATURALES». Junto a esta frase habia una imagen de un rottweiler, y Ricky intuyo sentido del humor en ello. Siguio el camino de entrada, bajo el dosel que formaban los arboles.

Despues subio por un camino circular hasta una casa de una sola planta, estilo anos cincuenta, con fachada de ladrillo. Se habian anadido elementos a la construccion en varias fases, con una parte de madera blanca que conectaba con un laberinto de jaulas de alambrada. En cuanto se detuvo y bajo del coche, lo recibio una cacofonia de ladridos. El olor a excrementos lo impregnaba todo, favorecido por el calor y el sol de ultima hora de la manana. A medida que avanzaba, el barullo fue aumentando. En la parte anadida, un cartel indicaba: OFICINAS. Un segundo cartel, similar al de la entrada, adornaba la pared. En una jaula cercana, un gran rottweiler negro, fornido, de mas de cuarenta kilos, se levanto sobre las patas traseras ensenando los dientes. De todos los perros que habia en aquella perrera, y Ricky podia ver decenas moviendose, corriendo, midiendo las dimensiones de su encierro, este parecia el unico tranquilo. El animal lo observo con atencion, como si lo estuviera midiendo, lo que,

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