segun cabia suponer, estaba haciendo.
En las oficinas habia un hombre de mediana edad sentado tras una vieja mesa metalica. El aire estaba cargado de hedor a orina.
El hombre era delgado, calvo, larguirucho, con unos antebrazos gruesos que Ricky imagino que el manejo de los animales habia musculado.
– Enseguida lo atiendo -dijo.
Estaba tecleando numeros en una calculadora.
– No se preocupe, me espero -contesto Ricky.
Observo como marcaba unas cifras mas y como sonreia al ver el total.
El hombre se levanto y se acerco a el.
– ?En que puedo servirle? -pregunto-. Caramba, parece que ha tenido problemas.
Ricky asintio y bromeo:
– Ahora es cuando me tocaria decir: «Tendria que ver como quedo el otro».
– Y a mi creerlo -rio el criador de perros-. Bueno, usted dira.
Aunque me permito comentarle que, si hubiera tenido a Brutus a su lado, no habria habido pelea. No senor.
– ?Es Brutus el perro de la jaula junto a la puerta?
– Lo ha adivinado. Desanima al mas pintado. Y ha engendrado unos cuantos cachorros que podran ser adiestrados en un par de semanas.
– Gracias, pero no.
El criador de perros parecio confundido.
Ricky saco la falsa identificacion de detective privado. El hombre la observo un instante y comento:
– Supongo que no esta buscando un cachorro, ?verdad, senor Lazarus?
– No.
– Bueno, ?en que puedo ayudarle?
– Hace algunos anos vivia aqui una pareja. Howard y Martha Jackson.
El hombre se puso rigido y su aspecto cordial desaparecio, sustituido por un recelo repentino, que se vio acentuado por el paso atras que dio, casi como si aquellos nombres le hubieran dado un empujon en el pecho. Su voz adopto un tono cauteloso.
– ?Por que esta interesado en ellos?
– ?Eran parientes suyos?
– Compre la finca a sus sucesores. De eso hace mucho tiempo.
– ?Sus sucesores?
– Murieron.
– ?Murieron?
– Exacto. ?Por que esta interesado en ellos?
– Estoy interesado en sus tres hijos.
El hombre vacilo de nuevo, como si sopesara las palabras de Ricky.
– No tenian hijos. Murieron sin descendencia. Solo un hermano que vivia cerca de aqui. El fue quien me vendio la finca. Yo la arregle muy bien y converti su negocio en algo rentable. Pero no habia hijos. Nunca los hubo.
– Se equivoca -aseguro Ricky-. Los habia. Adoptaron a tres huerfanos a traves de la Diocesis Episcopal de Nueva York.
– No se de donde ha sacado esa informacion, pero no es asi -replico el criador con una repentina colera apenas disimulada-.
Los Jackson no tenian familia directa salvo ese hermano que me vendio la finca. Era solo el matrimonio y murieron juntos. No se de que esta hablando y creo que puede que ni siquiera usted mismo lo sepa.
– ?Juntos? ?Como?
– Eso no es asunto mio. Y creo que tampoco suyo.
– Pero sabe la respuesta, ?verdad?
– Todos los que vivian aqui saben la respuesta. Puede verlo en los periodicos. O quizas ir al cementerio. Estan enterrados carretera arriba.
– Pero ?usted no va a ayudarme?
– Pues no. ?Que clase de detective privado es usted?
– Ya se lo he dicho -contesto Ricky-. Uno que esta interesado en los tres hijos que los Jackson adoptaron en mayo de 1980.
– Y yo ya le he dicho que no habia ningun hijo. Adoptado ni de otra clase. Asi pues, ?que le interesa en realidad?
– Mi cliente necesita algunas respuestas. El resto es confidencial -repuso Ricky.
El hombre entrecerro los ojos e irguio los hombros, como si la impresion inicial hubiese dado paso a la agresividad.
– ?Un cliente? ?Alguien le paga para que venga aqui a hacer preguntas? ?Tiene tarjeta? ?Un numero al que pueda llamarlo si por casualidad recordara algo?
– Soy forastero.
– Las lineas telefonicas van de un estado a otro, hombre. -El criador de perros siguio observando a Ricky-. ?Como puedo ponerme en contacto con usted? ?Donde le localizo si necesito hacerlo?
Era el turno de Ricky de ser precavido.
– ?Que cree que va a recordar que no recuerde ahora? -pregunto.
La voz del hombre adquirio por fin una frialdad absoluta.
Ahora lo estaba midiendo, evaluando, como si tratara de grabarse todos los detalles de su cara y su fisico.
– Dejeme ver otra vez esa identificacion -pidio-. ?Tiene alguna placa?
El cambio repentino del hombre lanzaba advertencias a Ricky.
En ese segundo comprendio que, de golpe, estaba cerca de algo peligroso, como si hubiera caminado a oscuras hasta el borde de algun terraplen escarpado.
Retrocedio un paso hacia la puerta.
– ?Sabe que? Le dare un par de horas para pensarselo y le llamare. Si quiere hablar, si ha recordado algo, entonces podemos vernos.
Ricky salio deprisa de la oficina y se dirigio hacia su coche. El criador salio detras de el, pero se dirigio hacia la jaula de Brutus.
El hombre abrio la puerta y el perro, con las fauces abiertas, pero todavia silencioso, se puso de inmediato a su lado. El criador le hizo una pequena senal con la mano y el perro se quedo inmovil con los ojos fijos en Ricky, a la espera de la siguiente orden.
Ricky se volvio hacia el perro y su propietario y dio los ultimos pasos hasta la puerta del coche retrocediendo despacio. Se metio la mano en el bolsillo y saco las llaves del automovil. El perro emitio un grunido grave, tan amenazador como los musculos tensos de las paletillas y las orejas levantadas, a la espera de la orden de su amo.
– Me parece que no volvere a verlo -dijo el criador-. Y no creo que regresar aqui a hacer mas preguntas sea muy buena idea.
Ricky se paso las llaves a la mano izquierda y abrio la puerta.
A la vez, metio la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta para empunar la pistola. No aparto los ojos del perro y se concentro en lo que tal vez tendria que hacer. Quitar el seguro. Sacar la pisto la. Amartillarla. Adoptar una posicion de disparo y apuntar.
Cuando lo hacia en el local de tiro no estaba acuciado, y aun asi tardaba unos segundos. No sabia si podria disparar a tiempo, ni si haria blanco. Se le ocurrio, ademas, que podria necesitar varias balas para detener a aquella bestia.
El rottweiler seguramente cruzaria el espacio que los separaba en dos o tres segundos como mucho. El perro, ansioso, avanzo unos centimetros.
– No -penso Ricky-. Menos aun. Un solo segundo.”
